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Archive for the ‘Grecia’ Category

“Para quienes estáis preocupados por los sucesos ocurridos en la Atenas de mis desvelos, os escribo unas líneas para que veáis que no sólo no me ha pasado nada, sino que, para más inri, sigo siendo capaz de escribir interminables y soporíferas crónicas de mis surrealistas vivencias en el país donde la Lógica nació, y presta emprendió el vuelo hacia terrenos mejor abonados.
 
Capítulo uno: el sábado no salí, y tele no tengo, así que no me enteré de nada. Capítulo dos: el domingo fuimos a dar una vuelta por la parte antigua de Atenas, por un paseo muy bonito que discurre bajo la ladera sur de la Acrópolis, se llama “de Dionisio Aeropagita”, y se ha puesto muy de moda, dominicalmente hablando, tras su acondicionamiento peatonal para los Juegos de 2004. De hecho, en ese mismo lugar, y salvándose por los pelos de ser uno de los edificios en polémica por si se derriban o no para dotar de vistas al Partenón a la nueva sede del Museo de la Acrópolis, se encuentra la digna e ilustrísima Embajada de España. Comprendo los intereses por que el Museo tenga vistas a la roca, porque su mayor atractivo, una vez se inaugure, será el sangrante vacío de su diáfana sala principal, donde se expone un cartel que dice, más o menos: “esta sala principal del museo está habilitada para alojar los mármoles del friso del Partenón, que se encuentran en situación de expolio a cuenta del British Museum de Londres”. Así se reivindica, ole, y no quemando Zaras.
 
En la parte más alta del paseo, nos detuvimos a recrearnos en la vista de pájaro (o de paloma, que no veas lo excitaditas y caníbales que están últimamente) de la ciudad. Aquello es Patisia, aquello Zografou, el Lykabitós, el Parlamento… ¡opa! Tres columnas de humo negro negro como el plumaje de las ratas voladoras. Fuimos hacia Monastiraki, la plaza del triángulo central de Atenas que inaugura la ciudad vieja, y subiendo por Ermou (calle de Hermes), que es lo que algunos asimilan al Preciados madrileño (y no hay que metaforizar mucho: el 80% de las franquicias que allí se encuentran tienen raíces gallegas o mallorquinas), dimos con varios contingentes de bomberos, turistas, moros, popes, albaneses y policía (lo relato fielmente: todos esos contingentes había). Tres edificios, uno de ellos anejo, oh dios, al servicio de traducciones juradas del Ministerio de AAEE -para quienes estén al tanto de mis recientes úlceras burocráticas-, estaban completamente carbonizados. Yo me agobié bastante y me puse en lo peor, en algún tipo de ataque premeditado, pero K. insistía en que se trata de jugarretas de los empresarios para cobrar los seguros. ¿Todos a la vez? Y es que todas, y digo todas, absolutamente, las tiendas de la calle más comercial de Atenas, presentaban conato de incendio o, el mal menor, varias pedradas en los escaparates. Stradivarious, Camper, Zara, Oysho, Mango, Sephora… todas.
 
Nada hacía presagiar… (es coña). Fuimos a comer a Sýndagma, la segunda plaza del triángulo neurálgico, y donde se encuentra la sede del gobierno, y no diré que al McDonalds… bueno, sí, lo diré, porque es pertinente: si fuimos a comer ahí es porque casi todo el comercio y taberneo estaba preventivamente cerrado. Desde la terraza del piso de arriba (hacía un día estupendo), vimos una manifestación bastante masiva, y el tráfico de la plaza cortado, pero sin indicios de violencia. Qué os voy a contar a quienes hayáis estado aquí, o hayáis seguido fielmente mis peripecias en bandeja de entrada. Llego a seguir viviendo en lo alto de la montaña, y todavía no he vuelto a casa. No exagero. La cosa es que nadie se extrañaba mucho, ni de las pedradas, ni del corte de tráfico, ni de la presencia policial, ni de la mani. Es el pan de cada día en la patria del buen Pericles. Los incendios llamaban un poco más la atención, pero, como podía haber dicho Astérix, estos griegos están de remate, así que arreando.
 
Fue el lunes por la mañana cuando, desde España, me llegaron las noticias de lo que estaba sucediendo. Invocaré al santo don de la parquedad, que me fue negado, y procedo a explicaros. Exarjia (transcrito en inglés: Exarcheia) es considerado el barrio anarquista de Atenas. Linda con Kolonaki, el barrio denominado pijo, y prácticamente, con mi nuevo barrio, Patisia. No es que sea un polvorín de esos que describe Mendoza en la Barcelona de los años 20, pero sí es verdad que existen pequeñas colonias de anarquistas trasnochados, que hace décadas que peinan canas, o ni se peinan. Tienen sus garitos, sus locales, sus conciertos, y a veces se excitan y queman papeleras o pitarrajean calles y estatuas de color rojo. Por otro lado, es el barrio donde se encuentra el Rectorado y algunas Escuelas y Facultades de la Universidad de Atenas. Es decir, es un barrio de anarquistas mas estudiantes. Por otro lado, es el único barrio donde sirven las cervezas a precio más o menos razonable (hablo de menos de 5 o 6 pavos, tampoco pido la luna), y sin pijadas, vasitos de agua, ni infumable decoración cool como en el resto de la ciudad. Esto tiene una consecuencia, y es que cuando me junto con madrileños, solemos ir a los bares de por allí. De lo cual se desprende que, una es un poco temeraria, lo sabemos, sólo un poco, y que tampoco es exagerado el ambiente belicoso y reivindicativo. Sólo una vez, a finales de este verano, me vi envuelta en una pelea a sillazo limpio en una terraza, tengo un rasguño, casi pierdo el móvil y el abanico, y tuve que levantar a pulso a una chica a la que pisoteaban, pero eso se debió a una algarada de los hinchas del A.E.K, que creo que es algo así como el Rayo Vallecano nuestro (del que, dicho sea de paso, oigo más hablar a los taxistas de aquí de lo que lo he oído mencionar en 22 años en Madrid). 
 
Cada vez que voy con Mariano, un amigo de Embajadores, por allí, nos llama la atención el despliegue de nacionales y antidisturbios que, por un lado, van ataviados con chaleco antibalas, escudo, porra y, por otro, toman zumitos y fuman Marlboro Light sentados en los portales. Yo siempre hago algún comentario y él me dice que es muy típico de los griegos, y es lo que él llama “marcar paquete de Estado”. Siendo este el contexto habitual del barrio, parece ser que el chaval asesinado paseaba con sus amigotes a la una de la mañana, cocidos, irían, y se les ocurrió increpar a una pareja que transitaba en un coche. Hasta qué punto les tocaron la moral, no lo sé, y los testimonios se contradicen, pero desde luego no sería cosa de que el madero saliese y le calzase un tiro al niño entre pecho y espalda. Resulta que inmediatamente los dos polis fueron arrestados, es decir, la condena estatal al asesinato no se hizo esperar, por lo tanto, al no haber quedado impune, se explica menos aún la barbarie como consecuencia del disparo al Alexandros. 
 
El domingo a mediodía, grupos de anarquistas y estudiantes de Exarjia, espoleados por el KKE, que sería el homólogo a nuestro PCE, pero un poco más activo, como en tiempos de Carrillo, o casi, diríamos, se organizaron para provocar a la policía en el centro, ocasionando el desastre comercial que describía antes. Como la mecha de la pólvora, y como todos los impulsos destructivos en un terreno abonado, se empezó a extender el conflicto hasta llegar a su culmen el lunes por la noche (la quema del árbol de Navidad masivo en Sýndagma), y generarse también otras conflagraciones parejas en Rodas, Salónica, Corfú, Tríkala… e incluso en Embajadas del extranjero. Supongo que sobra decir que pasado el domingo a mediodía, los impulsos violentos se van desvinculando poco a poco de su causa primera, para mantenerse y basarse sobre otros muchos problemas e insatisfacciones populares que lastra la sociedad griega.
 
En la calle, nadie habla de disturbios por la muerte del chaval, ya que eso se juzgó negativamente desde el principio por la misma policía, y “se manifestó la repulsa” por el Ministerio del Interior (a cuya cabeza una especie de Acebes que habla un poco más bonito). Se habla de ello como excusa para la eclosión de lo mismo de siempre: un Partido Comunista potente que, desde la sombra, moviliza a estudiantes, parados, sindicatos, anarquistas y maleantes; una clase media con estudios superiores frustrada sin expectativa ni esperanza (qué novedad); un gobierno tetrapléjico frente a los dictados del mercado mundial (será el único); unos políticos-empresarios poco menos que incompetentes absolutos para encubrir la farsa de su ejercicio (qué original); un sistema educativo que hace aguas y está obsoleto (…); un sistema de pensiones y Seguridad Social inoperante en caso de necesidad… En fin, que, como veis, y salvo lo primero, ninguno de los problemas de los que adolece esta gente les es propio, sino que es una epidemia global. El choque entre los estados de cariz socialista (que no Socialista, ni PSOE, ni PASOK), y las estrictas, extremas, despiadadas leyes de Adam Smith y sus aplicados alumnos.
 
Si la llama destructora prende aquí antes, o únicamente, o de forma tan explosiva, es porque la crisis de los valores de estado en en combinación con la fiebre del sistema capitalista radical, les ha cogido en bragas. Es decir, con las compañías estatales todavía sin privatizar, y en expectativa de quiebra, con el compendio de valores sociales tradicionales todavía vigente, con una Iglesia nacional fuerte e influyente, con delirios de grandeza… pues eso, en pañales, como estábamos nosotros hace décadas. Si todo esto que ocurre ahora hubiera ocurrido entonces, cuando todavía creíamos en algo más que en las nuevas tecnologías, pues igual también nosotros habríamos petado.
 
Por otra parte, mis queridos griegos tienen una facilidad asombrosa para cancelar las clases. Parece como si su propuesta de cambio social pasase por la deserción de las aulas. Anarquistas, claro. ¿Qué Bakunin ni qué Proudhon? La anarquía vive donde su raíz etimológica. El año pasado, con las huelgas por la privatización de Olympic Airways y del puerto de El Pireo, no sé cuántos días sin clase; cuando se muere el gerifalte de la Iglesia Ortodoxa, o cuando ponen a otro, lo mismo; cuando nieva; cuando hace calor… y todo esto amén de las huelgas de estudiantes que se producen, ya digo, a instancias de agentes infiltrados del KKE, y consisten en encierros de estudiantes en los colegios e institutos, no permitiendo la entrada a los profesores y rehuyendo, por tanto, las clases. Así pueden pasar meses. Como, además de que el sistema educativo es decadente e inoperante, el curso empieza y se interrumpe quince veces, a veces por semanas, pero sin embargo se sigue exigiendo lo mismo en los exámenes de acceso a la Universidad, pues han proliferado las academias privadas o frontistirios, donde se enseñan lenguas extranjeras, pero también matemáticas, redacción, física, sintaxis… En fin, todo aquello que el alumno no aprenderá en el colegio público o concertado. De ahí que sólo los padres pudientes se permitan que sus hijos aprendan algo en la básica, y que en consecuencia vayan a la universidad, de ahí el descontento de los humildes, y de ahí, claro, que yo tenga trabajo aquí. Pero de forma relativa, claro, porque día de huelga que hay (hoy mismo), día de disturbios, día de asueto y anarquía… pues día que servidora no curra y no come. Por eso decíais que estaba tan delgada el año pasado. Menos mal que los turistas españoles del verano me alimentan durante el invierno. Ah, siempre la patria maternal y salvadora.
 
En fin, y para no divagar más, que no es tan chungo lo ocurrido. Consultado con expertos (Purita de Iberojet, ilustrísima), parece que la repercusión en el turismo entrante en temporada alta no será muy pronunciada, y que los propietarios de las tiendas afectadas, como en su mayoría son franquiciados, pues se podrán recuperar pronto. Otra cosa es el Ayuntamiento y las compañías de seguros. Las segundas, que en su mayoría son multinacionales, no me dan pena ninguna. El primero, a ver si así se plantea ser más modestito con la decoración navideña, que aquí se tira la casa por la ventana y no está el horno para bollos.
 
Para más detalle, noticias y actualizaciones, en persona y con una Mahou en unos pocos días (ya no pagaré yo, que aunque me sigáis dando pena con la crisis que tenéis encima, ahora soy habitante de una ciudad en estado de excepción, y tengo que ser invitada). Por lo demás, todo bien. Trabajando poco, porque no me dejan, haciendo tortillas y paellas, tranquilita, y con un sol hermoso y enorme.”

 

de: Belem Martín-Ambrosio Frances, licenciada en filología española y residente en Atenas, Grecia

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