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Una camisa de fuerza

Al final solo quedaba que con tan resuelta protesta, se terminase por ayudar, al menos teóricamente, a resolver una compleja situación sin salida, y que probablemente está al origen de más de un factor caos constatable en la venerable República.

Veamos por qué, aunque sea a vuelo de pájaro y sin demasiada precisión, pues siempre hay que saber incluir posibles variables dentro de un análisis.

Las europeas organizaciones políticas suelen ser bikefalas, a dos cabezas, como inspirándose de los emblemas imperiales rusos. Un canciller y un presidente (Alemania), un presidente y un primer ministro (Francia, Grecia), un rey y un primer ministro (España, Inglaterra) porque siempre necesitas un respaldo o quizá garantía, o también se dijese, un principio constante. Es decir que se debe poder incluir dentro de una estructura estatal la posibilidad de un cambio sin que ese cambio resulte en un anárquico despedazar de lo anterior. O sea que normalmente se fija una Constitución, que sirve de principio de gobierno, fijando las pautas de gobierno. Toda ley, todo gobierno debe referirse a la dicha constitución y derivar de ella. Se dice anti constitucional cualquier ley o acto que de modo directo o indirecto pusiese en entredicho la validez  o se encontrase en contradicción con alguno de los artículos.

Si algún día se constatase que los artículos comprendidos en la constitución son insuficientes, es de necesidad el disolver la asamblea. Disolver la asamblea significa el no tener cabeza de gobierno. Durante algún tiempo el ‘poder’ recae sobre la segunda figura a la que normalmente se le deja poco espacio para respirar mientras todo transcurra normalmente, aunque debe dejársele el espacio de asumir toda función de poder durante ese periodo de tiempo, lo que incluye el mando sobre las fuerzas armadas (España.)

Seguidamente se encuentran los medios para formular una nueva constitución, se hace un referendum que la apruebe o no, y se hacen elecciones nuevas, de tal suerte que vuelve a esconderse el segundo poder en la oscuridad tras lucirse durante ese breve espacio de tiempo.

Alemania se vio confrontada durante el periodo de pre guerra a un abuso de poder de lo que fuera esa segunda instancia, de canciller, produciéndose un fenómeno dictatorial justificado por un estado de urgencia – que también es muy subjetivo.

Consiguientemente, cuando se volvieron a intentar las pautas democráticas, se le quitó todo poder ahora al presidente, que debiera asumir un rol simplemente representativo. Consecuencia: es imposible disolver la asamblea y la Constitución se parece ya a la estatua del cuento de Andersen cuya hojas doradas son progresivamente retiradas por la golondrina. Eso produce el efecto de disolución, es decir, de falta de referente fijo que implicase un movimiento definido permitiendo la expresión de un principio nuevo, dentro del cual se guardase parte del cuerpo de leyes ya existente que no causase fricción, agregándose a este, otras nuevas.

Para disolver la asamblea, hace falta cambiar la Constitución. Para cambiar la Constitución, hace falta disolver la asamblea. Un círculo vicioso que impide que se haga factible cualquier cambio esencial, pareciéndose mucho a … una camisa de fuerza auto infligida.

Qué hacer? Empieza a ser obvio que la congelación del sistema económico dentro de la Constitución misma, impide pensar cambios que se hicieran necesarios vista la situación actual y que además, la actual parece promover una oligarquía que puede tomar auras dictatoriales al menor descuido, y que además, ha permitido que se lanzasen impunemente insultos contra por ejemplo los EEUU desde la misma asamblea, entre otras muchas cosas que si se tomasen en serio, formarían una larga lista de casus belli por ingerencia en asuntos internos de países extranjeros, por dar ejemplo, lo que parece implicar que no hay medios suficientes de control sobre órganos derivados cual fuese el ministerio de asuntos exteriores.

O sea que no hay otra salida que el caos o la guerra, el primero por implosión y el segundo por explosión permitiendo la reformulación de un cuerpo político nuevo.

A no ser, sí, a no ser que el Ejército se tomase en serio mi propuesta. Por lógica: lo que es de derecho es legítimo, y lo que es legítimo ejerce de por si poder, sobre todo si no tiene por qué someterse a legislaciones existentes. Si yo disuelvo la asamblea, relego el poder  sobre una cámara interina, que fuese, y aun se puede decir que gracias a Dios existe, la cámara de Lores o Adelsrechtausschuss, que de ese modo pudiese oficializar la disolución y tener el poder necesario durante el tiempo preciso para no dejar el país sin gobierno mientras se formula una nueva. Dado que la cámara de nobles es de muchos, poco peligro hubiese de que a alguien le diesen veleidades dictatoriales, sobre todo, si se somete el cuerpo a un estatuto electivo, con alguna figura representativa, retomando seculares tradiciones alemanas.

Y se acabó el problema: ni reyes ni emperadores, no fuesen sino simbólicos, sino un resguardo fijo, no elegido, que permita que se operen transiciones cuando ello sea necesario. Ya que están ahi, por lo menos que sirvan para algo.

La estructura de poder, dentro de esquemas generales fijos con ligeras variables, que permiten el insertar una nación dentro de un conjunto de naciones, tanto de por su naturaleza política como financiera u otra, debe empero corresponder a una identidad propia, que formula de ese modo su razón de ser, propósito y finalidad.

La identidad, un complejo concepto que se vuelve casi difuso cuando se habla de naciones, tiene sus raíces en lo que se pudiera llamar un fondo psíquico, y si no se quiere aceptar semejante término tan obtuso, en un modo propio de ordenar la realidad sujeto a esquemas de entendimiento particulares que no debieran olvidar que nunca se está solo en el mundo.

Los poderes civiles suelen apoyarse en legatos de iglesia para ser, aunque terminen por desprenderse de estos, porque solía esta proveer los fundamentos morales y las justificaciones que el poder civil no puede ni debe atribuirse.

Cuando por particulares circunstancias un modo de entender ni cuaja dentro  ni deriva de una teología particular, es de necesidad el formular una propia que no haga, si necesario, sino decir lo mismo que las otras, pero a su manera, es decir, volviéndose inteligible para los concernidos, y que a su vez, justifique el poder civil. Lo que es el caso de Alemania.

Bien puedan decir otras naciones que quedase obsoleto el fundar naciones sobre teología hoy en día, pero eso resulta fácil cuando se lleva una herencia de siglos sobre los espaldas que ha incluso allanado el camino a una neta separación de ambos campos, pudiéndose decir empero, que esta separación sigue reposando sobre adquisiciones anteriores.

Es pues de necesidad el operar dos ajustes al tiempo: ‘como si’ hubiese habido una teología propia, una expresión separada y civil de la misma en tanto que derivado. Este fondo permite el estructurar una sociedad de modo propio, y ningún otro. Pues sea de ley que hay quien creyese y una sociedad debiéndose basar en el más amplio espectro de creencias o entendimientos, y los hay quienes no lo hagan, y eso debe considerarse también e incluso prevalecer por no imponer creencias a quien no hubiese podido adquirirlas.

Aparece casi netamente que si Alemania no pudiese jamás admitir los dogmas del filioque, la transubstanciación, la inmaculada concepción de la Virgen, o la infallibilidad del papa, es decir, todos aquellos aqquiridos después del primer cisma con Constantinopla, pues produciendo graves perturbaciones dentro de la misma esquematización de la realidad debido a su modo particular de entender las cosas, no puede ajustarse tampoco a un credo digamos bizantino u ortodoxo, porque lleva intrínseco un movimiento de avance, que, si no es regularizado a través de un dogma adecuado produce, en movimientos de represión, huidas hacia delante como se ven desde 1870 con incómoda constancia, proviniendo en este caso, el bloqueo de un cambio de una corriente filosófica kantiana, que parece retomar esquemas fundamentales arianos.

Dentro de un modo singular de comprender las cosas, se producen circunstancias que pueden ser ejemplares incluso para otros, y sin acordarse específicamente con nadie, encontrar aspectos de comunicación con otros.

Y solamente de este modo se podría pensar que una estructura plasmada en una Constitución, siendo adecuada al pueblo alemán en si, pudiese garantizar la estabilidad interior y la paz exterior. Lo que precisaría de un periodo de transición, durante el cual sería necesario de debidamente aislar la nación de su contexto.

Es cierto que en ciertos momentos, las fuerzas armadas manifiestan su razón de ser y que sirvan para algo también.

Y eso sin instigación, por simple aprensión espontánea de una situación determinada.

Y el resto se pudiera ir analizando. Aunque, si se aceptase semejante solución, raclama el Frauenadel para si el 1.5 de la imposición de estado, actualmente transferidas sin mucha razón de ser, a Roma.

wappen-peq Ich, Emperor

SK von Speth und zu Schülzburg

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de un correo electrónico enviado a C Fernández el 10.01.2009

“Mientras tanto he producido un hecho histórico, disolviendo Alemania, no sea nada más que para desviar la atención, es mucho más divertida semejante eventualidad que las guerras en Medio Oriente (le tendré que hacer un favor a Sask, soñé, fíjate, poder estar en la obligación de conceder un alto al fuego cuando la fase uno todavía no ha terminado, vaya desaguisado – francamente quería ver si realmente conseguía pasar a la fase tres, si había…). Total, te cuento: desarrollé una hipótesis muy divertida de la que ya habíamos hablado muy a ráfagas y con ventisca en 1992, es decir una intuición que cubrí de palabras no necesariamente muy apropiadas, cuando la Gregoria * insistía en su complot contra el Estado de Israel y estaba a bien de suponer que se trataba de un plan más global y generalizado, que en Mersin llamé “es gibt emperor” (hay emperor), dentro del pensamiento siguiente: si Alemania tras los sucesos de la segunda guerra no tomaba frías distancias con la política francesa de Medio Oriente, vería razón suficiente para hacer prevalecer derechos, que entonces, con una treta lógica, ya vislumbraba, porque bien está someterse a los estados hasta que estos por su irresponsabilidad terminan por involucrarte en cosas de las que te arrepientes luego para el resto.
Se me olvidó y no creí que pasase a mayores, mientras que con un atisbo de burla, admito, seguía trabajando en la eventualidad de una reconciliación teórica con Israel y mi ácida animosidad hacia Francia. Cuando recordé nuestras conversaciones a partir de Capadocia, me hizo gracia, no fuese sino por la brillantez de la demostración y lo hice tema de la tercera parte “The seahorse”, y ahí estaba, con carta a la cámara de nobles incluida y más malignas tretas “no tuviera implicaciones”, decía, hasta que las tuviera, no dije, y sigue una demostración sobre la ley retroactiva y una explicación según la cual desde el momento en el que te atribuyes el derecho de legislar, no fuese sino sobre la atribución de un título, por legislar, ya eres “estado”, y le decía a Hannah que acabábamos de inocentemente disolver la Bundesrepublik, por vía de golpe de estado a priori. (Y me reía mucho.)
O sea que ayer, – admito que se me estaba subiendo la mostaza a las narices, recogiendo modismos franceses, viendo lo que se estaba viendo – no pude sino hacer un llamado a la nación alemana para que tomase distancias de todo aquello que pudiese despertar enconos que recordasen más espantosas participaciones a crímenes contra la humanidad. Y me revestí de mi título, que es, por ser de lógica y a priori válido en si sin precisar de reconocimiento (no te enterarás – la carta a los nobles está formulada en alemán, pero básicamente dice que: dado que el consejo de nobles había permitido que mi abuela, la baronesa von Speth Schülzburg, guardase el título después de su matrimonio con el sr Kasten, y que como el título se transmite por ‘lo que nace dentro del matrimonio’ (no afecta adopciones), pero quedándose fuera de la ley sálica (válida en Alemania), se podía decir que era y no era y consiguientemente podía generarse a partir de ese hecho una nobleza legislada retroactivamente que fuera solamente de mujeres, proviniendo de la abuela y no afectada por las regulaciones de la nobleza masculina. Como la nobleza masculina no tiene poder legislativo según sus propios estatutos dentro de la República porque no hay, dicen “rey o emperador que lo validase”, aprovecho para tomar distancias históricas con la realeza alemana, alegando que las familias godas originales (que forman el gotha – mi familia tiene un árbol genealógico que va hasta el siglo XI y que luzco en mi casa orgullosamente) no tenían sino rey representativo electo no hereditario, y que fue sometida a la realeza o Imperio austro-húngaro cuando estos se quedaron con uno de nuestros godos e hicieron de ello un asunto hereditario. Por lo que retomo la ancestral tradición germana, niego la realeza que está sometida a un emperador extranjero, y me atribuyo el poder legislativo por esa vía, al estar yo sola y fuera de Alemania. Lo que me permite de formular un esquema primordial de nobleza femenina, basado en un linaje de sangre a dos generaciones que recaería sobre mi tía Ingrid y un linaje de mérito, que me recaería. Habiendo así legislado, me reconozco mi propio poder legislativo, yo a mi misma conmigo misma, y uso de ese derecho para ‘plantar bandera’ en Alemania.)
No digas que no queda bien – y será histórico, por muy anecdótico que sea.
O sea que solo te queda el constituir la equivalente en España por vía de reino de Aragón y tanto monta, monta tanto, y así nos podemos encontrar en los salones imaginarios de recepción cuya mayor tarea sería la de hacer escurrir el bulto sobre la parte masculina, y que sufran un poco.
Después, anulé la Iglesia Católica en Alemania, acusándolos de co partícipes en las crímenes de la segunda guerra por inducción e hice llamado a que se divida la nación.
Me preguntarás, quién conmigo, y te diré, el concepto, que debiera corresponder a las estructuras del inconsciente germánico, atrayendo de por si los estamentos sanos que aun queden, y no deben ser muchos, de la nación. Una bandera hecha concepto que te puedes permitir porque tengo teología propia, lo que permite la generación de un polo de identidad propio, ya que esta además tiene su versión laica o teórica, permitiendo una reestructuración básica global. O sea que renegamos del ‘filioque’ y mantenemos prudentes distancias con Bizancio pues no se acepta el dogma que prohíbe cambios ya que existe la posibilidad de insertar una lógica racional de progreso dentro del conjunto.”

* Nota: durante un viaje a pie de Paris a Jerusalén, en 1992, un miembro francés de la expedición llamado Gregory Leurent, en época de cumplir su servicio militar y habiendo obtenido una prórroga fuera de tiempo por medios desconocidos, reclama para sí el título de sucesor del rey Baldwin, (siglo XI, cruzadas, último de Jerusalén), insistiendo en sus derechos ancestrales al punto de querer involucrar en ello a otra miembro de la expedición, española, la Dra Conchi Fernández, prometiéndole honores si se consiguiese. A pesar de los reiterados intentos de hacerle retirar sus propósitos, declara que en su intento de recuperar el ‘trono’, yo, alemana, debiera servirle de estratega.
Se constató posteriormente que el susodicho provenía de una familia originaria de Flandres, cuyas raíces no llegaban más allá del final del siglo XIX.
 
 
 
 

 

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