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Líneas abiertas

Ahora debería seguir una larga disertación sobre la apertura de las líneas esquizoides, pero quizá más tarde porque ahora no me apetece.

Evidentemente lo de los regalos y los perfumes era mucho más divertido y hasta lo de los enamoramientos virtuales aunque terminen por ser mentira.

Una cosa está clara: los enamoramientos se forjan en líneas ff porque son éstas las líneas que permiten las extrañas comunicaciones a distancia de las ballenas, entre otras. Desestimar las líneas ff es como condenarse a la soledad psíquica, por mucha apariencia que se guarde. Quedará como característica de nuestra época el intento de las líneas mf de acapararlo todo y quedarse con todo, quedándose, al final, sin nada. Problema suyo. Había que darles mucha envidia, le dije a Hannah.

Son divertidas las líneas ff. Las comunicaciones, muy simbólicas, apenas consideran los elementos exteriores, sino que crean canales de tensión psíquica entre acristaladas construcciones formales, de tal suerte a que dentro de las subdivisiones fundamentales que consisten en (de abajo para arriba) 1. formas de estructuración fundamentales que llamaría refractado, segundo, tercero, cuarto y quinto refractado que son como el BIOS del entendimiento humano, sobre lo que se plantan los programas 2. sobre ella la lógica simbólica en sus variantes dependiendo de la racionalidad de entendimiento o psíquica 3. variantes idiomáticas vehiculando la realidad social en sus acepciones ff o mf o mm, se forman masas por similitud en sus variables que forman las estructuras generales dentro de las que se tensan las líneas psíquicas.

Desde la perspectiva ff lo que se ve es que una masa de segundo refractado en lógica simbólica con error de f (falso) en a&a en la región idiomática inglesa deforma la realidad dentro de un ángulo de distorsión del 5%, lo que implica que es verdad ‘ayer fui a la playa’, cuando en realidad ‘ayer fui al cine’, ya que la distorsión implica que la verdad se sitúa más allá de lo que se dice, por lo que si digo ‘fui al cine’, aparecerá como mentira en ese contexto. La teoría del flujo de información está basada en esa evidencia: la bola de billar es empujada calculando varios ángulos de distorsión de tal suerte a que si se emite una información en Grecia diciendo que ’se ha declarado la autonomía en Macedonia’, en Ecuador se pondrán a preparar la autonomía del Guayas a través de la República Checa.

Que la información es un rompedero de cabeza sin igual se constata por el hecho de que según R, ‘Oswaldo Viteri es un pintor que se ha hecho famoso gracias a una colección de caballos impresos en una vajilla’. Lo de los caballos siempre ha sido muy fascinante.

La dificultad de la información proviene precisamente del hecho según el cual las estructuras ordenantes del entendimiento contienen elementos temporalizantes más o menos esenciales, por lo que un hecho puede ser interpretado como un proyecto si cambia de contexto, o como una realidad simbólica en una realidad idiomática distinta.

Finalmente llegaron a la conclusión de que nadie se enteraba de nada.

Por lo que se vuelve necesario el introducir de nuevo la diferenciación entre un lenguaje (cúmulo de palabras definidas vehiculadas dentro de una forma gramatical que garantzia su inteligibilidad) y un idioma, o modo de estructurar la realidad común a un ámbito lingüistico a partir del lenguaje mismo.

Las categorías idiomáticas fundamentales que termino por discernir, son:

el refractado (1), que simplemente le atribuye el sentido empírico a la palabra que se está utilizando

el segundo refractado (2) que transmite una masa de información secundaria a través de un sobrentendido

el tercer refractado (3) que impone el sobrentendido incluso contradictorio sobre el contenido factual del discurso

el cuarto refractado (4) que divide el discurso que guarda en apariencia en (1) de la masa sobrentendida que trasmite gracias a soterrados mecanismos lógicos

el quinto refractado (5) que inserta una lógica entre el 1 y el 2 estableciendo el nexo entre ellos dentro de un cuarto refractado

El cuarto refractado contiene la mayoría de las lógicas esquizoides y/o psicopáticas.

Dependiendo de donde se sitúa el individuo, la misma forma lógica esencial que es garantía de inteligibilidad se distorsiona consiguientemente.

Un tercer refractado puede ser enfermizo excepto en caso de peligro. Si estoy en una situación de peligro y quiero avisar a alguien de que mejor vale que se vaya corriendo, no le voy a decir ’sal corriendo’. Digo ‘es un sitio maravilloso este’, con unos tonos de voz ligeramente desubicados de tal suerte a que el mensaje, pareciendo ‘raro’, obligue a una introspección que eventualmente active la señal de alarma, sin que al mismo tiempo, se me pueda reprochar el haber dicho algo que esté fuera de lugar. La verdad en este caso es puramente psíquica y se apoya en la palabra solo como medio para trasmitir el mensaje real a través de ciertso tonos de voz determinados.

Cuando un uso racional restringido a ciertos casos se convierte en un irresponsable instrumento para trasmitir toda suerte de mensajes enfermizos, peligrosos, etc. se puede hablar de un uso patológico del modo.

El cuarto refractado tiene usos aun más restringidos cuando es necesario disimular una identidad propia sin reprimirla ni hacerla desaparecer para no perder el referente de identidad dentro de contextos sociales muy hóstiles. Quizá sea necesario disimular convenientemente que uno es crsitiano en cierto país musulmán. La negación de identidad tiene efectos sobre la persona que son aun más devastadores que la afirmación abierta. Un cuarto refractado preserva perfectamente las apariencias en la adaptación al medio en el que alguien se encuentra sin negar para si lo que uno es, produciendo un ligero desvío de la determinación de identidad hacia factores psíquicos internos (un cuarto refractado es aconsejado a un militar de alto rango por el profeta Elías cuando aquel le pregunta como adorar a este dios que acaba de conocer dentro de la corte extranjera y se le dice de participar a los sacrificios habituales rezando interiormente al dios verdadero.)

Los tipos esquizoides se presentan cuando se omite el traslado identificador hacia los factores internos, lo que causa una ruptura interna porque el individuo mantiene una doble identidad dejando el peso identificador sobre la apariencia, quedando el psiquismo fuera de control racional.

Por dar un ejemplo: un médico es un rol social que se adquiere gracias a unos estudios y unos diplomas que garantizan unos conocimientos, enmarcado dentro de una serie de exigencias de toda índole y remunerado de cierto modo. Eso es un factor identificante exterior. Soy médico. (Cuando se cumplen todos los requisitos.) Una persona puede haber aprendido a través de libros o preguntando mucho, a través de conclusiones propias, etc. una serie de datos que le permiten actuar en vistas a curar a alguien de manera muy eficaz. Sin que haya reconocimiento social. El factor identificador es interno (se basa en lo que sabe y reconoce conocer) y probablemente no diga ’soy médico’ sino ‘quizá te cures de esta manera o esta otra’.

El tipo esquizoide se revela fácilmente cuando se escucha afirmar a alguien ’soy médico’ simplemente porque aprendió en algún lugar que el alcohol corta la infección en herida abierta.

Los tipos esquizoides aparecen con mucha frecuencia en lugares donde hay una presión alta sobre etnias, orientación sexual o confesión religiosa, porque la mayoría de los individuos afectados por esta presión no saben ordenar los referentes hacia dentro. Muy frecuentemente se dispara en esos casos un mecanismo de obligación de demostración: los peores fanáticos religiosos son conversos o gentes de procedencia religiosa otra de la que impera, lo que, sin embargo, solo aumenta la ruptura (el ’schizein’) por lo que el psiquismo se retracta aun más hacia lugares donde se auto glorifica.

Otro mecanismo de defensa muy sabiamente instalado en el trasfondo del inconsciente, consiste en un apoyo sobre una ‘voz’ interna que le reconoce el valor a lo que es el individuo en situaciones donde el exterior niega este a una persona en particular. De inmensa importancia para casos de enfermedad aguda o de gran hostilidad psicológica exterior, es un arma a doble filo cuando alguien omite su valor temporal y secundario. Cuando el esquizoide agrava la ruptura, recae normalmente sobre ese dominio de la conciencia e interpreta el apoyo interno como ‘voz divina otorgándole todo poder’: acaba de caer en líneas psicopáticas.

Desde un punto de vista objetivo, tanto lo esquizoide como lo psicopático no son nada más que idiomas: modos de ordenar la realidad que causan cierto daño (son pues, patológicos) al individuo debido al stress que causa la tensión entre los diferentes polos. Como idiomas se pueden aprender e incluso hablar, siempre y cuando se hayan introducido elementos que resguarden de los posibles efectos negativos.

El único modo de hablar un idioma psicopático esquizoide es dentro de una estructura general que se puede llamar de ‘las seis alas’, donde los factores de estructuración de la realidad son variables no determinantes dentro de un esquema general donde las líneas ff (de intención) interactuan con las líneas mf (de realización) que a su vez interactuan con las mm (de finalidad). Sobre ese tejido fundamental al que se asocia el ‘yo’, se puede construir un ‘doble’ o ’sosías’ que interactúa con tipos esquizoides y/o psicopáticos a distancia, es decir, utilizando las líneas de transmisión ff, que es lo que suelen hacer sobre todo los tipos psicopáticos graves o psicopáticos pasivos.

Se puede decir que el ‘yo’ está naturalmente en algún sitio, en línea altas, medias o bajas, en referentes ff, mf o mm, en determinación psíquica o de entendimiento, etc. Eso es lo natural: el destino que nos cayó encima. La identidad se recobra cuando se reconoce la ubicación aproximada de ese ‘yo’ dentro de un contexto social determinado en ligeras variantes. Se discute muy agriamente si se puede alterar la situación del ‘yo’, lo que a mi, a priori, me parece imposible. Aunque sí que puede cambiar en lo que es.

Por decir: alguien que muestra un tipo esquizoide puede aprender a evaluar su realidad desde un referente interno, momento en el que desaparece el elemento patológico. Ahora, si es una mujer con un determinante masculino en líneas ff, podrá cambiar a un determinante femenino en líneas mf? Probablemente no.

Los elementos esquizoides encuentran tanto más cobertura social que el ideal al que pretendemos como referente parcial o general se aleja de nuestro modo de ser. Un hombre ‘tiene’ que ser fuerte, indiferente, racional, estructurante, rápido y productivo. Tiene que. El ‘hombre’ que puede que tenga alguna de esas características pero no todas y no en toda su amplitud, se esfuerza por acomodarse al ideal social y tensa su realidad interna, por lo que se producen fenómenos muy similares a los que se observan en casos esquizoides. Ese mismo ‘tiene que’, que rige sobre una realidad social determinada, es el que cubre la distorsión con respecto a la realidad propia de un homosexual, cristiano en tierras musulmanas o alemán en Rusia.

Tampoco es que le niegue el valor intrínseco a la proyección de una imagen determinada: como bien decía el otro, poner en un cinturón ‘maté a 7 de un golpe’ puede ser incluso un pasaporte de éxito social aunque al final solo se trate de moscas. Pero hay una diferencia entre guardar lo de imagen en imagen y lo de pretender a ser aquello a lo que la imagen pretende. Ahí es donde se resguardan los tipos esquizoides y/o psicopáticos que como se verá pueden llegar a ser altamente peligrosos aun sin actuar propiamente.

La diferencia entre querer llegar a ser algo que uno no es y pretender a ser algo que no se es, aunque lo primero muy a menudo se funda con lo segundo, es que lo primero se basa en una asociación real entre lo que se es y una imagen que se proyecta de eso mismo con características distintas. En el segundo caso, se está negando algo de si, que entra en una relación de contradicción con aquello a lo que se pretende.

La sexualidad se rige por parámetros internos. La masa celular biológica no emite ‘deseo’ y menos de naturaleza ‘erótica’: como mucho genera un impulso que, en el caso humano, se debiera someter a una voluntad regulada. Tanto el deseo como lo erótico que forman los tejidos dentro de los que se debieran canalizar ciertos impulsos, pertenecen a la masa psíquica. La orientación sexual se determina de por el reconocimiento vago de un posible objeto del deseo dentro de las regulaciones existentes de la masa psíquica. Si el entendimiento le impone a esa masa psíquica un objeto del deseo distinto al que se reconociera intuitivamente, está creando una ruptura que contiene una lógica. Esta lógica regirá toda relación entre el entendimiento y la intuición posteriormente.

Asi: una relación racional hacia la intuición pasa por el reconocimiento de toda una serie de afectos ‘estoy triste’, ‘me he enfadado’, ‘qué feliz soy’, etc. cuya realidad se reconoce gracias a la sana relación básica del entendimiento a los estamentos más fundamentales de la afectividad. Cuando se ha roto la relación entre el entendimiento y la afectividad básica, es imposible determinar la afectividad más sencilla fuera de la que se dice dentro de la misma lógica que ha causado la ruptura: ‘la gente dice que es natural que un hombre esté con una mujer’, y consiguientemente: hay que llorar en un entierro, reirse en un cumpleaños o enfadarse cuando se te pierde algo. Hay que. Es lo que se hace regido por criterios que se reconocen exteriormente.

La lógica de negación aplica automáticamente en estos casos también: independientemente de lo que se sienta originalmente, la masa psíquica está emitiendo señales contradictorias a las que proyecta la imagen. ‘Qué alegría que se haya muerto’, ‘odio los cumpleaños’, ‘y qué me importa si no tengo nada,’ etc.

Este conjunto muy ambivalente es intuitivamente perceptible aunque no se registre conscientemente, produciendo altísima confusión en cuanto a la percepción de valores reguladores básicos. De hecho, el esquizoide suele ‘acusar’ a la sociedad de su miserable estado, por lo que tiende a desarrollar una alta agresividad contra esta, ya que, según él, esta no le deja ser lo que es. Sabiendo perfectamente guardar las apariencias para disimular lo que sospecha ser, puede utilizar estos mismos mecanismos para socavar los más sencillo estamentos sociales con el simple propósito de vengarse de la sociedad por su destino.

Extrañamente, aunque tenga cierta lógica, el mismo esquizoide se reconoce como ‘malo’ (Lorca, El Público) pero estima que se le debiera dejar ser tan malo como es, sin restricciones. Raramente intenta justificar quien es a través de una somera racionalización del problema, como intento hacer desde hace rato. El problema de la homosexualidad (u otros parecidos, es decir, del desvío de identidad en sus diversas acepciones) no reside en la homosexualidad misma, sino en la incapacidad de entenderse como se es. Lógicamente no se puede dejar proliferar el ‘mal’ en si y de por si porque causa un derrumbe de los estamentos sociales establecidos. Aunque sean simples y tontos: está mal tirar basura en la calle, está mal contar mentiras, está mal robar, etc. hay toda una serie de ‘males’ cuya relatividad pudiese establecerse más tarde en toda su extensión, que desaparecen literalmente si se le reconoce el derecho al homosexual, por ejemplo, a ser ‘tan malo como es’.

Me estaba quemando los dedos y tiré el papel en llamas al suelo (Muy bien). Quería proteger mi vida privada y me inventé una excusa (Perfecto). Me habían quitado un libro y les robé un cuaderno (Bueno). Me enamoré de un muchacho y me quedo con el. Se ve perfectamente que en ese caso, semejante auto determinación no molesta a nadie. Obviamente hay un traslado del peso moral hacia el reconocimiento de un estado real que se dice ‘bueno’, por lo que el mal socialmente vehiculado (los hombres tienen que estar con las mujeres) se vuelve nulo en cuanto a su vigencia moral. Es todo el ejercicio que hay que hacer. Cuando, sin embargo, se niega uno a hacerlo, sigue regido por parámetros sociales morales haciendo algo que está prohibido lo que está al origen de mucha confusión. Por eso se persigue, normalmente.

La tontería, quiero decir.

Si – volviendo a cierta alusión en la que incurrí hace unos días – se puede desde mi punto de vista ver las cosas con tan sana objetividad, es porque en ciertos casos muy raros, pero existentes, como se constata, el ‘yo’ no se asocia a un determinante sexuado sino a las formas. Cosa que prolifera en la tradición goda a la que participo, se puede decir que existe la posibilidad de un ‘yo’ asexuado por naturaleza, es decir, en estamentos estructurales tan bajos para regir la conciencia como los del BIOS del que hablábamos antes. Aunque no partícipe de esta naturaleza, Kant retranscribe con mucha exactitud esa lógica que se ha vuelto determinante a través de los polos de gobierno germanos durante siglos, y se dice, a su vez, asexuado (“Nunca he estado con una mujer y reconozco que no me ha pesado.”)

En este caso, se constata un tipo esquizoide en forma básica por naturaleza que no afecta la interrelación entre dos realidades a las que participa el ser humano (la psíquica y la del entendimiento) sino la unidad misma del concepto que se parte en dos, asociándose el ‘yo’ al esquema espacializante formal, lo que en el caso de las mujeres, produce una natural ‘masculinización’ de por la apropiación genética de las estructuras espacializantes. De muy irresuelto comportamiento sexual, el godo tiende a reflejar en un acto sexual puntual un esquema lógico que le cause problema en la ordenación de las formas. Bajo alta presión moral proveniente de estamentos religiosos o de orden científico, el godo suele someterse a apariencias que hace saltar en cuanto puede.

Aunque puede que no afecte más que a un 0,5% de la población mundial, como mucho, es interesante resolver el caso ya que la proliferación de la estructura básica de su comportamiento a través de regulaciones de gobierno han provocado una enorme infección en poblaciones no naturalmente afectadas. Si entiendo bien, se supone que la determinación sexual existe pero no se registra conscientemente. Para poder percibir esta, tiene el godo que visualizar lógicas compatibles en cuanto a su finalidad. Para producir una confesión accidental (definición final en Sask). Para producir un accidente electrónico (definición final en Ines de la Fressange). Para encontrarse accidentalmente con alguien (definición final en Natasha). La conjunción de dos lógicas tiene un efecto distinto dependiendo de la lógica pareja. Solo la definción clara de las líneas ff, crea un referente interno que permite pensar que haya una lógica ‘x’ con la que accidentalmente se quede alguien toda la vida. Sobre ff (horizontal en intención)  en mm (vertical en finalidad). Esta disposición mental, que a priori es intelectual, obliga a la diferenciación de los polos de complementaridad, lo que empuja el ‘yo’ de un lado para otro hasta que se cuadra con respecto a quien responde a la definición establecida en la ecuación ff en mm. Es decir desde fuera, no de por si.

Eso cura al godo también, aunque no lo hace menos malo. Unico impedimento para la racionalización y pues realización de semejante posibilidad es el formalismo estético.

Claro que se debe tener mucha juerga encima para poner a Schwarzenegger como parte de la decoración de una oficina aunque todo tenga finalmente su razón de ser.

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Quizá sea uno de los trabajos más difíciles que me haya propuesto en una larga serie explicativa que terminase en algo que valiese la pena. Porque se supone que tiene un doble relieve en el que se funden dos perspectivas.

Debe notarse que volví feliz de Quito y no por otra razón sino porque había encontrado el Tuscany que andaba muy desaparecido y que era parte de la parafernalia de ‘Angels wishes’ (‘If it were a woman I would offer her Tuscany for men), y ya que hablábamos de regalos, había que agarrarlos de algún modo de su propia simbología. Llegamos a la conclusión (una cliente dijo que las colonias para hombres eran muy buenas) de que ’se guardan lo mejor para ellos y había que saber invadir inteligentemente territorios’. Eso después de concluir que las plumas Cartier no estaban a la altura de las Montblanc y que, en todo caso, ya que vendían plumas hicieran el favor de proveer a los clientes con la tinta correspondiente. Hay regalos muy envenenados cuando se quedan sin tinta, precisamente.

Se obvia que me regalé el Tuscany a mi misma por eso de no ir difundiendo ambigüedades más allá del ámbito puramente literario.

Sin embargo, los regalos deberían tener su continuación más tarde aunque no sé muy bien a qué vinieron.

La cuestión era de definir sea un doble ángulo, sea una contradicción interna racional y antes de pasar a analizar la oscura propuesta de la imagen de arriba quizá convenga dar un par de vueltas.

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Cuadro muy desconocido de E Mortimer del siglo XIX retratando a alguien llamado Hannah Rothschild

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Foto originalmente de Carolina de Mónaco sirviendo de base para un retrato superpuesto

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Resultante retrato de Hannah, que evidentemente, no tiene nada que ver (el que no le regalaba al objeto de mi más tierna devoción hace unos días)

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Reinserción de un elemento ajeno dentro del cuadro de Mortimer

Independientemente de lo poco que tiene que ver una cosa con la otra, algo es evidente: los elementos originalmente inspirando el retrato de Hannah dejan rastros sobre aquel en el que solo se la viera a ella sin que aparezcan en ningún lado – una cierta altanería ligada a ciertos estamentos sociales. Y quizá se pueda decir incluso que el fijar de ciertos rasgos dentro de parámetros que abarcan un siglo (XIX a XX) y al menos dos compuestos nacionales (Inglaterra y Francia) no son ajenos a que termine por resaltarse un evidente ambigüedad muy masculina dentro de rasgos muy puramente femeninos.

Es cierto que tenía otro fin pero bien venga a cuento. Es posible dibujar algo que se encuentra dentro de otra cosa utilizando dos polos referenciales al mismo tiempo (aqui, lo masculino y lo femenino), como quien define el sobrentendido en pintura. En este caso particular, se mantiene la verdad intrínseca de los dos polos existentes dentro de una misma realidad sin insistir en exceso ni en la una ni en la otra. Lo digo porque es un modo de ordenar la realidad (tipo vertical o saskiano, lo llamo: en dos dominios de la realidad distintos, la realidad se ordena de manera distinta pudiendo concluirse de modo incluso contradictorio. En algunas estructuras fundamentales de ordenación de la realidad se le puede dar prioridad a lo que se sobrentiende, como en la alemana, o a lo que se dice, como a la española, pudiendo pensarse que se mantuviesen las dos perspectivas sin imponer la una sobre la otra.) Un retrato altamente ambiguo puede estar diciendo nada más que eso: que se pueden separar claramente ambos ámbitos de la realidad sin imponer el uno sobre el otro, como en paralelo.

Muy importante para comprender la lógica del accidente, puede ser además una clara evidenciación de ciertas realidades secundarias. (Hannah no era excatamente así porque tendía a imponer la realidad psíquica sobre la física, causa de una de nuestras mayores divergencias, pero habría sido así en el caso en el que se hubiese rendido a la evidencia de mis explicaciones.)

Claramente, el mismo modo por el que ordenamos la realidad deja huella en la imagen que reflejamos, por lo que la imagen cambia si conseguimos hacer progresar este. Ejercicio interesante es el de saber cómo afectase ese cambio a la presentación de la apariencia o en qué pudiese consistir ese cambio que al tiempo se dijese progreso. Lo que llamaba progreso en esencia consiste precisamente en restablecer un equilibrio dentro de una irregularidad detectable que afecta negativamente la aprensión de la realidad. Es evidente que cuando cambia esta, cambias de perfume también.

Los perfumes provienen de mentes que se configuran de cierta manera y corresponden a algo, quizá solo en un momento dado. También los perfumes se pueden considerar desde un ángulo de mejora virtual. Hasta a Sask o a Ines de la Fressange.

Para pensar el accidente es necesario pensar la situación del ‘yo’ en una virtualidad mejorada por esencia que al rozar con la realidad existente, encontrando apoyo en ésta de por la similitud en esencia, produce una extraña chispa cuando se combinan diversos elementos suplementarios además. Situarse en una virtualidad mejorada es solo posible tomando apoyo en una base afectiva prácticamente irreal (horizontal) en la que el ‘yo’ afectivo se encuentra en la conciencia de una complementaridad con un ‘otro’ situado en el exterior, razón por la que siempre paso tanto tiempo en estados amorosos virtuales.

El tipo de accidente varía dependiendo no solo de la base afectiva utilizada (quién se encontrase en el exterior), sino del tipo estructural que es determinado por la relación. La combinación virtual ‘yo’-Sask en ese contexto produce ingenuas confesiones generalizadas en el tipo de realidad accidental. En otras combinaciones puede llevar a encontrar … un Tuscany, lo que desde cierto punto de vista es menos cargante.

La naturaleza del accidente proviene de que se sitúa prácticamente en líneas de muerte cuando esta se produce guardando líneas afectivas vivas, lo que genera ese tono embromado un poco distorsionante, ya que escapa de ese modo a lógicas racionales comunes produciéndose un efecto inesperado, que es lo propio del accidente. Los accidentes tienen su propia lógica que es lo que intentaba explicar desde hace tanto tiempo.

A veces hay que dar muchas vueltas para llegar a algún sitio.

El trabajo sobre Schwarzenegger es un paso más cuyo significado exacto aun no he elucidado. Claro que es una broma (ángulo uno): las despampanantes señoras que pueblan la fantasía masculina son mezquinamente sustituidas por un muy musculoso varón cuyas medidas desconocemos pero pudieran fácilmente establecerse. De nuevo se trata de una reversión: algo que se dice de una manera en un contexto de realidad, se dice igual esencialmente y pues diferente de por el cambio de ámbito de realidad, como en negativo. Una reversión se diferencia de una refracción en ello que la reversión afecta el conjunto de lo que se dice de por esencia, mientras que en una refracción se trasmite lo mismo en su diferenciación a las categorías inferiores, como si dijeras que esto en inglés se dice en español de esta manera (reversión), pero en inglés aristocrático de este modo, y en inglés popular de este otro (refracción).

Es cierto que en este caso a Schwarzi se le das más importancia como persona, pues se subraya el rostro, no como a las pobres señoras cuyo rostro normalmente desaparece bajo inmensas capas de maquillaje casi como aniquilando el caracter de la persona, pero eso es porque las mujeres tendemos a evidenciar cierta superioridad intelectual que nos permite apreciar rasgos y caracteres que aparentemente escapan a los varones por lo que suelen darles poca importancia.

Todo quedaría sanamente ahí si no fuese porque en realidad esta composición es el traslado de un gesto a una gestualidad que conlleva un movimiento intuitivo errático – es decir, dentro de la misma lógica aleatoria.

Fundamentalmente la lógica aleatoria, aunque abarque diversos modos de proceder, se resume a la captación intuitiva de una esencia como aquellas de las que hablaba arriba, la sumisión de la voluntad a la lógica de esta esencia, y el movimiento ordenado en la realidad dentro de esa misma lógica. En este caso un gesto cuyo significado me escapa. Se puede transformar el gesto en esencia, puesto que es una lógica aunque no sea determinante en esencia. Qué pasa cuando la voluntad se somete a esta? Si la conciencia se guarda estrictamente dentro de ella, va a un sitio, en este caso a internet, se le ocurre que lo escandaloso es solo Schwarzenegger porque está completamente desnudo de torso para arriba y muestra proporciones bastante más voluminosas que alguna fémina, y saca algunas fotos de un documental sobre el mismo. Seguidamente selecciona una cuantas, las pone una al lado de la otra, supone que precisa una firma igual de musculosa, lo que parece ofrecer la mía, y hace un malísimo chiste jugando con palabras en alemán variando de una variante de Scherz (broma) que se dijera Schärz por similitud de sonido, a Schatz, por consonacia, que fuera tesoro, y pase subrepticiamente a ’stalone’, que fuera is o ist (está) alone, solo, o sola, porque Stalone vino a sumarse al juego en una última foto abajo a la izquierda.

Ese tipo de combinación conforma un código psicopático que sea se refleja en una serie de imágenes, sea se compone de una serie de palabras cuyos sonidos superpuestos o trasladados configura sentidos distintos a veces pasando de una región idiomática a otra.

Los códigos psicopáticos son líneas de ‘amebas’ que se pescan con frecuencia en aguas que confortan realidades donde se producen accidentes, sea en las partes altas o en las partes bajas. Las bajas son aquellas que se hacen de una disposición que se enfrenta a la muerte sin líneas eróticas vivas. Estas líneas producen nexos entre diferentes psiquismos que se mueven por impulsos intuitivos que terminan por encontrarse ‘por accidente’, lo que produce encuentros muy agradables a veces (líneas altas) y otras, asesinatos en serie (líneas bajas).

Estas líneas parecen corresponder a alguien que tiene una estructura de entendimiento fusionado, quizá muy parecido al de Hannah aunque en variantes. Como quien fundiese no las estructuras de entendimiento sino el afecto, en una asociación inmediata de lo que se desea por esencia en su visualización material (digamos) con el deseo mismo.

Si es verdad lo que pienso entonces esa persona me dirá cuando llegue que no está sola. En apariencia. Obvio es que llegaré gracias a las líneas en cuestión: a veces hacen un buen escondite cuando todos los otros caminos están cerrados.

Aunque se trate de una reversión (aqui: apariencia por esencia en contradicción), es obvio que una cosa comunica con la otra en la distancia y puede explicar incluso fenómenos telepáticos. Aun en ese caso es obvio que la información se distorsiona de por el contexto estructural donde se encuentra: aunque haya quien diga lo contrario por llevar la contraria nada más, es evidente que el lugar desde donde se evalúa la información da para una interpretación contradictoria según donde se sitúa: quien está acompañado en apariencia no lo está necesariamente en esencia.

Resquicios de la realidad que difícilmente se encuentran y que abren muchas puertas. Los infinitos espacios de lo reprimido. Debiera ir contenido: la habilidad por la que se transforman gestos, presencias, imágenes en nociones a las que se somete la voluntad para abrir caminos sobre las aguas corresponde a los músculos de Schwarzenegger, lo cual, comprendo, sea infinitamente deseable. Con lo que al menos me respondo a la pregunta de saber qué me viera alguien que le resultase espantosamente atractivo: aunque en un principio no se vea. No responde a la pregunta de saber quién fuese, porque hasta los gestos se trasladan, se copian, se imitan y se repiten. Pero hace avanzar la cuestión.

 

 

Un ramalazo lesbiano

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Ismael Olabarrieta, pintor de profesión, es amigo del ministro juez Dr José Serrano, de la muy honorable ciudad de Cuenca. Con el Dr Serrano estábamos elucidando la cuestión de saber si bastaba poner una serie de fotos bajo la rúbrica ‘pornografía’ para que realmente lo fuesen y consiguientemente, qué hacía la diferencia entre el desnudo y la pornografía, cuestión que se agravó cuando llegó Olabarrieta, ya que era obvio que ‘ellos’ podían bañar los lienzos con sus sueños más o menos perversos siendo, ah sí, todavía, promotores de la cultura y/o finos conocedores de arte, mientras ‘ellas’, las modelos que había que repescar de debajo de los diferentes titulares no se merecían nada más que los apelativos de ‘zorra’, ‘puta’ o ‘prostituta’, y eso en el mejor de los casos.

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Es cierto que en ese momento la discusión se agrió bastante produciéndose profundas convulsiones subterráneas que terminaron por canalizarse cuando a través del Dr Serrano se decidió que le hiciera una página al pintor que, a guisa de introducción (hay que saber quién eres antes de transformalo en coordenadas electrónicas) me confesó que ‘a veces era un poco lesbiano’, lo que – confieso – no mejoró la situación. No le dije que era especialista en cierto tipo de mariconadas, aunque hubiese podido. Simplemente, y algo fríamente, le pregunté si pretendía cubrir bajo tal apelativo sus aspiraciones a Juana de Arco u otras heroicas féminas cubiertas de atuendos masculinos… simplemente alegando que ‘me parecía un poco difícil’.

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Fuera quizá la consecuencia misma de lo que ya no se decía pero tintaba el conjunto de muy ácidas distancias, Olabarrieta desapareció sin cancelar el restante de la mayoría de la cantidad que quedaba para pagar la página, lo que dobló la ya bastante tensa situación de todo un conjunto de comentarios más o menos agrios cuyo contenido pudiera ser reducido al, claro, que por poner todas esas payasadas sobre un papel alguien podía permitirse cobrar algunos miles pero que por el trabajo de hacerlo conocer, lo que pudiera hacer efectivo el pago, finalmente, no pagaba nadie y menos si quien, presumo? hace el trabajo es una mujer.

Total, siendo ya costumbre arraigada la de distorsionar ligeramente el contenido de las páginas cuando se producían esos sucesos, la página de Olabarrieta, que, confieso, hubiera clasificado entre una de las mejores mías originalmente, fue finalmente poblada de una larga exposición equina con unos preciosos caballos sacados de otro contexto completamente distinto y ahí se quedó. Olabarrieta volvió alguna vez pero ya ni nos salúdabamos cuando nos cruzábamos por la calle, por lo que la cuestión de los caballos quedó suspendida del aire, y ello más aun debido a que la conversación entre el Dr Serrano y las reclamaciones generales femeninas se había tintado de un aire bastante gélido, lo que produjo su interrupción por largo rato.

La cuestión, en el fondo, – pero había que ir muy lejos para llegar hasta ahí, - era por qué bastaba con ir revestido de pantalones para merecerse el apelativo de ‘varón’ y por qué, finalmente, bastaba con que cualquier payaso pretendiendo a ello mismo pudiese alegar ‘palabra’ para que todo juicio se tornase en su favor.

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Es cierto que en un principio Olabarrieta no me era antipático. Pero empezaba a hartarme el hecho de que fuese siempre yo quien cediese al juicio objetivo mientras que el lado opuesto se regía únicamente por el prejuicio. Fuera hecho por mujer y ya valía menos. Simplemente no se enjuicia. O se enjuicia con terceros propósitos, del estilo, fuese que te digo que está bien y quizá me merezca atenciones secundarias. Poco después le dije a Frau von Lubs que en un principio no me interesaba lo que derivaba de la fantasía a tintes varoniles.

Y claro, largas exposiciones sobre la inteligencia intuitiva de Ines de la Fressange, la sublimidad intelectual de Plisetskaya, la absoluta levedad de Osipova, el caracter resuelto de Comaneci, aun subrayando ciertas imperfecciones porque nosotras, sí, nosotras no ponemos a las gentes sobre pedestales de perfección de los que es difícil bajarse después, empezaron a poblar mis páginas progresivamente. A veces se asomaba algún varón. Pero es verdad que también alguna mujer encuentra un hueco incluso dentro de los panteones masculinos, y no íbamos a ser menos.

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Ya el tal Unda se había llevado parte de una hostilidad nacida en otros contextos y eso porque lógicamente había raudamente que compensar el hecho de haber medianamente puesto palabras no demasiado negativas detrás de otra figura varonil, la de Oswaldo Viteri. No fuese que nos desconcentrásemos.

Estaban las cosas más o menos por ahí cuando yendo a ver si podía ampliar mi colección de afirmaciones femeninas pidiendo un cuadro a Ileana Viteri, me topo con el mismo Unda figurando protesta (no sé si de la galerista o del mismo) en el comienzo del muro derecho de la galería, lo que me hizo rápidamente sospechar que todo el presupuesto orientado a subvencionar la depresión femenina no aterrizase de nuevo en manos de algún avisado varón, por lo que tuve que especificar mis exigencias posteriormente.

No bastaba con ello. Al día siguiente, yendo aun con mucha precaución a ver si había progresado el asunto intelectual que me unía al Dr Serrano, me acerco por sus oficinas para encontrarme con el mismo y … Olabarrieta.

Confieso que aunque de inmediato le recordé sus infinitas deudas hacia el género femenino, sentí una especie de alivio muy reprimido por obvias razones.

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Terminé por comprender hasta lo del lesbianismo aunque seguía sin abarcar la profundidad del asunto.

Total. Era verdad. Un hombre que cae en las redes de la venganza femenina termina siempre por perder después de hacerse una reputación de pintor bucólico del siglo XIX. Quién después expusiera sus obras si esperando algún caballo, terminan por llegar entre las manos de la incauta galerista (siempre son mujeres menos a veces) semejante retahila de imágenes chocantes para la mente de las gentes impregnadas por cierto apego a la naturaleza. Nadie. Es lógico. La pérdida neta es 10 veces superior a lo que me debiera, sino más. Tampoco hay que hacer abuso de poder.

Suspiré. No, si al final, pensé, será aun una mujer la que saque a este pobre hombre de su dilema personal.

Encima negó deberme nada. Pero se veía por su perfil hundido en el sillón delante de los enormes escritorios judiciales que algo iba rotundamente mal y que hasta el Dr Serrano, vista la cantidad ingente de secretarias que pueblan esos lugares, tenía necesariamente que preguntarse si un apoyo aunque fuese moral no tendría gravísimas repercusiones para su persona.

Sin embargo, con cara como quien dice que yo tenía necesariamente la culpa de semejante situación, me pidió que le buscase una galería.

Encima.

A pesar de ello, algo me dijo que en el fondo había tenido suerte. Sospechaba que mis iracundos vitiperios concerniendo a Unda terminarían por exigir alguna explicación, y eso aunque alegase que peores cosas había oído yo, por lo que Olabarrieta en realidad me venía bien.

No es que Olabarrieta diga nada excesivamente nuevo en el sentido de determinar el objeto que suele ser su tema principal porque sigue diciendo lo mismo desde la misma perspectiva. Es casi arte bucólico del siglo XIX o principios del XX – un poco de cancán, o un tango que tomase fuente en el cancán de Toulouse-Lautrec, casi con la misma distancia indiferente de Toulouse-Lautrec. Este las veía pero no se acercaba mucho, porque era cojo, y lo que no podía ordenarse debido a su condición en relaciones sentimentales socialmente ordenadas, se convirtió en una sutil apreciación del aporte de los bajos mundos al tema con cierta distancia, como del que sabe que no es suyo o que de todos modos, no llega.

Olabarrieta le agrega un cierto feísmo no desprovisto de humor.

Momento en el que yo me aprovecho necesariamente de la perspectiva de Olabarrieta que se opone casi drásticamente al onirismo de Unda, ya que el primero al menos es franco. Hay que (supongo) asumir que la mente varonil está necesariamente obsesionada por ciertos temas, y aun en ese caso cabe la misma diferenciación que con tanto esfuerzo se había delineado en cuanto a los desnudos femeninos. Por qué se pudiera tratar el mismo tema de maneras tan distintas de tal suerte a hacer de lo mismo algo o nada, dependiendo del alegre exhibidor de su mundo interior?

Claro que todo no es nada más que una profunda cuestión filosófica que obtiene respuesta de muy diversos modos: acaso valiera lo mismo la verdad que la mentira? Lo perverso que lo inocente? La verdad no es nada más, en la mayoría de los casos, que el espacio muy delimitado dibujado por la luz estrellada contra los alrededores de una bombilla desnuda. Lo que hay más allá no se ve, no se sabe, y algunos hay quienes intuyen a partir de lo que ven lo que queda por ver, pero la mayoría simplemente le impone una realidad inexistente a la misma realidad cuando no terminan por inventarse aquello mismo que están viendo. La inocencia no es quizá nada más que el aferrarse a la evidencia de aquello mismo que vemos y sabemos sin pretender a más, o a más solamente cuando más hubiera. Por eso la inocencia es múltiple también: no puedo pretender a saber lo que no sé y que quizá se supiera si yo no fuese quien soy yo.

No hace mucho le dije a Frau von Lubs que ‘el mundo varonil es muy simplón. Cuando un trato se ajusta a leyes, termina en una celebración familiar, y cuando es ilegal, en un burdelo.’ Calificados más allá de un poco ‘bobiluncios’ (es muy simple el esquema), se podría afirmar sobre ese preliminar, que el esquema mental suyacente utilizado para actuar en la realidad, se transforma en su caso, casi de inmediato, en una expresión sexual determinada. Lógicamente es relativamente fácil derivar los esquemas suyacentes a partir del tipo de representación utilizada para ‘designar’ lo sexual. O lo que a ello alude.

Digamos que lo que fascina a ciertas mentes oblícuas masculinas de lo que llaman lesbiano (cada cual se imagina lo que quiere bajo ciertos conceptos) es la afirmación psíquica de la masculino que se distancia mucho de la afirmación por atributo que normalmente circula en los mundos masculinos. Los hay quienes ven que ese psiquismo les roba mucho campo en territorios femeninos y cuando los hay a quienes ello enfurece, los hay también quienes se quedan suspirando por aquello que hubieran querido ser, y claro, siempre hubiese quien dijese ‘que no llores como un niño por lo que no has sabido defender como un hombre’. Quizá Olabarrieta se quede simplemente diciendo que ‘la mujer responde eróticamente a algo que no se reduce a la determinación física’, y nada más. Quizá no enjuicie, solo constate.

Cuan distante de un constante alusivo decir de la realidad física en sobrentendidos, que es terreno femenino, como si se negara la realidad a la que Olabarrieta alude para afirmar del modo más soterrado la necesaria vigencia de lo que el hombre determina en lo que lo determina por razón biológica. Unda dice que el hombre tiene razón porque tiene huevos, y eso, en un lenguaje femenino, lo que le quita franqueza a la afirmación, como quien no se atreviera a decirlo por eso de guardar las apariencias y se regodea en secreto afirmando siempre los mismo, de modo recurrente e incluso monotemático, es decir, loco, fuera de lugar, obsesionado, desprovisto de naturalidad.

No me exigirá que lo compre, aunque supongo que los hay quienes comparten su modo de ver, en desmultiplicación casi infinita.

Lo que abre sobre otra cuestión que trato a menudo de modo más suyacente en relación con el valor de las cosas: si realmente hubiese que dárselo a aquello que de por su frecuencia permite pensar una desmultiplicación de las ventas. En ese caso, habría que inocular el virus de la gripe para satisfacer a todo el mundo en el compartir de lo común. Pienso siempre.

Y volvemos a la misma recurrente pregunta: hasta qué punto debe aceptarse la autoridad formal de la evaluación que tuviese en cuenta precisamente estos elementos de análisis para la introducción en el mercado de todo tipo de ‘cosas’ a tenencia más o menos artística? Con el subsiguiente riesgo, dices, de ver como en el siglo XVIII proliferar lo ‘prohibido’ y pues más deseable a infinitos precios en ciertos mercados oscuros.

Yo personalmente no abogo por la censura sino por el sentido común. Como bien le dije al francés en su momento, si tú tienes el derecho de exponer tu punto de vista, bien lo tendría yo de exponer el mío con respecto al tuyo?

Con lo que respecta a lo del lesbianismo, vista la gravedad del peso moral que suele gravar el término, entiendo que en si venir de la ciudad de Lesbos en la isla de Mitilini, no debe considerarse pecado mortal. Yo, personalmente, vengo de Madrid. En cuanto a la alusividad del término, que se refiere a la pobre poeta Sappho de Mitilini, a la que se atribuían extravagantes desvaneos eróticos (no hay constancia de que fueran amorosos) con sus alumnas de poesía, en escuelas que debían dar una horrible envidia por tradición a los atenienses específicamente que debieron inventarse las escuelas de filosofía un poco más tarde, y los hay quienes dicen que Platón era marica aunque Aristóteles se casara – es extraño que pese menos eso de lo ‘marica’ que lo de ‘lesbiano’, pero hagamos como que se lo atribuimos a la sempiterna envidia masculina – como digo, deben ser meras suputaciones con muy doble intencionalidad. Precisamente, algunas muy heroicas mujeres que sesgaron la historia con sus atuendos masculinos, pudieran ser acusadas de cualquier cosa menos de una presunta desviación sexual, si lo fuere, aunque quizá entrasen según algunos dentro de la misma categoría. Constancia hay de mucha amazona o walkiria que se divertía tomándole el pelo a la realidad masculina sin que haya constancia de sus implicaciones.

Quiero decir que independientemente de los bastante sucios sobrentendidos bañando el término de ‘lesbiano’, cabe pensar una realización psíquica de lo masculino en contornos femeninos que tuviera incluso algo de imperial en su expresión más mediata. Y lo que choca entonces es que precisamente se utilice un término muy envenenado de por el uso para designar una disposición fundamental (artística?) en un … pintor. Lo que pudiera atribuirse a la incapacidad natural del hombre a diferenciar con exactitud las implicaciones de los conceptos.

Independientemente de la consiguiente querella conceptual, no se le puede negar al menos a Olabarrieta un claro intento por determinar un espacio de luz en lo que es para él, es decir, desde su punto de vista que, como es natural, pretende a ciertos universalismos. Lo que no es el caso de Unda. Quizá eso venda en ambos en casos. Lo uno, porque es verdad y en tanto que tal, sigue atrayendo la atención de ciertas gentes, y lo otro, porque hay mucha gente obsesionada por llevarme la contraria.

En todo caso, quizá haya quien exponga a Olabarrieta. En Alemania, por ejemplo. Y Unda? Expondría en Francia, y no lo digo por prejucio sino por una sana evaluación de las cosas y las realidades.

Fuera, supongo que serviría como compensación ‘por el grave daño causado a la imagen de ambos a causa de una muy explícita afirmación de una opinión personal en sus versiones más diversas’.

El grito

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Finalmente dejamos a las palomas en paz, porque ya se estaban volviendo algo demasiado acaparadoras. Forma línea entre las palomas y el tema siguiente, la tentativa de traducir una obra de arte a la fotografía, puesto que eventualmente dibujará una clara línea que permita insertar elementos heredados por el tiempo dentro de una continuidad que le de más valor a la imagen fotográfica.

Rachel y Matthew estaban castigados, acusados de plagio sobre el tema del libro con las palomas, – aunque finalmente obtuvieron permiso del uso de las imágenes siempre y cuando figurase ‘plagio’ encima de ellas, lo que, me prometí, seguro que vendería mucho más que los originales -, por lo que necesariamente tenían que contribuir a la generación del ‘grito’ (Munch) fotográfico por muy ridículo que pareciese el simular gritos en un puente público.

Confieso que tan descarada confrontación a uno de mis seculares problemas – el que pases siete meses pensando un concepto y luego venga alguien y diga ‘mi foto es mejor’ – bien se merecía por lo menos un grito, que se convirtieron en dos, por si acaso.

El plagio será puesto a la venta en breve por lo que por el momento no muestro por demostración tan horrible coincidencia.

El grito 4

Quizá Munch gritase por similares razones.

Street images 2

Habiendo resuelto el problema del plagio por denominación del mismo, podía Matthew salir de tan apesadumbradas contemplaciones por lo que terminó la sesión de fotos en plena … adoración. (Le pregunté a Rachel antes si era celosa, y dijo que no, por lo que la única razón que hubiese podido impedir semejante manifestación de arte callejero, desapareció.)

El objeto de mi adoración personal es terriblemente celoso por lo que siempre anda emparejando a la gente no sea que quede algún cabo demasiado suelto. Es una ventaja. Basta con presumir que algún majadero pudiera ser parte de tu colección de mariposas amorosas para que lo haga desaparecer. Hay que saber aprovecharse hasta de los peores defectos de los demás.

Lo de Goya era porque el sueño tiene doble sentido, en tanto que invita a dormir y en tanto que se deja llevar por planes ensoñados. La razón también. Es un instrumento de la mente, un modo de decir derecho y una personificación de la misma en (en la hipótesis de Goya) un hombre, por ejemplo. Los monstruos son horrendos pájaros o villanas consecuencias. Lo que dice Goya es que la razón científica (deduciría por el trajeado del individuo recostado sobre la mesa), aniquila precisamente el doble sentido para reducir las palabras a lo que se visualiza o empíricamente cata, y ese modo de proceder, cuya inconsistencia se prueba de por el mismo doble sentido que se le diese a la imagen misma en su relación con las palabras demostrativamente grabadas abajo a la derecha, es el que produce monstruos. Dice él, y quizá tenga … razón.

La capacidad de ir más allá de un único sentido de la palabra o la realidad es lo que define el arte, por lo que no es de extrañar que Goya se sintiese ligeramente agredido por las constantes invasiones de territorio científicas.

El dinero no es nada.

Yo tengo dos manzanas y tú tienes dos peras. Yo te doy una manzana y tú me das una pera y quedamos – dijeras – los dos más contentos que unas pascuas. El comercio se basa en el trueque, fundamentalmente, y el trueque en una mínima noción de propiedad y otra, igual de mínima en un principio, del valor. Si yo no pretendo que algo sea mío, no lo cambio por nada. Si no le atribuyo valor, lo daré por nada o por menos. Entre la incapacidad de atribuir valor y lo generosamente gratuito hay tanta distancia como entre lo negro y lo blanco aunque a primera vista parezca ser lo mismo.

El dinero es un símbolo que determina el valor de algo de por la abstracción de una serie de nociones como el esfuerzo, el conocimiento, la calidad, la duración, la dificultad a través de un sistema subyacente de determinación. En vez de cambiar una pera por una manzana, cambio mi esfuerzo, propiedad, etc. por un valor simbólico por el que puedo adquirir un ‘x’ de cosas y no solo la pera del vecino.

Independientemente de la importancia que le queramos dar a tener mucho dinero, es obvio que éste no es nada en si, si se lo desliga de los valores fundamentales a los que debiera ir asociado. Bien entendido es un regulador social. Mal entendido es el modo más sencillo de quemarse los dedos.

Se asocia el dinero al poder, el tener más al ser más y la acumulación de bienes a una garantía de felicidad. (Siempre se nos olvida el cuento del que no tenía camisa aunque fuera feliz, y probablemente vice versa.) Esta tendencia compite constantemente con tendencias más racionalizantes que quisieran que el valor que se encarna en lo que la persona puede, sabe o conoce se refleje en su poder adquisitivo o su imagen representativa de modo a que se vuelva referencial para otros. Es una pelea constante que probablemente haga parte de la evolución humana como lo fue el asimilar el valor de una pera al de una manzana y no al de un zapato, por decir algo, en un momento dado de la misma, y eso, lógicamente combatiendo tendencias que querían que la pera valiese lo mismo que el lingote de oro, y vice versa, también.

No podemos evaluar la realidad desde un punto de vista ideal, considerando que ya todos hemos llegado a la satisfactoria conclusión de que yo me merezco muchos miles de dólares por tanta sapiencia tan inteligentemente distribuida, y hasta con mucho disimulo para que no resalte en exceso. Desgraciadamente nuestras sociedades están todavía acaparando billetes como yo palomas sin evaluar con el detalle suficiente para qué sirviese tanto cúmulo de nada, o de mero símbolo indigesto y poco comestible. Consiguientemente se hace difícil la venta de una foto mía, y eso que la firma se merece ya en si gran cantidad de doblones, y digo una mía por no mostrar con el dedo otras, aunque sea lo mismo, en el fondo.

Qué vale y por qué?

Si habíamos comenzado esta sempiterna reflexión con un preliminar aludiendo al valor del arte es, evidentemente, porque malignamente ya habíamos inserto un cuestionamiento más o menos revolucionario en nuestro proceder.

Cuan difícil es la metafísica y cuan complejo evaluar su importancia.

Sistemas formales le dan valor a lo que se guarda en forma y omite el contenido. En el fondo, cuando vas a hacer un examen, basta con poner tu nombre arriba a la derecha, el título, el subtítulo, pongas tres claras separaciones con el mismo volumen en palabras de modo lo suficientemente visible, (un doble párrafo), uses de una letra que se pueda leer y procures no hacer faltas ortográficas. A niveles de trabajo eso implica que seas puntual, lleves una corbata, estén las oficinas limpias y estén presentadas las cuentas en hojas de Excell. Etc. Gana un juicio quien ha conseguido hacerse con los formatos de la corte (que cuestan un tanto) y no presenta su denuncia en forma de garabatos sobre un papel arrugado.

Quizá sea difícil evaluar el contenido. Porque hace falta algo de capacidad de juicio que es la habilidad por la que se subordena un hecho a un párrafo, una ley, una ordenanza. No puede ser que diga la ordenanza municipal que las bolsas de basura deben ser azules el miércoles y que luego pase el camión de la basura por la calle zeta y digan, da igual, porque pagan muchos impuestos estos. El juicio debería subordenarse al hecho y el hecho es lo que es con respecto a la ordenanza en cuestión.

Un examen debiera evaluarse según criterios y un juicio juzgarse con respecto a hechos y leyes. El trabajo se mide de por el rendimiento dentro de sus diferentes parámetros, etc.

La forma es solo un accesorio que a veces es necesario y otras, no.

Delimitar una problemática es situarse en algún lugar que se exprese con respecto a cierto tipo de cuestiones fundamentales. No es lo mismo estar dentro del ‘alguien ha dicho que se lleva el azul y lo pintamos todo de azul porque vende’ o dentro de ‘el mismo planteamiento sobre el valor del arte conlleva el derrumbamiento de las formas’. El hecho de situar una problemática en su profundidad contemporánea es lo que le da valor a algo, porque ya no estamos elucidando si el hecho de insertar un movimiento de pie en una estátua conlleva necesariamente el derrocamiento de los dioses ancestrales. Vale aquello porque significa lo que da valor, aunque se suponga que ya hemos pasado el escollo. Si hoy te planteas lo mismo, simplemente se reirán de ti aunque puedas aludir a lo que hizo que tuviera importancia porque de ello apenas queda nada hoy.

Había que devolverle el valor a lo gratuito, también, sin pasar por idiota al mismo tiempo, si posible.

Este tipo de elucidación, por ejemplo, es solo posible si disciernes muy claramente la diferencia entre el ámbito privado y el profesional de tal suerte a que el espacio que abres en tu vida privada se hace expresión en aquello que decides intercambiar por un par de melones o cocos al mismo tiempo que intentas situarlo en un lugar que te parezca socialmente adecuado.

Es cierto que Modigliani todavía no había pasado de la fase del melón por el lingote e intercambiaba sus obras por nada o solo una barra de pan o una botella de absinta. Algo bobo, desligado, ausente de si que es parte de lo que fascina en su obra y que sin embargo claramente alude a un exceso de tontería. Dentro de lo que eres, debieras ser (me digo) también el reconocimiento de muchos esfuerzos nimios en apariencia que han marcado la historia de tal suerte a fijar sociedades enteras en estructuras definidas. La determinación del valor, y pues, del valor propio es parte de una herencia que negamos cuando no sabemos respetarla en sus implicaciones para nosotros.

Lo que no implica que nos demos más valor del que tenemos.

Yo nunca he vendido nada por lo que escasamente he resuelto el problema en lo que me concierne aunque, como de costumbre, pase largas noches meditando sobre el tema. El asunto se vuelve más tenaz y se agudiza en su necesidad de ser resuelto cuando te planteas que debieras de una vez por todas dejarte engañar por las pretensiones de alguien a que le perteneces ya que, quieras o no, tienes que respetar ciertos canones sociales establecidos que implican que saques la tarjeta de crédito y la parafernalia decorativa para hacerte ver, tan siquiera.

Claro que también puedes hacer proliferar tu nombre por internet, pero eso es un poco hueco.

Para Tula los imperdibles valían inmensas fortunas que apenas se comparaban a veleros llenos de lingotes. Cuanto cuesta? Doscientos dólares. Es un modo de intentar seducir a alguien a entrar dentro de los dominios de Tula, cosa que puede hacer zozobrar aun más la ya bastante caótica situación social.

Había alguien que cobraba dos veces más a los ricos y luego, así, le cobraba la mitad a los menos pudientes.

Para determinar mi propia valía, decidí bruscamente un día no venderte el cuadro de Hannah aunque sabía que te interesaba incluso más que yo.

No, es que a mi no me va a decir nadie cuanto vale esto. Es tanto y si te gusta lo tomas y si no, lo dejas. Este no se vende por el momento. Tendrás que venir a verlo.

El día en el que se cristalizaron mis estructuras de entendimiento en un ente social – aunque fuese teórico, por el momento – que era necesariamente un negocio, sentí una inmensa felicidad. Yo, porque era yo, tenía que ser de modo claramente comercial aunque ello comprendiese mucha filosofía. Aunque tardemos muchos años, debiéramos ir hacia eso mismo que nos significa que, después, forma el referente para todo el resto de lo que hacemos.

Es lo mismo cuando escribimos algo. O cuando hacemos una foto. Tienes que llegar a un sitio que determine una esencia a partir de la que lo de antes era un caminar hacia ella y lo que viene después, las facetas desmultiplicadas de lo mismo.

A priori estimo, con ligeras variantes, que no se puede empezar a vender antes. Para llegar ahí donde debiera llegar algo, faltas tú. Una vez que hayas venido se le podrá poner precio a todo porque su sentido se habrá proyectado hacia fuera. Lógicamente tengo que tener cuidado con quién seas. No sea que se distorsione la intuición primera.

Extrañamente eso no subjetiviza los precios. Solamente los ordena dentro de un sano equilibrio. Es decir? Que si las formas pierden su valor universalizante lo que valía ayer no valdrá nada mañana y solamente quien tenga la noción plena de las implicaciones sabrá colocar los precios en su sitio. Habrá que empezar por ahí, porque hasta esa intuición no está desprovista de valor.

Serie palomas 3

LOS MODELOS

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Matthew Lawrence (vecino, como se deduce de las indicaciones de las flechas)

Independientemente de lo que se pueda pensar de la distribución del espacio de la casa, es obvio que la acumulación de vecinos en un mismo recinto teniendo por motivo central una terraza, puede servir para hacer interesantes sesiones de fotos. Finalmente las fotos en boxer le fueron dejadas a Rachel para mañana y yo me quedé con el Goya, tal y como lo tenía guardado en memoria.

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Una paloma que quiso servir de modelo referencial para el resto

Extrañana coincidencia que hace que la cortina de la ventana tenga el mismo corte que la paloma, pareciendo un reflejo.

Referencia: ‘El sueño de la razón produce monstruos’ GOYA

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(imagen de wikipedia)

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Reversión del motivo

Cuando se hacen semejantes fotos se tiene el derecho adquirido de volverse uno un poco snob y decir, por ejemplo: que se logra de éste modo captar la misma imagen de espaldas, ampliando la dimensión de la misma.

Goya 20 peq

doble verticalización del motivo

Goya 21 peq

La verticalización es un cuestionamiento. Si ‘el sueño de la razón produce monstruos’, entonces genera locura. El mensaje implícito del grabado de Goya, que muestra a un durmiente muy plácido, puede fácilmente convertirse en un gesto de ‘locura’ que guarde los mismos elementos primordiales. De hecho, si faltase, como es el caso de la foto, el mensaje escrito, sería difícil discernir el sentido en si, aunque parece revelarse de por el gesto cuando este se ausenta.

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