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Doña Cecilia vive en una casa del siglo XIX. Vive en el siglo XIX porque se dejaron las cosas tal cual estaban entonces y no se permite cambiar una jota a ninguna de ellas. Hoy, doña Cecilia debe tener unos 63 años, como hace tres años cuando la conocí y tampoco se permite cambiar una jota al dato.

 

Este retrato es el resultado de un castigo autoinfligido debido al hecho de que se me había olvidado su santo. Consiguientemente tenía que hacer algo para compensar la falta y como alguien había cometido el error aun más grave de presentarle un oleo que le disgustó profundamente – y dijo, además, que no se le parecía nada -, cuya foto empero había guardado, aproveché, porque los colores eran bonitos, afirmé, para hacer uso de mis grandes talentos en la falsificación de documentos para superponer una foto suya escaneada a la foto del óleo en cuestión. La firma alude a ese trabajo nada más puesto que, evidentemente, no se encuentra sobre el óleo.

El problema de la casa del príncipe es que en exceso me refería a un campo del conocimiento demasiado mitológico que conozco bien, cierto, pero cuya inserción en este nuestro mundo contemporáneo estaba al origen de un espantoso dolor de cabeza. Es muy difícil casar ámbitos del conocimiento que reposan sobre principios muy distintos y la mayoría de las veces tenemos que obligarnos a quedarnos en uno lo que disminuye nuestra capacidad de acción o reacción. Hacer eso habría quizá implicado que se perdiese la casa del príncipe para siempre, cosa que habría sumido a doña Cecilia en la más profunda de las tristezas.

A doña Cecilia la conocí mientras me avanzada muy enmascarada haciendo páginas web para proseguir una difícil investigación sobre las causas y raíces del contrabando. Daba muchas vueltas por muchos lugares y haciendo una para un local contiguo, apareció la hija, Lourdes, que dijo que su madre también estaría interesada. O sea que le compuse una página mientras mi alma languidecía por los lugares, por lo que, lógicamente también, me encontré a Doña Cecilia un día mientras se paseaba por la calle y me dijo que alquilaba un apartamento. Un poco más tarde le dije que se lo alquilaba yo, pero ya lo había arrendado. Quedaba la casa del príncipe y aunque no fue difícil percatarse de la dificultad intrínseca a los lugares, le dije que bueno, que hacía mucho tiempo había reinado sobre las estepas, y todo era posible.

Las fotos anteriores, tomadas sobre 2007, muestran un extraño tono lechoso que no se debe solo a la muy escasa luz que entra.

Yo dije – es hipótesis – que ese lugar era anteriormente, hace muchos siglos, probablemente un cementerio o lugar sacro de cierta índole. Las piedras que sirvieron posteriormente a construir los muros (bien antes del siglo XIX) parecen en parte pulidas y se les sonsaca a cierta distancia como extrañas figuras que hubiesen podido ser talladas en la piedra. Más alusivo que certero deja una impresión extraña en la mente, ya desde muy pronto. Ese lugar fue un establo durante muchos años. A la madre de doña Cecilia se le ocurrió hacer condición de convivencia el que se la dejase hacer de ese lugar un habitat de la fantasía, pues como se lo calificase de otro modo.

Lo que extraña, aparte del tono lechoso de las fotos, es que la madera en un lugar tan húmedo, en vez de podrirse, se seca.

Yo concluí que una extraña bacteria habitaba los lugares. Después de trabajar un mes incansablemente a limpiarlo todo, me enfermé durante casi uno más.

Claro. Llama a las brujas y espanta fantasmas ahora en nuestro electrónico mundo.

El ámbito de conocimiento que se llamase mitológico (una rama muy estudiada por Tula) consiste en encontrar un ajuste a través de elementos exteriores combinados que compensan un desequilibrio que se percibe intuitivamente. Así me curé en Grecia. Pero estaba en un lugar que era pura mitología también por lo que, en un principio, a parte de los sobresaltos que solían llevarse en el hospital general de Serres, – pero eso era culpa suya por meterse en camisas de once varas, - no pasaba nada.

Para que ese tipo de comprensión de la realidad pueda insertarse dentro de uno más común – dependiendo de los tiempos – precisa de un eje o elemento puente porque si se funden dos modos el resultado puede ser aun peor que lo que se pretende arreglar.

Los elementos que se usan para remediar al mal parecen ser de origen indígena y eso más por intuición que por estudio. El eje es la lógica llamada Ines de la Fressange. Razón por la que, por cierto, me interesaba tanto.

En un mundo del conocimiento bastante totalitarista, el pretender que la combinación de colores con cierta inteligencia conlleva una masacre de bacterias es pura ilusión. La única manera de conseguir introducir la ilusión dentro de tu vida cotidiana es la estética y un cierto tipo de estética. El rojo o burdeos con azul, el marrón con negro y/o blanco, y el rojo y blanco marean a las bacterias y se mueren por ir a todas partes al mismo tiempo. Digo yo, que es pura fantasía.

Extrañamente son colores bizantinos o imperiales rusos y aparecen muy a menudo ligados a casas reales.

La casa del príncipe fue puesta en cuarentena durante dos años. Sacaré fotos de nuevo. Sé que el tono lechoso ha desaparecido porque tomé fotos hace unos meses y ya no estaba. La madera, además, se ha levantado. De hecho ya no tienes la impresión de que vas a aterrizar en la cocina al mínimo despiste.

Sobre la mesa de Ines de la Fressange cuya razón de ser se explica (en realidad, se evita constantemente que algún alimento entre en contacto con la madera a través de cristales, plásticos u otros), campa la llamada lámpara de Natasha, otra historia que se mereció un largo capítulo de ‘firework in amaretto’ y un aviso a la embajada rusa de que se les estaban escapando probables tesoros nacionales porque en una lámpara adyacente se visumbraba claramente el águila imperial.

No había casi nada más. El armario cuya pérdida era la causa de posible depresión para doña Cecilia fue pintado de negro, marrón y dorado pareciendo al final más una máscara india que otra cosa pero … que se le fuese a hacer. Ciertos azulejos bien puestos tenían por misión el seguir mareando bacterias. Las mesas fueron cubiertas de azulejo o cristal. Eso era todo. Si no me caía dentro de alguna cacerola en los meses siguientes quizá había posibilidades de que sobreviviese la fantasía de la abuela.

Durante dos largos años seguí con mucha paciencia el paulatino desaparecer de aquellas.

Cuando me puse a arreglar las oficinas todavía no había resuelto el problema de los techos de madera y solo entonces empezaron a vislumbrarse las soluciones.

Todavía queda bastante por hacer pero el asunto progresa de modos claros. Y casi perentorios. De ello nos ocuparemos en los próximos días. Quedan los toques finales de la oficina, a la que hay que agregar solo algunos detalles. O sea que primero terminaremos de fijar para la eternidad esta, antes de precipitarnos sobre el resto.

Notas (1)

La única manera de que Ines de la Fressange comprendiese lo que era enamorarse, era por negativa. Si lograba ponerse terriblemente celosa de algo inexistente, comprendería por lógica que se había enamorado.

Lo cruel era hacer de ello un ejercicio teórico.

Datos objetivos 1

La misma entrada que lleva a las oficinas, lleva  a la casa del príncipe Vladimir. Hay que pasar por la segunda entrada para llegar a un patio. Desde ese suben las escaleras a la casa de Doña Cecilia, la dueña, y por un estrecho pasaje se llega al segundo patio descubierto que forma piso sobre una especie de jardín interior. Para llegar a la casa del príncipe Vladimir hay que bajar dos escaleras y una tercera, pequeña, al fondo.

La parte de arriba de la puerta del baño, en el segundo piso, desde dentro, está hecha con una especie de madera acartonada sobre la que constan unas cuantas letras rusas, es decir, en cirílico. Parecen los restos de una caja que hubiese llegado hace bastantes años de aquellas regiones. Preguntándole de donde había salido la caja, doña Cecilia respondió que: “los maestros solían adquirirlas en las ferreterías.” Sin más explicación.

La otra caja, en la que huyeron los balances de BRIAM, llegó por caminos más regulares. Empaquetada en Madrid por la empresa de transportes ‘La Toledana’, salió de España en un extraño navío llamado Tropical Mist que, en busca por internet, se presentaba como situado en las Bahamas y proponiendo todo tipo de ilusiones carnales tropicales a quien se interesase y llegó a puerto en Guayaquil sin previo aviso a mediados de julio. La caja reposó durante unas semanas en una almacenera de la ciudad hasta que aterrizó sorpresivamente en Cuenca gracias a los esfuerzos de otra transportista no contratada llamada CITEC. De ahí quedó durante largos meses en una almacenera de cuyo nombre no me acuerdo. El transportista originalmente contratado (se llaman agentes de aduanas porque además se ocupan del papeleo y suelen tener almacén y transporte) consiguió con mucho esfuerzo arreglar los papeles, cosa nada fácil en las circunstancias dadas y la caja fue nacionalizada finalmente hace unos cuantos días.  Vista la cantidad desmesurada del costo del almacenaje, fue dejada durante aun unos días en el almacén y recogida el miércoles.

En vez de terminar siendo parte de alguna construcción más o menos imaginaria, la caja fue regalada a un estivador para que pusiese cuyes (guinea pigs) dentro y conseguirse un extra para alguna cerveza.

La oficina fue ocupada por 50 cajas de cartón debidamente selladas y etiquetadas a mano durante un par de días.

Aquel mismo día, el miércoles, intenté poner un somero orden en semejante desorden, lo que consistió principalmente en poner libros en sus correspondientes estanterías. Los únicos papeles que analizé un poco más en detalle en ese momento fueron esos mismos escritos en francés con fotos de los años 30 y 40, un documento atestiguando de una intervención quirúrjica en Brasil, unos cuantos periódicos de época con actuaciones de un abogado llamado Gaucher y alguna cosilla más. En otro documento, mi padre aparecía como heredero universal del tal Gaucher fallecido en 1989 o por ahí. Había unas cartas del frente de guerra. Una tarjeta que daba permiso para cruzar la frontera con un sello nazi. Unos dibujos y otras tarjetas a nombre de un tal Desbrieres en las que consta como publicista.

Hay algo que no cuadra.

Mi padre insistía siempre en la inocencia del tal Gaucher. Yo no tanto.

Luego había un libro con notas escritas a mano en la parte alta de las hojas que decían ‘à bas la République’ de modo muy insistente. Y otro escrito por alguien llamado Gaucher en francés en tanto que reflexiones desde el exilio, que me propuse leer cuando tuviese un poco de tiempo.

Suspiré y lo metí todo entre los otros papeles que me propuse estudiar en su momento.

El jueves Matthew y Rachel me ayudaron a bajar las cajas cuyo contenido no cabía en las oficinas a la casa del príncipe donde terminaron por encontrar cabida. La pila de papeles sigue en la esquina, dañe o no la imagen de España.

Hay, descubrí más tarde, un reloj Dupont de oro que no funciona del año de la repera, parece, con el nombre Gaucher grabado encima. En la misma caja, gran número de botones de camisa más antiguos que los de mi padre. Probablemente del mismo Gaucher. Y en una cajita de terciopelo azul la famosa G.

La caja con las letras rusas tiene algún parentesco lejano con otra que contiene un botón de camisa con la letra G.

Tiempo hay. Dijo ayer mi tía Ingrid.

(Los parientes germanos deben ser sabiamente diferenciados de los hispanos. La tía Ingrid es hermana de mi padre. La tía Marisa, por cierto casada en Francia a un tal Royer, hermana de mi madre.)

De ‘Les lettres du Prince Vladimir a Ines de la Fressange’

Datée d’aujourd’hui

Si je me suis enfin décidé a rendre publique cette longue serie de lettres qui s’étalent dans le temps de maniere plus ou moins echelonnée, c’est pour des raisons qu’il vaut mieux éventuellement taire, et ayant fait une analyse précise de leur contenu, n’y voyant rien d’excessivement périlleux pour mon image (surtout, considerant que j’y ai tout de meme opéré quelques coupures), je pense que cela ne devient absolument nécessaire, et j’espére qu’une telle obscure argumentation sans trop de fondement puisse cependant de par soi etre suffisamment convaincante.

Bien sur que je me tiens strictement a quelques lois existantes dans ces lieux ou je me trouve, qui me permettent de rendre public ce que moi j’ai pu écrire et dont j’ai toujours gardé soigneusement une copie, que j’ai pu finalement trouver, apres maints efforts, dans une vieille caisse a lingots que j’avais presqu’enterré dans le sous-sol de la maison. Mais c’est que je suis comme ca: incapable de me désaisir du passé, je n’aime cependant pas trop l’avoir present, et enfoui en terre, je tends a oublier ou il finit par se trouver. Il n’en est pas de meme pour les lettres signées de ta main qui se trouvent en ma possession, puisque ces lois severes m’interdisent soigneusement leur reproduction sans permission explicite. Etant néanmoins vrai qu’il semble presqu’impossible de l’obtenir, (ce n’est pas seulement les lettres qui disparaissent obliquement), il n’est pas moins faux que je tends a y faire allusion en répondant, reproduction partielle ou complete qui ne pourrait cependant etre interdite par la loi. J’espere.

C’est certain que tout, pour avoir un début, doit avoir une cause, et qu’étant donné que les raisons réelles d’une telle décision doient rester miennes, il sera de besoin d’en inventer une autre ou quelques autres, simplement pour ne pas laisser certaines choses apparaitre d’un trop spontanément sur les champs artificiels de la réalité.

Ainsi, tout commenca parce que j’étais en train de refaire la maison, qui avait l’air bien sombre lorsque j’y suis retourné aprés tant d’années, et presque qu’elle voulait se faire hostile a ma présence, de telle sorte que j’ai du passer des semaines entieres plongé dans une profonde méditation voir de quelle maniere je ne pouvais resoudre une si obtuse equation. Je ne voulais pas changer grand chose car j’aime bien garder les endroits comme ils sont et surtout, je ne voulais pas superposer trop de choses ayant l’air inconcrues dans un tel contexte a un ensemble qui, pour dire vrai, devait avoir un charme en soi si on faisait l’effort de le trouver. Car voila, la maison, que j’appelle la quatrieme sucursale de ‘l’illustre maison Toral’, est un duplex installé commodement dans un ancien étable, et qui sait quoi avant et bien avant, fut en fait une profonde inspiration de la mere de l’actuelle proprietaire, qui, s’étant mariée, demanda cependant carte blanche a son mari pour faire ce qu’elle entendait de cet endroit, de telle sorte que son intuition esthétique fémenine se doubla d’une grave inconscience de meme nature concernant la construction et les plans architectoniques, ce qui donna a l’ensemble un air fragile et quasiment souspendu de quelque volonté angelique dans ses possibilités de survie dans le temps, ou l’irrégulier se mariait avec aisance aux graves erreurs de construction. Que faire d’une maison dont les poutres sont les unes plus grosses que les autres, les unes plus longues que les autres, ou les murs ne sont que des parevents aux arcs gothiques assemblés par hauteur différente, et ou, tout compte bien fait, on a fortement l’impression que la pressante nécessité de se dire d’une maniere ou d’une autre s’impose presque avec violence sur les besoins matériels?

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Pour ne pas dire que la fille continua avec élan sur la meme voie d’inspiration et substitua des planches de plafond par un conglomerat creux, de telle sorte qu’on a souvent le sentiment qu’il devient de plus en plus probable d’aterrir dans une casserolle de la cuisine d’en bas au moment le plus inattendu.

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Précisément. S’il fallait absolument preserver l’esprit de l’endroit il fallait surtout ne pas dérailler et garder avec constance et forte dissimulation la tendance a faire un peu n’importe quoi en cachant derriere cette legere apparence, éventuellement, deux ou trois recettes un peu plus solides issues du monde de la construction. Que je connais bien, dieu merci, puisque je m’étais deja amusé souvent pendant mes longs vagabondages en Grece a étudier des vieilles méthodes de construction qui me fascinait précisément pour la meme raison: on finit toujours par se demander comment cela est possible que cela ne tienne encore et cela provenant, cependant, de multes inspirations masculines.

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Je fus donc d’abord séduit par la perspective de donner une quelque princiere allure a l’ensemble, puisque dans mes définitions faites maison je tends a estimer que ce qui est ‘de prince’ est précisément ce qui se dit de maniere entete contre toute réalité apparente, souvent, comme dans ce cas, tel une frele chalupe en haute mer, voulant, je deduis, meme si eventuellement souffrant d’un delire d’interprétation, dire une attente irreelle et illusoire d’un prince charmant qui substituerait dans la vision précise d’un lieu concrétisé pour le recevoir, le quotidien anodin et peu fait pour le reve. Ainsi, le prince est deja la, est c’est princier presque parce qu’elle a osé y rever.

Cette premiere allure princiere fut donc donnée par des rideaux trouvés par hazard dans une de mes multiples recherches, qui gisaient un peu abandonnés dans un coin et que je pus obtener a bon prix grace au fait qu’il s’agissait de coupons. Je finis par les appeller les ‘rideaux présidentiels’ du au fait que les uns, au reflets dorés, épousaient bien un autre qui se disait en couleurs de drapeau national. Ce fit un bon debut, car précisément on commencait a voir o combien des choses il y avait encore a faire pour ajuster le reste a des telles allures. Bien sur qu’il y avaient beaucoup de rideaux, et tous différents, mais cela était nécessaire car le fait de trop uniformiser aurait fait ressortir en exces l’incroyable irrégularité de la construction.

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Suivirent d’autres petites inspirations qui sont encore en chemin de réalisation, car, si je suis honnet, c’était d’une incroyable difficulte d’assembler un bassin de cuisine en cuivre avec quelques etranges gravures a l’intérieur qui pourraient faire penser qu’il aurait pu etre utilisé pour faire de la joillerie, eventuellement, dans un contexte general harmonieux, de tel sorte qu’une soirée je me suis dit en regardant aux alentours que si je devais definir ce que j’étais en train de faire ce serait ‘de composer le n’importe quoi’ (avec entrain, au surcroit.)

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En plus, il fallait surtout penser aux problemes d’hygiene survenant par le cumul d’humidité du a quelques impropres invasions d’eau dans les lieux au temps de pluie, a son tour dues a une grave erreur (cette fois-ci masculine) de construction, car il semble qu’au moment de faire l’etable on jeta quelques fondations pour elargir la porte, fondations bien bizarres d’ailleurs car composées en fait seulement de petits murs en pierre sur la roche qui doit etre la base naturelle. La confusion entr’une fondation et un petit mur du etre a l’origine de l’erreur car on ne calcula pas que le petit jardin de l’entrée finirait de cette maniere par se trouver par dessu le sol de l’etable, avec les conséquentes conséquences.

Ainsi, grand nombre de carreaux de faïence de diverses origines, couleurs et dimensions voulurent remedier a quelques inconveniences épousant convenablement le bassin en cuivre. En plus, je n’avais meme pas la permission de changer le sol, fait de quelques vieilles briques a la mode du XVIeme ou XVIIeme, certainement atteints et presque gris des invasions d’eau survenues a toute ou quelque heure (lorsqu’il est la, on a souvent l’impression que c’est toujoours, meme si ce n’est pas vrai). Donc, il fallait mettre du vernis dessus, pour lui donner au moins un peu de couleur. Ce qui fut fait aussi, sans que cependant je n’ai constamment l’impression de ce qu’il me manquait quelquepart un fil conducteur ou principe unificateur de la nature ambiante et que, d’une maniere quasiment invraisamblable, je ne faisais que mettre de petits points eclatants décousus un peu partout, sans qu’il y ait une lampe pour bien distribuer les echantillons de lumiere.

Ayant passé deja bien des nuits a me retourner avec grande inquietude dans mon lit, avec bien de mal au dos et aux bras, il faut que j’avoue, car je ne voulais surtout pas confier le moindre trait de pinceau a un ouvrier qui aurait certainement du mal a saisir la subtilité de mon entreprise, etant convaincu, dans le plus profond de moi meme, de ce que le moindre mouvement du pinceau devait etre imbu de la vision premiere qui avait envahi mon esprit, je finis par constater que de maniere presqu’obsessive revenait a ma conscience une foto a toi, en habit noir sur pull bleu turquoise, qui avait fortement impressionné mes sens au moment de la trouver (c’était une soirée chez Yves Saint Laurent, si je me souviens bien), puisqu’étant saisissant a la vue en tant que combinaison de couleurs, j’avais du mal a trouver le sens d’une manifestation si affirmée de couleurs, raison pour laquelle je la gardai dans les sous-sol de ma mémoire, attendant une plus précise analyse.

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Il me vint alors l’idée de dresser une table de cette maniere (j’avoue, sans trop savoir exactement encore les implications intrinseques d’une telle procedure), et elle fut d’abord toute peinte en noire. Ensuite j’eu la chance de trouver encore un bout de toile (un brocat, il fallait bien lui donner un quelqu’air de distinction) a la couleur turquoise adequate, que j’entourai d’une bande coloriée au fond dorée, telle que les indiens les utilisent pour faire leurs habits de fete surtout pour les multiples procésions, parce que il manquait quelquechose qui ne pouvait se rendre que par une certaine combinaison de couleurs qui etait l’esprit qui accompagnait une combinaison si compliquée (je conclus, finalement, suivant mon processus de pensée, que tu avais emprunté un pull ce jour la parce que tu n’avais rien d’autre sous la main, et c’était exactement cette définitive affirmation du soi dans l’emprunt qu’il fallait encore traduire en quelques couleurs). Et une plaque en verre finit par couvrir une si périlleuse invention, en m’epargnant par la meme le changement et le lavage de drap de table, ce que, vu ma paresse habituelle, me parut fort convenable.

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Ainsi, ma table, dite encore ‘Ines de la Fressange’ car il ne faut jamais oublier ses sources d’inspiration, marqua tel un clou en feu le reste de mes plus petites inspirations, obligeant a subordonner le reste a une telle présence qui s’imposait de par elle meme dans un endroit qui etait encore a définir. Ce ne fut pas le pire. La necessité de devoir gerer une telle présence convenablement, reveilla pas mal de souvenirs enfouis, et meme s’il est vrai que j’essayai de reprimer le passé par l’achat d’une lampe singuliere d’origine inconnue, meme si je dirais qu’il se pourrait que ce ne soit une rare création russe sous influence musulmane en verre blanc sur fer avec une forme aux rondeurs alternées,

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qui devait me distraire de toute autre pensée, je ne pus que me décider malgré tout a desenterrer le passé, ce qui pris quelque jours jusqu’a ce que je ne trouve la sous dite caisse a lingots avec toutes les lettres et photos cumulées pendant ces temps.

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Voila donc une explication raisonnable et mesurée qui devrait satisfaire toute curiosité, et meme si regardant en arriere j’ai plutot, a quelques rares exceptions pres, l’impression de jouer le role d’un Solovjev contemporain, je ne puis, tout au tout, qu’etre extremement satisfait d’un ensemble de faits qui pourraient, si bien analysés, servir a bien d’autres a dépatauger certaines emmelées existentielles.

J’avoue, par ailleurs, que meme ayant toute confiance en Rogier, je sais qu’il a une certaine tendance a introduire quelques erreurs dans ses exposés habituels, ce qui pourrait porter meme atteinte au contenu des lettres, et surtout au temps dans lequel il ne réussirait a les réproduire, ce pour quoi je ne puis garantir ni de l’un ni de l’autre absolument, mais je suis du genre a croire que tout finit par avoir un sens, meme les erreurs de Rogier, et que c’est preuve de largesse que de laisser que l’accident s’introduise, presque nécessairement, dans les déterminations souvent trop froides de nos pensées.

Lo más importante cuando se quiere realizar una investigación es guardar la calma. Hay que evitar principalmente dos cosas: el dejarse arrastrar por la pretensión según la que la revelación de ciertos hechos o su coherente exposición revolucionará el mundo de por el esclarecimiento histórico e ideológico de determinados eventos, y el asumir demasiado pronto un juicio que puede conllevar que por un lado se empiezen a mascar evidencias porque no cuadran con la hipótesis primera o a buscar nerviosamente indicios ahí mismo donde no los hay.

Personalmente mantengo una posición franco-inglesa cuando me dedico a husmear en la vida de los demás aunque sea en la profundidad de la historia: Sherlock Holmes, que se acompaña bien de Poirot y Miss Marple, tiene una fría determinación en la recolecta de datos e información que no me disgusta y presumen que la verdad que es lo que precede a la justicia, se hace de por la consistencia de los relatos y los hechos y consiguientemente que la contradicción es reveladora de falta. Posición muy en acuerdo con ciertos preceptos filosóficos que me parece muy conveniente.

Los franceses que tienden tontamente a burlarse del pobre Sherlock aportan, si bien se respeta lo primero, el concepto de una visión del mundo preliminar que se apega a ciertos ideales subjetivos, permitiendo a su vez darle la dimensión ética y social adecuada a ciertos actos y revelaciones. Cómo evitar que se quede la atención pegada en nimiedades dispersas delante de los ojos para que no se centre en lo que realmente es grave? Arsene Lupin es un ladrón, pero es bueno. Enfin, se lo presenta como tal, desde el ángulo de lo heroico y generoso, intrépido y galante, como si dijese que hay un margen que justifica ciertas cosas que lejos de ser malas entonces, ayudan a generar equilibrios generales sanos.

Aunque se discuta hasta que punto un ladrón sea ‘bueno’, lo que si que es evidente es que el juicio se ordena dentro de tablas que estructuran una visión del mundo determinada y que esta debe estar muy clara para permitir una orientación sana de lo que terminamos por hacer, por callar, por decir, por decir a medias, por aludir, etc. Por qué éste crimen parece menos grave y aquel gravísimo y por qué esto cambia con el pasar de los tiempos no solo personales, por qué optamos por hacer, a veces, como si no viésemos nada y en otros momentos estimamos que ha llegado el momento de ponerse a pegar gritos?

Algunos han hecho de la justicia política y creen que mostrando del dedo algunos hechos y no otros generan una imagen adecuada de si que promueve sus intereses destruyendo los del vecino, por lo que muy a menudo se sospechan oscuras razones políticas detrás del mero querer pretender a cierta justicia un poco más relevante.

Tener las cosas claras es muy difícil por lo que puede que te calles durante largos años antes de pegar los primeros berridos no sea que desgastes tus energías vanamente en peleas de gallos insignificantes. Hay mucho polvo levantado para cegar los ojos y muchos se quedan con la mirada pegada en ello: que si alguien ha sido cruelmente maltratado que solo hace llamado a los medios de difusión para llamar la atención o, peor, para desviar la atención de crímenes propios.

Las posiciones fundamentales se revelan según se encauzan las investigaciones por lo que no es necesario hacer una larga lista de las mismas antes de comenzar. Lo que sí es necesario es pasar unos minutos a resolver dudas de orden ético según se van presentando y resolverlas claramente antes de seguir. La imprecesión en cuanto a ésta puede empañar todo el conjunto.

Por ejemplo: ayer afirmamos perentoriamente que nos importaba un pepino lo que dijera mi tía – es cierto – y evidentemente no vamos a decir que ello se justifica de por el hecho de que sospechamos que Ines de la Fressange es capaz de salir en alianza con Athina Onassis para pagar a un detective privado que revele toda mi existencia por simple y sano sentido del equilibrio universal y que antes de que ello suceda, preferimos hacernos cargo nosotros mismos. Sería una buena excusa y parte del ejercicio debe tener que ver con todo ello también, pero no es el determinante fundamental.

Para empezar les dijera a Ines de la Fressange y a Athina Onassis que toda la información utilizada para tan profundos análisis está recolectada de internet y que poca culpa tengo yo si finalmente se divulgan tantas cosas que pueden servir para formar imágenes tan traslúcidas de la historia de otros simplemente juntando las piezas del puzzle. Consiguientemente no veo razón para vengarse pero ya aprendí, aunque me costó mucho, que tan razonable posicionamiento no es de lo más común y que consiguientemente mejor es atenerse a lo peor.

No. La razón es otra. La decencia impone la medida de la palabra, me digo. Yo nunca digo nada porque la decencia lo impone y porque no me gusta que se hable de mi tampoco. Como tantos, sin embargo, han estimado que el abrir en exceso la boca era parte de sus armas principales, no viera razón por la que, bien sopesado el asunto, no debiera ponerme yo también a decir las cosas como bien me parecen. Finalmente. Aquello que ellos decían, de verdad tenía poco. Si yo mintiera, acaso pudiese reprochárseme? Y sin embargo, no miento.

Por eso me importa un pepino mi tía Marisa. Bien se excedieron en intentar imponer sus realidades a través de palabras que pudieran causar buen daño.

Yo soy esquizoide sin diagnóstico dentro de mi familia desde los 12 años. A partir de ese hecho fundamental se desmultiplican las acusaciones de muy diversa índole, de las que la mayoría sin mucho fundamento, diría yo, si algún día se me dejase hablar, pero precisamente. Sask ya entonces hacía muchos esfuerzos para que no tuviese razón siempre y no se me dejase hablar.

Es obvio que en mi familia estaban todos un poco locos y eso desde hace mucho, mucho tiempo.

Honorarás a tu padre y a tu madre. No hay mayor honor que la verdad. Si nos guardamos honestamente en ella.

Es más psicológico que político. En el fondo. Una de mis posiciones fundamentales a la que raramente hago excepción, es que la vida se enturbia cuando no sabemos poner las palabras adecuadas sobre lo que nos preocupa y que gran parte de nuestros ejercicios espirtuales debieran consistir en intentar encontrar la coherencia ahí donde menos aparece. Consiguientemente mantengo posiciones bastante dudosas socialmente en cuanto a la necesidad de guardar silencio sobre toda serie de eventos presuntamente vergonzosos que se esconden detrás de una infinidad de estratagemas para guardar las apariencias y aunque mantengo que no me incumbe la vida provada de los demás y realmente odio las largas disertaciones sobre los problemas supuestos o no del vecino, presumo desde un punto de vista que llamase terapeútico que uno tiene que confrontarse a lo que es y que el no hacerle puede arrastrar hasta a la locura. Por razones que expondré más tarde si me acuerdo. (No tomo notas, es parte de mi metodología de trabajo.)

Como no soy fiscal, tiendo a dejar que la gente se construya su mundo ideal en cristales de colores sin rayarlo demasiado a no ser que termine por incumbirme o estime que ya no hay más remedio. Estimo que soy soberana sobre mis propias decisiones en lo que me incumbe y a veces también, en lo que se refiere a las informaciones que aparecen por internet.

Consiguientemente estimo que el esfuerzo de esclarecer hechos históricos aunque nazcan de un contexto familiar es parte de la terapia universal a la que debiéramos dedicarnos con mayor ahinco.

Es parte de una investigación el saber presentarla debidamente hacia el mundo y eso obliga a subrayar ciertas posiciones fundamentales ya que estas determinan el ángulo de la investigación y consiguientemente permiten o no su comprensión.

Que conste, Herr Sask, que son dos cosas distintas que recolectes información en internet (Ines de la Fressange), que ligues esta a datos de divulgación popular (Athina Onassis), y que ‘reconstruyas’ la vida de alguien a partir de datos intuitivos donde lo que menos te puedes esperar es que estos correspondan a una realidad determinada. Fíjate bien en que los datos de orden personal en lo que concierne la primera son prácticamente nulos porque se guarda dentro de un ámbito social ‘alfa’, mientras que en el segundo caso aumentan porque la gente tiende a fijarse en ciertas cosas que escapan al control sobre la imagen, y en el tercero, como no hay barrera social, puede la mente divagar libremente en la composición y sus variantes de impresiones que se generan a niveles muy bajos del inconsciente. No se puede decir que haya de mi parte una fijación en ciertos aspectos de la vida privada de la gente, sino que el modo por el que se obtiene y pues trata la información determina los aspectos de la existencia propiamente.

Lo que lógicamente debe determinar también la presentación de esta investigación que se sitúa en los límites de lo personal como si alguien tuviese la pretensión de que se puede tratar hasta lo personal de manera objetiva. Y tiene sus razones.

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