Djenghis Khan querría al cabo de 1.000 años, 100.000 mujeres para sus hombres, que fuesen de su estirpe y raza y le contestó el señor von Speth que serían aquellas que de sus hombres se enamorarían, porque así se reconocerían que eran de su estirpe, y raza adquirirían de por el hecho de que sus hombres las reconociesen, diseminadas entre todas y disimuladas para no darlo todo por hecho. “Rápido aprendes,” dijo Djenghis Khan, “Acaso tienes hermandad con mi adivina?” “Es posible,” dijo aquel, “pero nos pesa mancha.” Después Djenghis Khan se sumió en cierto silencio y dijo tras alguna meditación: “Mucho poder tienes, porque hay verdad en lo que dices. Pero dime, cómo lo harías?” “Guardando solo en mi la enseñanza que me das, lo tuyos se reconocerán por ella.”
Por aquellos días, las cosas aparecieron a mi mente con gran claridad, ordenándose rápidamente según la nueva evidencia. Hice algún cálculo y puse todo lo anterior en su sitio, pues había cosas que me resultaba confusas e imprecisas e incluso alguna que debiera desecharse.
El señor von Thurn und Taxis había dicho que el Estado Mayor no se responsabilizaba de mi porque decía que no acataba órdenes, aunque orden no hubiese habido ninguna, sino solo que el señor von Thurn und Taxis había perdido un galón por decir imprudencias, y que él había pedido que me retirase, lo que se hace con soberanos a los que aun se forman. Me dijo además que la ONU no reconocía nuestras órdenes aun y que se me podían denegar ciertos derechos derivados de la realización de mis misiones si se me acusaba de temeraria. Y me reí. “No cupiese ser temerario si no hay temor, pues es temerario aquel que sintiendo temor y no queriendo reconocerlo, se impone la realización de cosas que no puede, recurriendo a menudo a la violencia, pues ciego, o la treta, pues falto de inteligencia.” Y yo no resentía temor alguno, más bien todo lo contrario. “Es de necesidad que el descubrimiento de aquello que nos falta en su belleza venga acompañado del terror que hace barrera entre lo que eres hoy y lo que puede ser mañana, pero veo que puede más aquello y medios tengo para superarlo.” “Aun la muerte?”
Habíamos pedido un apartado, a lo que teníamos derecho para discutir cosas nuestras, pues había habido queja de Francia de que yo estaba en posesión de un secreto de estado, obtenido de modo lícito, y aunque no se encontró falta en mi, se había dicho que en Francia, se podía recurrir a la pena máxima en caso de que se estimase la nación en peligro. Y había asustado a aquel por lo que pedí la reserva. Y aunque debe haber testigo, hablamos esta vez en alemán, por lo que nadie entendió lo que decíamos y dijimos que hablábamos godo, para que no buscasen la traducción. Ya que debían discernir primero que era el godo habla o modo, aunque no idioma. Y buscar el traductor correspondiente, que no había. “Para empezar,” dije, con cierto deje de humor, “los secretos de estado constan en algún sitio, que hay ir a buscar con mucha llave y conocimiento, teniendo cada cual los suyos y mucho misterio para verificarse. Y no puede haber secreto en un hecho que se acaba de producir. Además no se protege por las correspondientes leyes, aquello que encubre o delata acción criminal, y es crimen no responder por lo suyo, que es lo que están haciendo. Y aun siendo, debe preceder juicio para someter a penas mayores, y si no hay, solo dios dispone de la vida del hombre, pues lo contrario anula el estado de derecho. Y. Desgracia. Para juicio hay que revelar con precisión la naturaleza del crimen – ya me lo he aprendido todo -, lo que implica revelar la naturaleza del secreto, para que se pueda contestar que no lo es, de esa naturaleza, y poder probar después que hay negligencia, por lo que no cabe pena. Y no pueden hacerlo, para no revelar el secreto.” Se rió. Y se reía tanto que no decía nada. “O sea que ganas juicio.” “En todo caso.” “Y no pueden matar sin él?” “En ninguno.” Y seguía riéndose.
Asumió defender mi posición, en ese caso. Pero preguntó qué haría si se desistía el Ejército. “Oh,” contesté, “no debería ser eso mayor preocupación, pues así nos ganamos al Ejército e imponemos razón. Antes dudaba, porque juzgamos a los que se encuentran a nuestras órdenes por sus oficiales, pero he visto cómo actúan, cómo manejan, cómo tergiversan y cómo aparentan y podría afirmar que se construyen dos órdenes, habiendo puesto todo en su debido sitio. Pues los americanos reconocen al Gotha como comandante en jefe, por escrito, lo que prevalece, y algunos creen que el Gotha es el Estado Mayor por lo que hay ingerencia de nuevo, por esa vía. O sea que se encuentran aquellos que entienden de orden y aquellos que entienden de ingerencia, cada cual creyendo lo que cree en lo que le incumbe, y así se separará el pueblo en el que se reconoce en si, y lo que se deja influenciar. Y nosotros hemos formado el IDID para remediar a un error que puede tener mucha consecuencia, para cuya formalización efectiva hace falta un soberano, que de orden a la ‘tribu’, de salir de su estado tribal, para integrar órdenes civilizadas o así llamadas, lo que en todo caso, nos da primacía sobre el Estado Mayor que está en estado de insurrección y sublevación por no someterse al orden nuestro, ya que somos de por la fuerza que ocupaba, comandantes en jefe, en forma de tienda tribal sobre el resto. Al no haber soberano reconocido, no recae la responsabilidad sobre nosotros sino sobre aquel que impuso ese orden, que son los EEUU, a cuyo orden nos sometemos, en lo que afecta lo acordado, pero no a orden, puesto que nos dieron libertad en la gestión. Y si un día exponemos nuestras razones, puede que por esa única razón, nos acuerden lo que buscamos, de por consenso restringido a aquello que ellos determinen, pues ese derecho tienen. Pero podemos solicitar extensiones, si con ello favor les hacemos. Y mientras tanto, ni los EEUU pueden de por derechos internacionales consensuados, impedir el ejercicio del poder que ya tengo afectando solo el derecho de familia y decir de mi raza y estirpe aquella que de cierto acuerdo nazca, solo en Alemania, y a partir de ahí para lo que se tercie, heredera de mi nombre y de mis funciones. Ahora reconozco ese poder, de por si aun limitado, pues antes no lo veía ya que no tenía ojos para ver las diferencias, lo que debe preceder antes de asumir aquello a lo que se da asentimiento. Más solo ese, por el momento. Y soberanía de tierra aun existe, cuando se tiene derecho diferenciado, aunque no apliquen las leyes territoriales por no haber estado, al que no podemos pretender, por el momento.”
El señor von Thurn und Taxis preguntó que otras cosas nuevas habían surgido del nuevo estado de las cosas, pues había constatado con gran asombro que al escuchar mis palabras, de hecho se había determinado una nueva inteligencia en su mente a la que podía dar su entero consentimiento. Los von Thurn und Taxis tienen el derecho de asentir sin dar necesariamente su pleno asentimiento. Por eso siempre los mandan para negociar, porque saben la diferencia, y los von Speth dicen que sí o que no, y no cabe nada en medio, por lo que se los estima de difíciles en el trato con el extranjero.
Dije que al considerar las cosas desde esta nueva perspectiva había visto claramente lo que era trampa política y podía definirlo de por el ejemplo, lo que se me atribuye, (como he hecho), pero también que Alfonso XIII no estaba loco y que había causa de guerra con España por la segunda guerra. “Se llama causa belis represalis, o algo así, como represalia por lo sucedido con anterioridad, considerado en su conjunto. Y esas guerras no se compensan por medio de finanzas o favores, porque tercia por medio la honra.” Me pidió que lo explicase, pues de hecho había mucho cuestionamiento en cuanto a las taras hereditarias y si eso podía invalidar lo que yo era. “Más invalida a otros en sus pretensiones,” dije, “pero no a mi, porque de razón dispongo en mi nueva especie, que debo justificar debidamente, y ello lo afirmo con seguridad, pues lo he visto y justificaré, con lógica y ejemplo, pero otros también lo verán de por si y mi comportamiento.
Alfonso XIII no puede ser considerado psicópata porque afirma que no resiente placer en el crimen, que es la característica esencial de este, sino más bien que le hastía, lo que implica que tiene libre albedrío, que es lo que define la razón. Y aunque se pudiese afirmar que manifiesta extrema clarividencia en la evaluación de si mismo, es de razón moral, cuando se constata falla en el pensamiento, de hacer como que se ‘pisa’ esa realidad que se concibe de si, para sacar del hecho de la clarividencia, aquello que determinase nuestro destino a partir de ese momento. Lo que no hizo y no quiso hacerlo, y es prueba la misma clarividencia, la que por su presencia, implica un mejor que de ese modo no puede negarse, y se rechaza en cuanto a sus implicaciones, por regodearse, como él bien dice, en la auto contemplación de uno mismo. Y yo entendía que era eso a lo que se refieren los profetas cuando dicen que debe el hijo apartarse del camino de los padres, cuando estos yerran, para que no les caiga falta. No hay locura en Alfonso XIII, que es lo único que se puede alegar en estos casos, para inocentar a los pueblos, porque hay locuras muy seductoras. Mi madre,” seguí, “está loca, porque la mujer no se sustenta en palabra sino en intuición, y habiendo heredado de lo suyo, de lo que yo me aparto, no tiene instrumentos de lógica que le permitan hacer las diferencias, provocando un mejunje en el alma las palabras de aquel y lo que heredase, que no tiene medios de limpiar, al ser además, idioma de maricas, que es desconocido en cuanto a su definición, área de aplicación y significado preciso. Los que de ella heredan, se diferencian de por ese mismo modo, pudiendo decirse que mis dos hermanos son culpables de falta que cometiesen, al tener la responsabilidad de elucidar el asunto del que heredan, sin cometer crimen, y si no lo hacen les recae culpa. Mientras que mis dos hermanas esperan a que se elucide, y si se hace y no recapacitan, les recae la culpa de los crímenes que pudiesen haber cometido, y si recapacitan, igual pagan por sus crímenes si hubiese, pues pueden considerarlos y responder por ellos aunque yazcan en el pasado, y si lo hacen, tienen la vida salva, aunque mueran. Y pueden pretender en cualquier caso a alguna situación atenuante o muy atenuante, lo que no concierne crímenes mayores, aunque sí la complicidad en estos, que se considerase para evaluar la situación.
Y además, por lo que dije con anterioridad, veo ahora que es mi padre de madre, y mi padrino, el padre, mi madre, en realidad, no siendo sino el anhelo de la señora Méndez de encontrar solución a tan ingente problemón, como lo llamaba. Y coinciden los testimonios, por lo que se les puede dar credibilidad ya que de ellos, todo resulta. Siendo yo fruto de lo que ama en su posibilidad, como lo que anhela, más no realizado, que es lo que siempre me aparece a los ojos, que es como posible, sin ser, y siempre muy distante en cuanto a su realización. Y coincidiendo además con lo que resulta, que soy yo, se puede afirmar con determinación, que en mi, hay posible fruto en los tiempos de aquellos que no se quieran decir ‘higos’ para identificarse.”
Mi padre había llegado a la misma conclusión. Pero quería saberlo y dijo que se retiraba del mundanal ruido, como la señora Méndez, para adquirir la evidencia de por si, y que si lo conseguía, me encontraría ahí donde estaba Olabarrieta, aunque no lo conocería, porque le había dado mucha envidia el que se dispusiese a salir corriendo para ir a buscarme, cosa que a él ni siquiera se le había ocurrido.
Entendí además que las catástrofes universales a las que había concluido George Bush, tenían por causa real, y lo veía entonces al revés, dos cosas, que Djenghis Khan había amenazado de mucha amenaza si no se cumplían los acuerdos, y que no se habían reconocido cuatro hijos de dios. Y me apareció toda con harta evidencia. Porque al que llaman Cristo, decía que no era de esta tierra su soberanía, por lo que aludía a tierras del alma. Y si esto se hubiese reconocido de algún modo, se hubiesen visto a los suyos, de los que se reclamaba Djenghis Khan, el sultán de Turquía y la descendencia de la reina de Sabah en el Pakistán. Estimándose ridículo, aunque las escrituras lo apoyan diciendo que serán llamados Hijos de Dios, aquellos que guarden su palabra (San Juan) y como he querido demostrar en diversos escritos, la palabra no solo se repite, sino que se divulga de diversos modos, por lo que son aquellos lo que son, aun no sabiendo decir el nombre de aquel en el que son. Y siendo aquel único y primogénito, podían aparecer otros quienes de por su apego al mismo principio soberano, que es el decirse en palabra, para formar destino exterior (camino) en evidencia verdadera, deben ser dichos por ese apelativo. Lo que no significa a su vez, que sean ‘perfectos’ sino sujetos a su humana imperfección en la tentativa constante de alcanzar un bien mayor que se funda en el principio. Le expliqué al señor von Thurn und Taxis que supe cómo había sucedido en el caso de Djenghis Khan tras alguna reflexión, pues lleva la memoria huella ancestral y el hombre, al crecer, busca apoyo en lo que lo sustenta de por la biología, y al no poder aquel, se puso a pensar a su manera. En ese pensamiento reconoció luz en lo que le decía mujer, y fundó órdenes nuevas y curó a los suyos de sus pretensiones y los hizo partícipes de lo suyo. Igual que aquel. Pues lleva el soberano que de ese modo se presenta la tara heredada por una raza, pueblo o nación, dándole nombre para permitir que los suyos en ello se desarrollen. El dijo que los suyos eran unos mentecatos que querían espacio sin extenderse en el tiempo, y les había dado por tarea el quedarse quietos y esperar durante mil años a ver si era más bien lo que decía él y no lo que ellos querían figurarse. Y ellos también recuperarían su inocencia, cosa que parece inspirar algunas partes del Corán, pues también tienen doncellas prometidas al entrar en el paraíso, que es la inocencia, en la tierra como allá, por lo que se puede considerar que los mongoles y los árabes son aliados de esencia. Pero cada cual a su manera.
Y me dije de esa soberanía para mi pueblo, aunque no para los germanos, sobre los que nosotros teníamos el derecho de echar nuestro manto, según nuestras tradiciones. Pero nada más.
Como mi madre refunfuñaba y decía que ella no tenía herencia, le dije que ‘ella heredaría de su propia hija y que se esforzase mucho, y buscase al padre con mucha precaución, pero no al físico que estaba ocupado con otros asuntos, sino al real y que algunas malas señoras se quedan sin hijos aunque paran, y debía asumir eso en el peor de los casos. Pero que si lo lograba antes de que le quitasen la luz, se tirase a los pies de quien correspondiese y pidiese linaje nuevo para su familia, que sería si quería, Checa y Molina, a lo que aspiraba, con padre o sin él, pues ‘a ellas se les permite no presentar padre, aunque sí tienes que decir quién es con las explicaciones correspondientes’ y habiendo elucidado la cuestión, no transmitiese tara de por la biología sino que habiendo definido claramente la característica correspondiente, procediese a designación, lo que caracterizaría al nombre y si podía, podía decir que había recuperado y que no pesaba crimen sobre su nombre sino solo confusión.
Era responsable de otorgar títulos, la señora Méndez, por privilegio que se había acordado sola con el permiso de todos, lo que fundaba la pretensión a soberanía. Pero no se lo dije. Aunque se lo dije al señor von Thurn und Taxis con la indicación de dejar caer alguna cereza o clave por los lugares para que resolviesen la cuestión a solas, como se debía, y así por lo menos, evitarles la hoguera o la mazmorra.
Yo veía que mi hermana Karen era su hija, y así se me hizo saber, mucho más tarde, cuando ya no me acordaba de nada, pero tampoco me incumbía, porque son asuntos de familia ajenos.
Por los otros, debían encontrar techo en quien tuviese derecho a echar manto, como es el caso de los caballeros aunque son órdenes antiguas, por lo que mi hermana Ana fue puesta bajo aquel de su marido, dándole nombre a aquel si conseguía formar linaje de por la elucidación de lo que significase no tener ni madre ni padre, pues el segundo bien común, más el primero? Y aquel dijo que sería gitano su hijo, lo que hasta pareció una solución, pues no tiene la madre tierra, como quien es gitano.
Y le devolví el título, que era de caballero, pero no a ella, porque no tenía seguridad, para órdenes nuestras, que es de familia también, pues se había deshonrado en su tiempo al no saber lo que era echar manto y quedándose en lo que se llamaba San Martín, dividiendo capas.
Y auguré que a los otros dos les esperaría la muerte o la cárcel de por crímenes que yo ya conocía pero que las sociedades formulan a su manera.
Y que pensaba que Cristo se llamaba Jesús o Josué porque se había metido en rangos de guerra para combatir la pretensión de este, quien sin lugar a dudas era marica, siendo él Emmanuel, que es dios con nosotros, para aspirar a mujer, una vez resuelto tan ingente entuerto.
Dijo el señor von Thurn und Taxis que le parecía ingente la cantidad de esclarecimiento de muy difíciles causas que se había obtenido de por la nueva evidencia y preguntó, si eso era religión y cómo se fundaba, pues él en eso mismo creía, de la misma manera. Y contesté que ya veríamos porque eso era muy complicado y normalmente implica guerra, por lo que por el momento, y le dije que era verdad emanando de evidencia en cuanto a su finalidad, y algunos lo reconocían en persona identificada y otros no, debiendo hacerse con precaución las diferencias.
El imperio no ve mancha propias en crímenes ajenos, pues es mucha su responsabilidad y muchos caen en la tentación de elegir el mal para molestar solamente, sino que más bien le honra el saber elucidar sus cuestiones para que otros por ellas guíen sus asuntos, sin ser ni ejemplo a seguir, ni pauta ni norma, sino reflejo del libre albedrío de cada uno.
El señor von Thurn und Taxis preguntó si no me atemorizaba el no contar con el apoyo del Ejército y dije que no, que más bien me alegraba, por quitarme de la conciencia un problema de muy difícil solución y que yo, por tradición de familia, contaba de por si, con el apoyo del pueblo. Y no me infundían temor las pretensiones de otros.
Seguía siendo lo que era antes: agente militar dependiendo del IDID, en el programa SEDA y agente de paz en la ONU, persona soberana de mis gentes, con derecho sobre el derecho de familia y ciertas pretensiones sobre una torta de nata con guinda. Quizá madre en padre de mi descendencia.
Hubo querella porque d’Urso reivindicó de ese modo la primera, lo que se le negó, por haber sabido resolver su enigma sin saber insertarlo en contextos más generales adecuados, y copiar sería copiar y no valía, por lo que era la chiquilla de Francia, llevando su nombre en segundo lugar, porque así se determinaba en esos casos, y precediendo el de la madre al haber querido darle solución, precediendo esta sobre el hecho. A lo que accedió. Y agregó que le daba lo suyo, que era el título ‘No conoce usura’ para que se lo recordase en los tiempos de por su anhelo también, pues a más no pretendía. Y para que no hubiese disputa, dijo que él era tutor de ambas hasta que yo volviese, y si hubiese impedimento, para siempre, guardando a las dos, como suyas propias. Y dijo que si yo volvía, él moriría porque así se quería, y que eso le satisfacía, pues era verdad cuando estaba asegurado de llegar a donde debía, y él ya lo estaba.
El ejército retiró su presunta protección, que no eran nada más que medios para espiar lo que hacía y el señor von Thurn und Taxis preguntó si él debía seguir en la proximidad, y le dije que no, que me molestaba porque sabía que tenía que llegar a lugares donde hasta él dudaría de mi cordura, y no quería que dudase, y que por eso no ponía impedimento, aunque pudiese, a ciertas soluciones fuera de la ley, pues debía alcanzar un punto tan bajo del inconsciente que casi era materia, para encontrar solución que se dijese definitiva, para lo que más bien el mal ayudaba en vez de ponerle impedimento. Y me reía.
“Tengo ángeles y tiempos muchos, que en lugares a los que ni la memoria alcanza, guardan para mi lo que sucede y me lo devolverán en su tiempo, lo que no es ni imprudente ni temerario, pues lo justifico, lo que implica prudencia incluso en su necesidad, lo que es razón. Y que ellos hagan lo que entiendan pero que sepan que lo ilegal es criminal y conlleva consecuencia, que yo no pido, ni admito, ni tolero, ni cedo, ni accedo al crimen, sino que asumo lo que me toca y es cada cual responsable de lo que hace de por el libre albedrío y mi deber, denunciar el crimen y no encubrirlo, sino evaluarlo en cuanto a sus implicaciones para poder decidir lo más propio.”