Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘On art’ Category

JU 8 peq

La pornografía subliminal que se aprecia mejor cuando el flash distorsiona la evidencia reflejada en las páginas de las revistas, se llamaría según corrientes intelectuales escasamente fundamentadas más allá que en Freud, quizá

JU peq

(cito) “una secuencia cinética, sonidos y silencios en el tiempo, huella del calor austero que transita por el lienzo o el papel; gesto revestido de intención que ahuyenta el casualismo y sostiene en transparencias el fluir de la materia. Es solo lo que se va y vuelve como la respiración.”

JU 2 peq

Todo no es nada más que un punto de vista desde cierto punto de vista.

JU 3 peq

Y las palabras mayormente se utilizan para decir cualquier otra cosa excepto aquello a lo que se refieren.

Yo, personalmente, no sabiendo quien ha podido dar expresión a tanto aburrimiento suyacente, ya que puede ser que el nombre sobre el papel no sea nada más que mera coincidencia, no llamaría esto arte. Ahora, es evidente que la frase se merece un lugar en algún panteón no sea nada más que por la distancia existente entre el referente y lo referido. Digo. Sin haber leído en exceso a Russell.

Anuncios

Read Full Post »

Siempre terminan por encontrarse en los cruces del camino, de aquellos que raramente pueblan las cimas de las montañas, los contrarios radicales que causan oposición a aquello que nos ahuyenta. Sé que es verdad. Empiezas comiendo sopa con el abogado más iletrado de la tierra y de por la mera oposición terminas por encontrarte con alguien que valga la pena. Es decir, que los pesados cuerpos del pensamiento dentro de la manera en la que se entienden según las culturas solo pueden generar un máximo de estupidez, y siempre es mejor empezar por esta para terminar por elucidar quien representase dignamente el conglomerado en cuestión.

Yo me negué rotundamente a proyectar en una de mis páginas la visión del mundo de una señora llamada Breen que ostenta café a aires turísticos en esta muy digna ciudad porque había colocado un cuadro en el centro de algún muro donde un toro mata al torero. Era un cuadro bastante malo, por cierto, de Ariel Dawi, argentino instalado en mi vecindario y vendiendo bien entre las señoras aburguesadas de origen germánico que se las dan, de vez en cuando, de críticas de arte. No por nada, pero resultaba altamente ofensivo y eso sin tener que recurrir a orígenes hispánicos. Zapata fue borrado de mi panteón personal al representar con excesiva habilidad una conquista española muy deformada donde el verdugo hispánico se encontraba siempre con un encandilado e inocente indígena bañado en frutos y flores. Evidentemente vende muy bien en Francia no sea nada más que por eso, pero a mi me parecía en exceso simplista el contenido conceptual.

Guayasamín sigue mereciendo mi más profunda admiración porque los cuerpos se juntan sin fundirse, lo que hace de lo erótico algo casi místico, que tampoco falta del resto de las representaciones. No es porque sea místico, sino porque lo místico no es material y es muy difícil guardarlo en pincelazos. Es decir que hay que agarrarlo de algún modo, traducirlo de otro y encima, pretender a que se comprenda por el que finalmente solo se confronta a un conjunto de colores y volúmenes cuando mira un cuadro.

Estimo que lo más difícil tiene más valor porque es más difícil, y francamente, pintar la réplica de un árbol no me parece precisar de un excesivo talento y, al final, quizá le convenga más una foto que indique claramente que es un árbol, y nada más.

Siempre se le puede sacar lo malo a algo y como comentaba en algún otro lugar, hacer de ello ideología, reivindicación o protesta. El problema del arte es que se quiere estética y que la estética de por su referencia a lo bello, obliga a situarse desde una perspectiva donde sea al menos posible eso mismo, lo que la fundamenta. Claro que puede ser bella la protesta, la ideología o la reivindicación, pero hay que ser muy cristiano para poder sacarle belleza a las llagas que te llevan a la muerte. Imposible no es, pero en todo caso, bastante difícil.

Se puede considerar el toreo como un vulgar asesinato de toros. Consideración que obliga a plantearse si todavía se puede hablar de asesinato cuando se habla de toros y no de personas, y es, precisamente, la falta de esclarecimiento del concepto lo que crea una sensación de puro aburrimiento cuando se contempla algo que se quiere referir a su elucidación. Si la figura estilizada del torero confrontándose a una masa de carne de 500 kilos pudiera simbolizar algo, entonces simbolizaría la confrontación a la muerte, o, aun peor, le dije a un griego, al amor mismo que en el fondo, nos aterra más que la muerte. El mismo tema, que es un toro y un torero, puede ser pues tratado de muy diversas maneras, y presumo que el trabajo conceptual anterior o la profundidad de lo que se capta intuitivamente, es lo que finalmente termina por reflejarse en una imagen que no hace nada más que plasmar la reflexión o la respuesta intuitiva.

La Conquista es otro tema terrible de por el trato del que ha sido objeto, y dentro de todo, yo siempre me digo que si algún viento llevó a ciertas gentes a un lugar y estos se atrevieron a decir que todo era suyo y los otros se lo creyeron, alguna razón tendría. Por muy malo que sea algo, dices que algo bueno dejaría. Y si no lo dejó, al menos lo prometió para que lo dejen otros.

Yo personalmente diría, con ciertos tintes irónicos, admito, que lo español solo deja eso: la clara diferencia entre el asesinato y la puesta a muerte, entre la ejecución y el sacrificio. Cuando se habla bien el español, nadie asesina jamás a un conejo y lo que sigue a sentencia, no es asesinato tampoco. Son casi lirios superpuestos en una intrínseca belleza de diferenciación que tiene la ventaja de permitir que las gentes se entiendan cuando falla todo el resto. Lo tomas o lo dejas. Dices también.

No le quita nada a lo indígena que deja finalmente que las almas se escapen a través de los árboles en forma de pájaros chohui. Por qué no. Si a lo español le falta el alma, a lo indígena le sobra, y si a este le falta la definición, a aquel le sobra. Independientemente de las luchas, guerras y batallas que se forjan alrededor del deseo innato de imponerse sobre otros, en tanto que raza, cultura o lengua, es siempre posible pensar que del choque entre diferentes modos de ver surja algo cuya belleza valga la pena decirse. Claro que hay que pensar mucho. Y eso le diera realidad a lo que se dice. No, es que tú, le dije a Marcela Rodríguez, que tanto te levantas contra lo español, tienes una tez más blanca que la mía, y por decir, decir, ni quichua hablas.

Son reflexiones a ráfagas. Desde mi punto de vista personal prefiero los colores indígenas y los pájaros chohuí a los malabares definicionistas españoles aunque admito que a veces también echo de menos estos.

Hay una inocencia que perdemos en un momento dado de nuestra humana historia y lo tonto es pretender poder volver a ella simplemente por el hecho de compartir la misma configuración ósea.

Hay una tensión que se hace concepto cuando alguien pretende poder oponerse al toro. Se puede decir de muchas maneras. Incluso a golpe de acuarela que dibuja un caballo. Es obvio que para poder plasmar esa tensión en una obra de arte, tienes que haberla vivido y eso ya da muchos puntos sobre otros que simplemente escurren el bulto y pretenden poder reivindicar amores cuando todavía ni tan siquiera lo han visto de frente. Es decir. Que es muy fácil gritar que uno daría la vida por no sé que causa pero cuando llega el momento sale todo el mundo corriendo, normalmente. Hay otros que no gritan tanto y cuando llega el momento se plantan ahí, sencillamente, esperando a que pase la borrasca que pudiera arrancarte la existencia. Los hay incluso que lo hacen con elegancia, en traje de luces, como quien no quiere perder la compostura en tan graves momentos. La disposición interna es lo que se refleja en una obra y dependiendo de su profundidad es ejemplo en lo que gira la mirada hacia realidades que escapan a la mayoría. Los hay que quieren que su puro narcisismo desequilibrado y egoista sea una lección para muchos, incluso para todos, y los hay que compran semejante pretensión.

Es cierto que termina por aburrir y como no vale, pierde hasta el precio con el tiempo.

Porque no vale, lo que obliga a plantearse la cuestión del valor de nuevo.

Y soy porque tú me reconoces, o valgo por lo que soy? Entre el formalismo social y la autodesignación del precio se escribe una de las más tenaces quejas de la humanidad. Este, porque ha ido a tal escuela, ha tenido tal maestro, ha expuesto en tal lugar, ha sido comprado por tal, y aquel porque dice: tanto, y si lo quieres lo compras y si no quieres, pues no lo compras. A aquel le dicen que tiene el derecho adquirido de vender a tanto y el otro se pone precio a su cabeza solo y sin el permiso de nadie.

Más o menos es ahí donde se sitúa Oswaldo Viteri. Sin escuela, sin maestro, sin galería ni galerista, sin museo ni agente que te diga exactamente qué decir cuando y cómo, te dice en su casa que ese, justo ese cuadro, vale para la proyección imposible de un alguien que viniese salido de mi propia fantasía, … tanto. Yo se lo compraré cuando crezca. Por eso solamente.

Soy yo quien vendo, y en el fondo pienso lo mismo, si quieres lo compras y sino lo dejas, y tú, y menos tú, me vas a decir lo que valgo.

Le dije a Hikmet que ese cuadro valía 25.000 FF de la época porque era muy peculiar, y que poniendo ese precio, no lo compraría nadie, y finalmente se vendió a 5.000 FF cuando ya no había nada para comer en la cacerola.

Todo tiene una historia.

Desde un punto de vista objetivo dices: yo no sé qué pensar de un modo de retratar que me recuerda más a ciertos dibujos de tiras cómicas de por su simplicidad y que pues falta de volumen. Y luego dices que casa un modo de ver más arcaico y menos personalizado, es decir, que junta elementos indígenas en su generalización con elementos particularizantes, como si, ves, se pudiese pensar que en dos culturas dispares se encuentra algo que se casa con lo otro de tal modo a generar harmonía. Comprendes de ese modo, que tu juicio preliminar está condicionado por un contexto cultural donde la banalización intenta ahuyentar la reflexión artística por lo que la simplicidad tiende a generar crítica aunque no tenga nada que ver con lo que determina los espacios culturales de otros lugares.

Es necesario incluso cambiar de perspectiva para poder enjuiciar un contexto de modo adecuado y se pudiese decir que llegas a un resultado convincente cuando disciernes elementos que casan problemáticas ajenas con aquellas más locales.

Supongo que un artista universal es el que trasciende sus fronteras de por la tenacidad de la problemática que termina por apelar a muchos más inconscientes que a aquellos delimitados por unas fronteras y un modo de entender en su particularidad.

Y volvemos al mismo tema de siempre no sea nada más que porque Viteri hizo unos garabatos a rasgos infantilistas últimamente como si quisiera reflejar un modo de entender la inocencia. A mi me parece desfasado cuando un adulto se escapa hacia la infancia buscando un refugio que en el fondo no es nada más que un modo de evadir responsabilidades. Este intento me hizo mucha gracia aunque era exactamente más o menos igual que todos los demás pero eso se debía probablemente al contexto. No el que fuese igual que los demás sino el que me hiciese gracia.

Lo que hace la inocencia de la infancia en ningún caso refleja la inocencia del adulto, pero quizá el único modo de terminar por decir la inocencia del adulto sea intentando recordar aquella de la infancia. Si hubiera habido. Yo tenía 37 años cuando me senté en un columpio en un parque, y brillaba el sol y el cielo estaba azul y me dije que se estaba muy bien así, pero que precisamente eso, yo no lo conocía de entonces. La inocencia del adulto se recupera poniendo las cosas en su sitio, y esas cosas son los conceptos.

Perdemos la inocencia porque hacemos lo que sabemos es malo. Eso de que sabemos es un poco ilusorio, pero creemos que lo sabemos y sin embargo lo hacemos, y con cada uno de esos pensamientos transgresores nos hundimos cada vez más en un pesado sentimiento de culpa más o menos asumida que llamamos incluso responsabilidad, somos así de necios, hasta que un día realmente se nos hace horrorosamente pesado y hasta nos ciega la conciencia y nos tenemos que obligar a pensar en algún antes donde todo eso aun no era. Y claro. Cómo lo recuperas.

Empiezas malignamente justificando todas las maldades que has hecho, diciendo que era absolutamente necesario hacerlas porque la vida es así, pero eso no le quita ni una jota a la mala conciencia. Aunque te sientes mejor porque ya no hay un juez universal dictando dictamen sino un asumir plácidamente su propia existencia dentro de su general incomprensión. Después empiezas a preguntarte que por qué eso sería tan malo y finalmente, por qué, si no es malo, te parece malo, y al final qué es lo malo en si y de por si para poder realmente juzgar sobre los hechos de modo objetivo y contundente.

España está hecha de cielos poblados de angelitos separados por una fina línea recordando los cielos de Toledo del Greco de unos inmensos espacios muy turbios que se cubren con velos negros. Además, de esas cosas no se habla.

Qué pasa cuando esta España se incrusta en otros siglos y se casa con modos de ver tan naturales que lo malo en el fondo, fondo, es solo una representación de algo irreal que aparece a la conciencia y que hay que combatir con todas sus fuerzas? Entonces puedes afirmar casi perentoriamente que el desnudo es natural.

Claro. Pero los gatos no llevan botas, insinúa España de nuevo, como si el mero hecho de vestirse hiciera de un ser humano un ente desprovisto de impulsos más biológicos. Entonces? Se puede llevar capa y aun pretender a una gestión adecuada de los más terrenales impulsos? Y eso sin olvidar los angelitos.

Solo si te pones traje de torero. Y no le limas los cuernos al toro. Es decir, solo cuando la realidad se ha vuelto un símbolo de otra cosa que tiene más valor que la realidad tangible.

Atrévete, dijo Schiller. La verdad es una estatua desnuda cuya mera visión te aterra. Lo desnudo es lo crudo, incluso lo sincero y lo llano, y debiera saber mostrarse. Es igual que la sangre del toro, en el fondo, y los hay a los que espanta.

Yo, que solo me desnudo para ducharme, siempre contemplo el desnudo con mucha ironía. Lógicamente. Le quita la evidencia a la seducción. Es, sin embargo, muy distinto al intento de reducir al ser humano a una mera masa de nervios y células guiada por impulsos que no determinamos.  Sinceramente, yo soy el símbolo de mi misma, es todo lo que le acuerdo a la realidad carnal, y ni el pensamiento debe extralimitarse, ni su símbolo invadirlo. Yo. Lo que no dice nada sobre otros, sino solo sobre la perspectiva desde donde se enjuicia algo.

Quizá no podamos decir gran cosa sobre la inocencia de otros aunque bien podemos definir aquella con la que apreciamos a otros. Dentro de todo, prefiero la posibilidad de que lo natural obligue a considerar el cómo se piensa o se gestiona dentro de esferas más intelectualizadas que el omitir el hecho, o de reducir la existencia a pretender decir a escondidas lo que consideramos de todos modos, sucio. Porque si no es sucio, por qué lo escondemos para hacer de ello entre líneas un golpe que nos recuerde lo que pensamos ser la realidad misma? O sea que afirmamos que es sucio y aun y con ello lo divulgamos. Desde tú perspectiva. Desde la mía, lo sucio se encuentra nada más que en tu propia mirada.

Los caminos del hombre son largos y tortuosos. Cuando los determina el ‘qué dirán’ no solemos llegar muy lejos. El ‘qué dirán’ se formaliza en los maestros, las escuelas, los rangos y las medallas. Cuando nos damos precio a nosotros mismos, no existe ya prácticamente el ‘qué dirán’ aunque extrañamente también, desaparece el mundo. Porque no nos da precio, o sea, no nos valora, es decir, no nos considera: simple respuesta a nuestra indiferencia al qué dijeran.

La inocencia del hombre está en el equilibrio que se establece entre la conciencia de lo que valemos y el modo de hacerlo reconocer por otros. Es siempre lo mismo. Te aman porque vales o porque sabes reconocer a quien te ama? Cuando solo vales, se pierde la inocencia de la necesidad del lazo que se crea con quien lo sabe en lo que es, y es extraño, pero sin esta necesidad, no hay fronteras y sin fronteras se pierde el espacio, y sin espacio, dejamos de ser. O sea que recurrimos a estratagemas.

No, es que no me molestan los hombres. Lo que molesta es que no haya. Y dentro de ello Viteri aun abre cierto resquicio a la esperanza, aunque sea de modo figurado. No hay nada peor que pretender a hombre y no serlo. Quizá el hombre empieza a decirse en el momento en que se autovalora. Empieza. Luego debiera seguir algún resto. Pero ya es algo, y como dicen en España, a falta de pan buenas son tortas.

Read Full Post »

Las cosas son así

Yo era aquello que alguien soñaba como cuando se cruzan las fronteras de lo prohibido y quiere creer que haciendo sueños realidad, se volvería la realidad más sincera. Es decir, que yo nunca regalaría rosas, y finalmente, lo del café no era nada más que un engaño. Como quien diera ilusiones por largas y profundas conversaciones interesadas en la psicología de los sujetos, y luego se levanta y se va, y dice, muy agradable la tarde.

Al final, de pura ironía, sería como aquella del Orlando de Virginia Woolf, que si me acuerdo bien, se cae de un caballo en el bosque, se desmaya, y despertándose en los brazos de un apuesto galán, le dice ‘te quieres casar conmigo?’, y terminan cazando moscas.

Solamente leyendo este pasaje de Virginia Woolf comprendes la muy enrevesada relación entre ingleses y españoles, y casi que toda la historia. Por eso los ingleses cazan zorros. Porque en español cazar moscas es simbólicamente, no hacer nada, y los de Virginia Woolf ponen azúcar en el borde de los vasos, para ver cual de los dos caza más moscas, y así pasan las tardes enteras.

Yo no. En fin, sí que cazase moscas de vez en cuando. Pero cuando te vuelves el oscuro objeto del deseo de alguien sin el permiso de nadie, o solo de la síntaxis acoplada para fines más perversos, entonces te giras, como si te hubieses caído de un caballo y dices: te quieres casar conmigo? Y te ríes, porque a ti tus burlas te parecen muy divertidas aunque no sepas que efecto devastador produzcan en otros. O sea que lo simbolizas con nacar – la broma. No es culpa mía si con el tiempo terminas por desarrollar semejante humor casi tan malintencionado. Algo de culpa tendré yo también, le dije a Heleni, por lo que pasa después.

El problema de las rosas, del café y hasta del nacar es que se malinterpreta a la salsa de cada cual. Y lo que produce la malinterpretación es muy a menudo lo que dejan entender otros que poco tiene que ver con la realidad y distorsiona hasta las evidencias. Y luego, quizá, hasta genere historias divertidas. Pensaba, mientras seguía dándole vueltas a lo de las rosas.

Como el apartamento de al lado, aquel que ocupaba Flavia Schuster, ha sido recientemente ocupado por el Manchester United que es la única manera de saber de dónde viene alguien en Inglaterra, para mi, al menos, que desconozco vastamente su geografía, había necesariamente que seguir con la serie de retratos que había comenzado entonces, encontrando muy propicias víctimas en aquellos mismo que se habían instalado en semejante lugar. Que conste que lo de Flavia Schuster fue otra broma de mal gusto que me hizo mucha gracia en su momento y cuas espantosas consecuencias no fueron evaluadas correctamente por la concernida en su momento al encontrarse a gran altura.

fdd 1 peq 

En este caso, el Manchester United se reduce a un equipo de dos profesores de inglés.

fdd 2 peq

Muy satisfecha con el resultado, aunque no sé qué haría Sir Fergunson con mi equipo, me decidí, ya que era domingo y sigue siéndolo, el hacer las fotos del Cafecito que me había prometido desde hacía rato, mítico lugar donde gracias a la fuga de información muy habitual a estas alturas, se me dio a conocer WordPress, que después se hiciera portavoz de toda suerte de reclamaciones más o menos universales y sin factura previa.

fdd 38 peq 

Esta foto deriva de otra de una imprenta Heidelberg que también giré para que se viese el nombre y se torciese el resto, habiendo concluido que necesariamente una imprenta alemana tenía que imponer las letras del derecho, porque así son las cosas por obligación, aunque se tuerza todo el resto. También dio lugar a toda una serie de pensamientos que nunca cuajé en exceso aunque todavía debería llegar el momento. Lo raro, inevitable, es que el hombre de la imprenta cruzó mi camino justo antes de llegar al Cafecito y me pidió dos dólares. Quizá fueran los derechos de autor, porque al fin y al cabo, la imprenta era suya, aunque sobre lo del derecho intelectual se discute. Lógicamente se los di no fuese que hubiese protesta más tarde.

fdd 6 peq

La luz era muy buena, hoy. Y todo parecía incluso mucho más interesante que habitualmente.

fdd 7 peq 

La lámpara le daba al todo un toque casi místico, y aun hay una del cielo que no muestro y casi recordaba a cierto misticismo renacentista con muchos angelitos, el renacentismo, aunque no la foto.

fdd 8 peq

Todo se enturbió cuando salí al jardincillo y me encontré con el banco, que me hizo reir, porque de modo algo inesperado, en vez de recordarme largos tertulios con el inglés de Nueva Zelanda, Australia, Canadá, EEUU, Inglaterra y otros de acento mucho más pesado, me recordó los estereotipos de los enamorados del parque – porque iba con las rosas – y me dije que faltaba la bicicleta, la colección de cromos, y alguien sosteniendo un globo. Precisamente. Faltaba. Y cuan viva la ausencia, decía yo, inmediatamente tintando la imagen de una profunda ironía como quien, evidentemente, no quiere creerse que esas cosas puedan salirse de los estereotipos.

Sentí que a mi inocente y un tanto distraido y nostálgico pasearme entre las luces de algún recuerdo, se le sumaba una queda burla un tanto turbia, cuya presencia me sorprendió un poco. Ya estamos, otra vez, con las rosas, pensé – el puente sobre las aguas revueltas.

fdd 11 peq

fdd 13 peq

Sería como dos caminos distintos pero paralelos. Supongo.

fdd 20 peq 

Como algo que ya no cuadra en lo normal, según lo entiendes, y termina por forjar una imagen inesperada.

fdd 23 peq

Como quien se rinde a la evidencia de que ya no hay salida.

fdd 28 peq 

Y que en lo que se refleja, de algún modo aun te reconoces.

fdd 29 peq

Un algo definido que dice aquello mismo que instantes antes estaba ausente.

fdd 31 peq 

Precisamente. Algo que te ciega a lo más lejano y se concentra en lo más cercano.

fdd 35 peq

Debería llamarse deseo. Entre el cristal y el azúcar, la visión de algo más allá, lo suficientemente difuso como para recordar la embriaguez, y lo bastante claro como para no temer las ciénagas de rosas blancas. Las rosas cristalizan hacia el mundo aquello mismo que, a veces, solo el inconsciente conoce. Se precipitan un poco más que el pensamiento porque sino se nos atribuyen malas intenciones. O sea que tienen que saber suspenderse. Aparecer en el momento justo en el que nada, ni el temblor de la voz, hacen presagiar que se suspendan de semejantes presentes malas, fueran malas, intenciones; es solo como admitir, no, realmente, pero qué belleza, que por una vez, reconozco gratuitamente. Sin segundas. Seguro. Era solo un tributo.

Hasta la ortografía, a veces, cuando falla de modo global te puede sonsacar suspiros de admiración.

Es verdad? Si hasta la configuración de un banco te hace pensar de por su machacada estética en cientos de pequeñas cosas que suelen quedarse en la trastienda de la memoria para que no molesten en exceso a la configuración de una realidad de la que se ausentan, en qué nos hará pensar la mera presencia de alguien, de otro? A qué registros apela, qué llama y a qué contesta, con que otras historias se confunde y a qué mitologías se refiere? Imagínate que un día en vez de un ramo de flores, llega alguien. Es decir que la simbología de la rosa se encarne en alguien que aparece justo en frente tuyo, como si la estética misma de una presencia pretendiera a poder decir lo mismo. Qué haces? No te ríes? Ah. Y dices, no gracias. Es evidente. Faltan las flores. Eso era la turbio. El súbito darse cuenta de que era posible de que lo que se asocia al banco, fuese una realidad carnal justo en frente, y que eso te hiciera mucha gracia. Imagínate que trates con una persona como si fuese el deseo mismo – una trampa, dices de inmediato, pensando en Dalila y Sansón, y por qué cayéramos si ya nos hemos leido la historia y acaba muy mal? – y claro, estoicamente dices que no. Por dios. A dónde vamos a llegar.

fdd 39 peq 

Los frutos y las flores en el fondo dicen todo lo contraio y crean una pesada oposición a mis marciales decisiones.

fdd 40 peq

fdd 41 peq

Doña Maruja, hermana de doña Cecilia, habría concluido lo mismo, formando un frente claro y decidido contra los impulsos instintivos, y eso, aun llevándole la contraria a las flores y los frutos.

fdd 44 peq

Le había prometido que le sacaría una foto. En mis ensayos de retratos, ejercicio al que ya había sucumbido también doña Cecilia Eljuri, sería la tercera con el mismo fondo rosado. Lo cual distrae un poco la mente de tan oscuras contemplaciones. Aunque…

fdd 51 peq 

Bastaba con volver a casa para que surgiese de nuevo la misma inquietud. Chencho, el pequeño gato recién adquirido en la feria libre por 4 dólares y sustituyendo al tristemente fallecido gato gris que había sido debidamente retratado por las épocas de Flavia Schuster, se está entrenando para gato. Ya ha cazado un calcetín, una tapadera de botella de plástico, una cáscara de huevo y ha despedazado un periódico. Los gatos son felinos, como bien se puede constatar abajo, y este parecía estar soñando en ese mismo momento que era pantera o jaguar en el fondo de la selva.

fdd 55 peq

El deseo también es felino. Pero hacemos muchos esfuerzos por no pensarlo. Lo ahogamos en los subterráneos del alma y cuando pega un brinco y se obliga a manifestarse, decimos que no tenemos nada que ver con semejante suceso. Y si se pensase? Al final, por qué tan decidida negativa y tajante, además, de esas que no dan lugar a discusión? Porque las cosas son así.

fdd 56 peq 

Realmente ya no quedaba casi nada del periódico.

 fdd 62 peq

Quedaban las palomas para terminar la elucidación. Ves. Ellas no, que en el fondo son muy plácidas y luego salen revoloteando como si no pasase nada. La culpa la tiene Mike. Alimenta a las palomas con migas de pan y vienen por cientos a sentarse sobre el borde de la terraza. Es la foto muy malintencionada que te hace pensar que la pobre paloma está realmente obsesionada por la otra que se discierne un poco más abajo. Es obvio. Se le nota la mirada callada, casi felina, dispuesta a pegar el salto desde el fondo del inconsciente.

fdd 64 peq

Insiste, además. Claro. Pero, claro. No nos enteramos de nada. Por qué dices que no? Por qué a mi me dices que no? – Fuera. O dame ejemplo de a quién dijese que sí. – O sea que se achaca a los celos. – No, yo no he hecho nada. No, es que simplemente eso no se hace. Es evidente. Cómo quisiera volverme yo aquello mismo que se prohibe. Vaya autonegación. Yo salí del paraiso hace tiempo, en fin, de la historia de eso de la tentación de lo prohibido. – Pero si alguien no ha leido todas esas historias, tendrá la culpa alguien, alguien mucho más interesante y más seductor. Qué envidia. Y claro, dirías, que tú, porque es mejor, tú andas con lo mismo pero mucho mejor.

Razón suficiente. Yo para empezar no ando con nadie. Y si encima crees que fuera mejor lo tuyo porque es tuyo aunque sea pura fantasía, en qué lugar te dejaras si fuese yo, porque de mi, según tú, no se acerca nada bueno? Qué falta de auto estima.

fdd 66 peq

Lo dice el mercurio, que habla de lejos por corrientes plateadas que nadie conoce. Bueno. Al final te lo crees. Si tú lo dices.

Y si se le dice que sí al deseo? Entonces la imaginación surgida de los celos, se vuelve la razón misma que lo impida. Es una autonegación. Con nacar o sin él. Eso dicen las palomas, que son más sabias.

fdd 69 peq

Al final le das la espalda a todo. Lógicamente. Aunque te haga gracia. A no ser que te traiciones. Entonces la cosa se vuelve mucho más complicada, porque se puede negar todo menos la evidencia.

fdd 70 peq

Quizá en ese momento escribas una historia. De lo difícil que es entenderse, y más, hacer entender las bromas. Pero lo evidente es que si realmente pudiese afirmarse el deseo, debiera elucidar los caminos por los que se escriben los símbolos de tal suerte a que se vuelvan enigmas que solo otro comprenda. Por eso pienso que no debiera nadie dejarse cegar por los impulsos, que cuando se chocan, no hacen nada más que fundir incomprensiones que suelen terminar mal.

Pero tiene gracia. Además, qué tal sin tan prohibido no estuviera? El entenderse, quiero decir.

Read Full Post »

A bridge over troubled waters

Viteri 27 peq

Es lo mismo. Entre lo uno y lo otro hay una fina línea que a veces se discierne, y otras, más se intuye. Hay reflexiones que tardan años en madurar, empiezan tontamente, casi como reivindicaciones universales y se van haciendo hueco en realidades más cotidianas y triviales, es decir, que se hacen más comunes. La mente fija su atención en aquello que conlleva eventualmente una respuesta a esas cuestiones casi olvidadas, que buscan elementos de respuesta en los lugares más insospechados.

En 1992 estaban las tribus y los comunistas, los espacios y los tiempos, la lucha sempiterna entre hombres y mujeres, y me dije, que las mujeres iban muy bien con las tribus y bien hacían los hombres en quedarse con las cuadriculadas civilizaciones. Claro que las tribus son matriarcales. Claro que lo que termina por llevar a las razas nómadas al caos es la pretensión a seguir deambulando por las ánonimas tierras adquiriendo privilegios patriarcales. Que no se adquieren cuando lo que te lleva es el tiempo. O el viento. Los capitanes de barco también son nómadas y más aun los pintores. Todos ellos permiten que se hundan los barcos y se ahogue la pintura en pretensiones megalómanas cuando quieren para si lo que de por si no les corresponde. Yo siempre dije que mi madre tenía razón cuando decía que Dalí es solo Gala. Aunque no quiera la pintura siempre se dirá en rasgos matriarcales, idealizando, si necesario a lo que luego se llama ‘modelo’.  

Viteri 2 peq

Cuando se choca la imagen consigo misma, es decir, cuando se suma la fotografía al espacio muy reducido de lo que se plasma a pincelazos, se funden ambas, casi como quien no quiere hacer la diferencia entre el tiempo y el espacio. Si al hombre se le deja el espacio y a la mujer el tiempo, la física le da 4 de volumen al espacio y 1 al tiempo, cuando se hace quinto. Es obvio que cuando se mezcla la fotografía del arte, termina por imponerse el primero sobre el segundo y eso que del segundo hay mil cuando del otro, solo 1.

Sin saber exactamente sobre qué argumento basar mi observación, parece de evidencia que la fotografía es patriarcal, invasora, abusiva, exclusivista sin argumentos, en fin, dice que ‘todo es mío’ y sin pagar derechos los reclama como si fueran naturales. (Siempre he dicho que las discusiones sobre la paternidad terminaban por tomar giros insospechados). Que griten, reserven y reclamen: evidencia no hay ninguna y hasta las pruebas se tergiversan. Lo que determina la fotografía es exactamente eso: que puede reclamar derechos sobre una foto hecha, sí, de mi persona, y yo no tengo el derecho de hacerle una fotografía a la fotografía.

Ya decía yo siempre que más vale guardar sabias distancias hacia ciertas excesivas pretensiones varoniles.

Es evidente. Si tú haces fotos, estás invadiendo su terreno. Pero cuando ellos desarrollan monstruos a través de la razón porque se apoyan en la libertad del espacio del alma para fundar sus ideologías, entonces, eso, ya era suyo antes. Obvio.

La pintura se hará siempre en un recodo de tu casa, cuando se hace bien. Se hace de bordados en los manteles, de flores naturales o artificiales, de la luz que entra por la ventana, de un fuego en la chimenea. Raramente sale de su espacio reducido y delimitado por funciones femeninas. Claro que los hay que tienen una oficina por taller o viceversa, pero esos solo se exponen en Paris al lado de los fotógrafos. Otro intento de arrancar lo propio a su ámbito natural.

Viteri 5 peq

Cuando somos sabios, lo que raramente somos, por lo que podemos al menos sacarle humor a nuestra continua tontería, tenemos que encontrar un modo para separar el cuadro de su foto, aunque sea diciendo que aqui hay un hombre que está oficiando dentro de su casa. Por lo del oficio, que normalmente precisa de … oficinas. Hoy diremos que es una mujer que saca la foto de un cuadro.

Y da la vuelta por internet. Lógicamente. Lo bueno que tiene internet es que está hecho de ondas, no marinas, sino de las otras. Es decir, se cuelga de la luz y del tiempo, del aire y de las olas, se apega a marinos y capitanes y, a veces, hasta dibuja. La visión indirecta sobre algo que en otro caso solo se choca con lo opuesto de por el medio que se utiliza, permite establecer un puente irreal que junta a la foto con el cuadro por lo electrónico, por un lado, y por lo que dentro de ello se mueve y agita, que llega a la arena como las olas.

Se crea un volumen.

Se crean varios, se desdoblan, se abren. Aparece detrás de una imagen otra, que es un cuadro, como si se pudiese pretender a que las mentes se quejan de las mismas problemáticas, que es un algo parecido, aunque las cejas vayan en dirección opuesta. O sea que se parece a Bolivar el cuadro de uno mismo cuando se ve libertador de su propio espacio, digo yo, que es como querer escaparse de la presencia contínua de su mujer – suputo – que ahoga y agobia, y piensa uno que va a quitarse de en medio España entera, y quizá sea más o menos lo mismo.

A veces sospecho que Bolivar hacia guerras solo para tener una excusa para escaparse de Saens, que, claro, – dijo más tarde – vino finalmente a sumarse a las tropas. Entonces Bolivar se puso enfermo y Saens hacía las guerras a solas.

Claro que los hay que con tales superposiciones ganan premios en Londres, aunque sea un Hitler esbozándose entre los rasgos de Bush, y reclaman libertad de expresión, pero desde el punto de vista artístico me parece más acertado el hacer de ello una proyección del deseo de salir corriendo antes de hacer de ello una reivindicación ideológica, de bastante mal gusto a mi entender, además.

Viteri 10 peq

Ah. Este es Oswaldo Viteri.

 Viteri 13 peq 

Lo de la megalomanía y las superposiciones no me lo invento: queda plasmado en imagen.

Viteri 17 peq

Viteri 18 peq

Viteri 21 peq

Cuando había terminado por robarle la firma, ya que está, salió esta foto de abajo. Es una superposición también, aunque horizontal y abstraida, Bolivar es una taza de café y Viteri, un vaso de agua. Es evidente que a ambos une el ‘sabor de mi tierra’ en torcidas líneas publicitarias que se quieren más seductoras, y que la foto queda bonita aunque no se sepa muy bien a qué viene.

Viteri 22 peq

Eso me preguntaba yo también. Qué raro. Por qué cuando estás haciendo una serie de fotografías, más o menos prohibidas según el concepto, te paras unos minutos y es absolutamente necesario el hacer esa misma?

Porque hay un puente entre la foto y el cuadro. La distorsión que causa internet en la imagen, se dice a su vez en la abstracción de la distorsión que se hace esa misma imagen. Y ahora. Haz una foto. Y sale la de arriba. También hay agua, y la oscuridad de algo cuya luz adquiere un sentido muy difuso, como en el café que se mezcla al agua, o como en Bolivar que se hace uno mismo con harta firma que manifiesta que si bien en sueños megalómanos salidos de la envidia que dan los espacios inmensos del alma, se determina, dice y lleva firma, se singulariza y nombra, no sea que se confunda. Por si acaso.

En el fondo todo es lo mismo. Que une el amor a las relaciones físicas? La distorsión del ángulo, que es un ramo de flores. O una taza de café, dependiendo del caracter.

Hay una fina línea que une a las cosas incluso cuando yerran y se confunden. De un espacio al otro a veces solo cabe la reducción de los espacios, y al final, bueno, cada cual se divierte con lo que puede …

Read Full Post »

Not this. These are just pictures taken from an add of server walla.

Creme brulée 50 peq  Creme brulée 49 peq

The question was why I always finish by making up publicities. It’s true that I used to think publicity quite boring and that ‘there were none for me’. I started to feel much better when I arrived to Ecuador and was confronted to quite humorous publicity which did not change my way of buying but had the great advantage of making me laugh.

Creme brulée 46 peq

These are pictures taken in the restaurant Creme Brulee a recently opened restaurant in the already quite peopled Calle Larga in Cuenca. Peopled by bars and restaurants. This one matches a line the bar cafe Tugo started with, keeping struct Cuencanian lines with a slight international opening.

There is a moment where that what characterizes a place, a town, a region, finishes by finding a something that integrates it into other aesthetics crossing borders without leaving its particular character.

There are so many Cafe in the Calle Larga and surroundings – about 60 – that my American neighbours were almost refused their opening license. Perhaps though not. The final decision is still to be taken. What these reasons rely on, is difficult to say. Creme brulee got its license, though.

Creme brulée 40 peq  Creme brulée 42 peq

There is a very narrow line between arts and aesthetics. It’s true, too, that arts must take – you finish by thinking – its roots in ways of seeing that start there where someone tries saying something while arranging restaurant aesthetics. Logically. The ‘common’ in this that it is shared by many puts the foundation for a particular perspective whose intellectualization should mark the difference between aesthetics and arts.

Creme brulée 35 peq

Perhaps it is like the commercial difference between a ‘business’ and a ‘company’. The first defines himself through what he does, the second through the integrated thought of what he does. Aesthetics just express oneself inside of a given purpose. Arts should give a ‘judgement’ on all these little thoughts making an every days life. Perhaps.

Creme brulée 32 peq

Humour never lacks in Cuencanian aesthetics.

Creme brulée 30 peq  Creme brulée 27 peq

It’s true that the most simple finishes by putting itself there where even Picasso may loose his essential depression.

Creme brulée 25 peq  Creme brulée 12 peq

Creme brulée 24 peq

Creme brulée 22 peq

Creme brulée 10 peq 

Creme brulée 8 peq

There is a conceptual difference between aesthetics and arts. What difference is there then between aesthetics and publicity and what makes it so compulsive to make up ‘publicity’ as if it belonged to ‘arts’ or just to ‘aesthetics’? Is it just another Cuancanian irony?

Now say. What do you want by making publicity? To sell? To seduce? To impress? What do you want with an aesthetical arangement? To sell? To seduce? To impress? Is this arts? To say something to sell, to seduce, to impress?

I think I haven’t given a proper answer to the question yet. Sometimes I think it’s just an artistic opposition current.

Simply to see why. You may think you sell because you present a seducing image that attracts people’s attention according to many deep and sophisticated market surveys. I think you sell because you are just who you are.

Is: ‘it has to be like that’ parts of your way of being? Then aesthetics will search for common lines with others that seem to be those who determine how it ‘has to be’. I would ask myself who these are to tell me how it has to be and even if I mean that communication is only possible if you share a same language and will thus try finding bridges to others inside of a same branch, I would do it freely, not because it has to be, and this changes the perspective on aesthetics, too.

It’s not – I think – what is most liking to please, but what is most liking to assure the best to me. If I want reliable clients, that don’t shout around every time it seems to them something is wrong, I will try to give a hint on that through a given aesthetical arrangement. And I want a small number of clients, who have a lot of money and may make fun on themselves, perhaps. Because I’m like that, I suppose, and will have less trouble with people who share at least a few characteristics of mine. The less trouble you have in business, the better you’re off.

I’m my referrent for a good publicity for my business. It’s my way of thinking. Perhaps not many share it. But what if you put two different ways of thinking one upon the other and you look for the same inside of a very different perspective? It becomes arts. I’m certainly not making publicity for you, it’s none of my business. In the attempt of finding bridges of communication, you see what it would have looked like from your perspective. Saying the difference is an intellectual activity that belongs to arts.

Thus were born the Mediterranean Shipping Company ‘publicity’ series, with a touch of humour.

The trip to Guayaquil had been long and my purpose to take many pictures from National Reserve El Cajas interrupted by the conversation provided by an Italian tourist, called Mariangela, whose extremely pale features made me first think of Modigliani and then of Italian Renaissance, features that looked much more tempting than El Cajas, although I would never dare taking a picture of them.

When I came back to El Cajas, it was deeply plunged in Italian Calabria.

Gua por el Cajas 7 peq

Gua por el Cajas 2 peq

Gua por el Cajas 11 fig 2 peq

I started to feel dizzy while trying to take pictures of the very depth and concentrated my eyes in the just in front: I.

Gua por el Cajas 14 peq

Mariangela must have looked somewhat like that, finally.

Gua por el Cajas 19 peq

Gua por el Cajas 22 peq

That’s perhaps more English Romanticism leaning on Brontë sisters, but even those are nothing but the continuation of Italian Renaissance.

River Guayas did certainly not disturb my contemplations and was obliged to give in to a Cuencanian rigorism.

Gua por el Cajas 31 peq

Pictures do always help to keep impressions whose very vague print on memory becomes even more diffuse when implying sharp geographic differences. It’s interesting to know how often a ship leaves for Shanghai, even more so to evaluate the implications. There are many ships leaving for Shanghai, what does make the difference if taking a ship to Shanghai through the Mediterranean Shipping?

What do you see from here? I ask Paola, who provides the following answer:

Gua por el Cajas 38 3 peq

That’s less than a communication bridge with Guayaquil, I think. She says she doesn’t like pictures and refuses to be taken one. Time to introduce Cuencanian humour into the conversation as possible bridge.

Gua por el Cajas 36 pub peq

It’s obviously her on the top left, a miracle made by Adobe Photoshop on the mirror image of the window. And a superposition of images helps to create a … first ‘publicity’. Two others follow.

Gua por el Cajas 34 pub 4 peq

Gua por el Cajas 35 pub 5 peq

The first was still quite serious. I baptized the second ‘the hooligan’s Mediterranean Shipping publicity’. Harbours are like that. Offices look more like above.

Why then?

 

 

 

Read Full Post »

No te haré favor

Se le llama perfidia (a través de la confianza) y es una de las perversiones capitales. Algo que no se debe olvidar nunca cuando vas a ver una galerista (sobre todo, una, porque unas son la gran mayoría).

Cuando tienes posiciones diametralmente opuestas a las de una rama social aunque sospeches que está un tanto seca, si no disecada como las mariposas, lo mejor que puedes hacer es guardar sabias distancias hacia ella. Raramente me acerco, pues, de las galerías aunque suelo quedarme mirando las vitrinas por lo de los apaños estéticos. Suelen tener buena iluminación.

Lo de Ileana Viteri fue un accidente, como todos aquellos que se acumulan en mi larga lista cuando decides saltarte tus preceptos sabiamente extirpados a la experiencia, es decir, un accidente que termina mal. Quizá buscaba razones para acusar a alguien del soberano aburrimiento que me inspiran las galerías. Quizá – tengo un alma muy tierno en el fondo – aunaba esperanzas de que hubiese al menos alguna excepción que rompiese brecha en el prejuicio.

En todo caso, como soy de buena educación, – a veces – , suelo tratar mejor a la oposición que a los aliados por eso de que no se me acuse de partidismo y sabes que la oposición no es como los tuyos, quienes en el fondo estimasen que una crítica pueda ser constructiva y ayudar a mejorar algo, aunque sea el mero producto de nuestra fantasía, pues hasta esta hay que saber cuidarla. O sea que le hice una bonita página a tonos populistas, pero eso debía saberlo ya porque tenía un amplio muestrario de mi trabajo que, si no le gustase, no aceptase. En el fondo me hacía gracia: introducir wordpress, slide, y otros accesorios necesarios de cualquier hooligan que se precie en las altas esferas galeristas tenía un algo de muy humorístico que incluso valía un viaje a Quito. Sospechaba que diría que no, al final, aunque yo hiciese grandes esfuerzos por guardar tonos lo suficientemente amables como para lograr semejante proeza. Pero dijo que sí. Bueno, me dije, andará mal de dinero y tendremos que hacer un popular esfuerzo hasta para ayudar a las señoritingas a poner sus galerías.

Pensé que se arrepetiría pero no lo hizo. Concluí que la lucha de clases que se había plasmado en internet en una enconada guerra entre protocolos largos y cortos no había sido percibida en todas sus implicaciones por los ambientes galeristas quiteños y yo, insisto, hice lo mejor que pude. No desmerecía. Hasta le inventé un espejo que coloqué en el muro, mero producto de mi fantasía creativa en un retrato del que ni yo me habría quejado.

Y me fui.

Lógicamente la guerra de clases surgió con grave virulencia cuando protesté por una deliberada malinterpretación de las condiciones que implicaban el pago de las actualizaciones, no sea que se aprovechase como ejemplo, para querer convertirme en la esclava de algún buana recién surgido de los rangos de cierta izquierda caviar, la llaman en Francia. Me negué rotundamente, o sea que se vengó vía protocolo largo que reprodujo con gran exactitud todos los elementos de la mía sin pagar derechos intelectuales. Le sobraba lo frío, que resultaba de precisamente eso, que era un protocolo largo que copiaba al protocolo corto pretendiendo a ser mejor por ser más largo. “Y es gratis,” dijo, “porque me ayudan.” (Valga cuando te claven la renovación del dominio, pensé, y me vuelves a contar lo de la ayuda.)

De hecho, para mi gran satisfacción, la página había desaparecido hacía unas semanas, lo que se notaba por la renovada visita de la mía. Para su mala suerte, los protocolos cortos no precisan de renovación, o sea que la página, le gustase o no, seguía perennemente ahí, burlón recuerdo del hecho que los protocolos cortos por lo menos se guardan en palabra. Por lo que se merecen su salario: ni engañan, ni pretenden, ni ayudan, ni regalan. Hacen su trabajo, los pagas, y ya está.

Aunque la discusión seguía pendiente, decidí hacer como si no existiese, gesto de gran generosidad que es propio de los protocolos cortos también para concentrar mis pensamientos en los negocios. Sí? Quizá.

En todo caso excusando mi muy impropia auto invitación con una propuesta de negocios, – no dijo que no – aproveché para hacer el análisis psicológico de su obra, es decir, de la selección de obras que era su obra, sospechando que encontraría ahí la clave psicológica que me permitiese vengarme soterradamente de la grave ofensa de la que había sido objeto. “Le voy a robar todos los cuadros,” dije ” es decir, las fotos de los cuadros.” Mientras fotografiaba con gran seriedad todas las obras expuestas. No dijo que no tampoco, lo que me sorprendió, algo. Quizá porque no tiene flash la máquina y pensó que no saldría nada. Pero tiene sensor de luz, lo que es peor. Claro que no se lo dije.

Si usted tiene problemas después con los artistas por salir un artículo a la luz pública sin el permiso de nadie, es decir, sí, de la galerista, se acordará de lo que me pudiese acarrear el suspender actualizaciones por hacer … favores.

Habiendo calmado ya de ese modo mi sed de venganza, perdón, de justicia, tengo que escuchar además que soy difícil de tratar. Es cierto. Semejante tozudez en no querer dejarse seducir por la perspectiva de volverse esclavo ad aeternum de sus majestades, merece al menos ese calificativo. Bueno. Digo. Entonces no quiere hacer negocios tan tentadores abiertos en perspectivas casi extraídas de la habilidad seductora de la misma? No. Si da igual, y yo que venía en son de paz.

Claro que, es otra buena excusa, me dije.

nubes 47 peq  nubes 48 peq

nubes 62 peq

nubes 58 peq  nubes 66 peq

Es una evidencia. La reiterada presencia de lo difuso haciendo alusión a las tormentas de lo inconsciente que se cristaliza en presencias vagamente delineadas femeninas a contenido referencial erótico, que, cuando son más, son dos, aunque bailando, y las mismas dos, aunque sean animales, parejos e iguales sentados uno al lado de otro, debe ser un claro indicativo de tendencias latentes de homosexualidad reprimida. No?

En fin, quizá se pretenda reprimida. Porque la galería juega con la inocencia de aquello que no se sabe y que solo el gesto manifiesta. Pero el resto no nos interesa. La vida privada de cada cual es la vida privada de cada cual y no debiera interferir en los asuntos de negocios aunque para Ileana Viteri “lo emocional afecte las finanzas”, traduje yo.

Precisamente. Digamos que es verdad. La represión no es solo homosexual aunque se agrava en esas zonas. La represión es la incapacidad humana a responder por nuestros sentimientos, vayan dirigidos a quien vayan dirigidos. Nos asustan. Los escondemos detrás de exigencias sociales y apariencias, y nos decimos que ‘tenemos que …’ valorar el rango social, la situación económica, el aspecto, el vestido, el tipo de lenguaje, la realización profesional, etc. Al final se nos olvida que pasar una vida con un traje es ardua tarea y que los éxitos profesionales no nos acompañan de vuelta a casa. Es cierto, sin embargo, que antes de adentrarse en la espeluznante realidad de los tornados afectivos, donde nadie ayuda y nada apoya, quizá lo mejor sea el guardarse dentro de ciertos esquemas sociales vehiculados para no perderse en laberintos demasiado peligrosos. O sea que casi como que se aboga por la represión. Qué bien. Entonces nos ponemos un cuadro en el muro que nos distraiga de nuestros bajos impulsos mientras guardamos fríamente las apariencias. Es casi una solución.

Mientras no se aproveche la circunstancia y se canalice hacia otros lados accidentalemente presentes y no siempre dispuestos a hacer la vez de chivo expiatorio erótico, incluso sexual, pero eso no se dice…

Aunque con bastante mala fé, admito, es eso lo que terminas por verle a una galería de arte. En realidad, la personalidad muy frágil del artista se ve inserta en una problemática social que se dice de múltiples maneras y que se generaliza de por el factor de selección introducido por el galerista. Si es bueno, reconoce precisamente aquello que escapa al artista en el esfuerzo de individualizarse, que son los trazos y rasgos dejados sobre el lienzo de cientos de pequeños pensamientos anclados en un inconsciente más general que dicen algo más que la individualidad del artista y se reagrupan bajo un solo concepto que sabe reconocer el que selecciona. Si es bueno el galerista, vende. Aunque sea porque le guste.

Es evidente que no le guardaba ninguna animosidad aparente a la sra Viteri, aunque hubiese querido acusarme de una destrucción total de su computadora hacía unos meses. A mi me hicieron lo mismo, y si era un virus que atacaba el no sé qué de almacenamiento raíz, entonces venía … del colegio alemán de Guayaquil. Sin lanzar acusaciones en falso y en público, pero el mío venía de ahí y si era el mismo, probablemente tuviese el mismo origen. Lo popular, señora Viteri, parece agresivo de por su misma franqueza, pero la franqueza no es violenta. Violenta es la hipocresía amable y esa no es popular.

Por qué será. Por lo que le quería explicar hace mucho tiempo a Natasha. Lo reprimido, dirigido al género que sea, no sabe callarse. Por prueba de mi insigne demostración, la señora Viteri me facilitaría toda la información necesaria para exportar obras de arte. Veníamos para negocios y yo me lo llevo sin tener que repartir mi pastel. Sabrás dónde se encuentran las minas de oro? Yo no reprimo y por eso … no divulgo. Es un tema aparte, cierto, aunque venga a cuento. Las mejores fuentes de información se encuentran siempre al lado de un cuadro comprado a la galería de arte Ileana Viteri. Yo no tengo en mi casa. Eso se obvia.

Y aun concluyendo sobre tanta diversidad de temas, valga la otra demostración según la cual una deuda de 30 USD que quizá más vale no cobrar puede ser la fuente de una inmensa riqueza, cuando se sabe canalizar la mala uva.

Read Full Post »

En el adulterado proceso de la cotización del arte, quizá el más difícil y más envenenado sea el de la determinación exacta de los criterios de selección utilizados por un galerista para exponer alguna obra sí, y otra no. Yo andaba todavía definiendo la estética de modo casi burlón porque el arte mismo de puro desconstruirse casi se desvanece entre sábanas de algodón, supongo, expuestas en las galerías londinenses, por lo que solo quedaba volver a empezar de nuevo, poniendo muchos puntos sobre las íes, y eso, claro, casi implica el quitarle mucha seriedad a gentes que estando tan bien vestidas son las únicas que tienen el permiso de reunirse con zarrapastrosos artistas en zapatillas de deporte y vaqueros agujereados. Algunos. Es cierto que seguro que hay galeristas que se hacen galeristas solo para tener una excusa social para ponerse unos vaqueros si chocar el medio ambiente.

Qué mala.

Siempre aprovechamos los huecos conceptuales para hacer valer la imprescidible necesidad de nuestro propio arte y en ello la filosofía no es menos: suele empujar las artes hacia la nada para aparecer cual deus ex machina al final y exigir la clara definición del concepto, por favor, que es gratis pero da mucha gloria.

O sea que ya habíamos concluído en artículos anteriores muy esforzados que Goya valía al menos su propio concepto, insinuando que gran parte de la gloria y hasta del precio, subraya Gertrude Stein, nos recae por haber sabido reconocerlo.

El arte siempre ha sido muy complejo porque casi como que pretende a verdades que se salen del estrecho ámbito del taller de pintura y termina por afectar grandes complejos casi acomplejados de situaciones macroeconómicas de dudosa reputación. Quizá el arte termine siempre por quererse ideología aunque la única sea el rechazar las ideologías.

Hay tres razones para comprar una obra de arte: a) que te guste b) que esté bien hecha c) que sea una buena inversión. Lo que te gusta y lo que está bien hecho siempre son buenas inversiones, y si además tienes suerte y te deja algún centavo al final, tanto mejor, dices, aunque el arte presuma no interesarse por bienes materiales y eso cuando lo que maneja son tangibles pinceles y pinturas. De algún modo el pintor también se apega a lo material aunque pretenda a ideales coceptos.

Plasma. El artista. No es cierto? El concepto etéreo, la configuración mental, las disposiciones internas, encuentran caminos estrechos entre las combinaciones de formas y colores y se hace hecho empírico casi audible para quien ve la obra. De modo muy simplista y sin querer determinar nada en exceso, diría que lo que califica el arte es primero el ‘savoir faire’, una técnica que se aprende con mucho esfuerzo, quizá y dentro de la que uno desarrolla su propia personalidad inventándose un color, una línea, un gesto. Después, lo que ajusta un concepto propio a la imagen plasmada. Y finalmente, el modo por el que tan obcecado decirse termina por hacerse un hueco entre las realidades más comunes. Tanto lo primero como lo tercero, a mi entender, depende casi intrínsecamente de lo segundo. Mi propio concepto, de aquello que soy o quiero decir, reflejar o comunicar, contiene los elementos que determinan los esfuerzos que quiera hacer para adquirir una técnica y el modo por el que me integro dentro de un contexto.

Independientemente de la ideología a la que se apegue un artista o una corriente, esto es siempre cierto. Aun rechazando lo formal y las técnicas, aun estimado que vale más lo espontáneo, afectivo, errático y caótico, es esto mismo lo que determina lo que hacemos y lo que finalmente transmitimos. Aunque (y precisamente) algunos pretendan que el arte ‘tiene’ que ser algo fijado en burocráticos salones como siendo aquello mismo que hace de ello arte, esto mismo sigue reflejándose en la obra sin hacer mella sobre los intentos de algunos de decir alguna otra cosa. Que suele reconocerse un par de siglos más tarde: una inusitada genialidad que se acopla a criterios y juicios mucho más posteriores, quizá. Quizá terminen siendo nada más que una herencia de alguien que dice ‘mi abuelo era pintor’ sin mayores pretensiones.

Yo no soy artista aunque hago malabares con los conceptos. Desde mi punto de vista, lo interesante es saber qué dice una obra y la mejor manera de saberlo es haciendo algo con tus propias manos. O sea que pones una línea en un lado y otra en otro, combinas un color con otro y terminas por saber, que aquella misma disposición interna que se puede contar también en una historia es la que se fija en imagen y termina por burlarse de las nubes que hacen más o menos lo mismo pero sin pensar en la perennidad de su concepto. Tendrás que ayudarlas y darles un poco de longevidad fijando su estado de ánimo con una cámara de fotos.

Terminas por pensar que da igual lo que piense cada cual con sus colores. Lo interesante es captar el instante mismo e el que alguien se dice a su manera, aunque sea retraida, tímida o alusiva. Enganchándose a otros modos de ver de por la similitud y osando alguna manifestación particular en alguna esquina recóndita del cuadro. Extrañamente, aunque se enfoque el arte de muy diversas perspectivas, siempre se puede encontrar ese rasgo: la falta de personalidad contrastada con el balbuceo incipiente de un ‘yo’ abstraido en imagen. Como – y aun conceptualizando hasta el poder decirse en pintura aunque sea electrónica – no soy galerista y no pongo precio a la cabeza de nadie, puedo considerar las cosas con más ligereza e incluso trigonométrica indiferencia. Mi concepto será básicamente siempre el mismo: no es que yo valore o aprecie, acaso tú piensas que vale algo lo que haces?

A mi puede que me guste algo o que me haga reir, y aun lo que no me gusta provoca reacciones que a mi entender son posiciones intectuales y cualquier reacción es, por ser reacción, un valor propio que enriquece mi cotidiana existencia. Evidentemente no da precio, no sitúa, no determina, y consiguientemente no vende, aunque se comparte. Aunque comprenda quizá lo que mueve un pincel, aun en sus lados más oscuros, en la provocación que pretende poder expresar aquello que no se atreve a pensar la mente, la rebeldía cobarde de quien quiere cambiar los mundos porque estima los suyos mejores sin preguntar a nadie más, y muchos oblícuos etc. soy básicamente la más sarcástica oposición a la galería de arte.

No dejarán a la gente en paz. Digo. Y quién serás tú para decir que esto vale y además tanto.

Evidentemente mis preferencias girarán siempre alrededor de los Modigliani que venden su obra por una botella de absinta, o aquellos griegos que cambian lienzos por una barra de pan en algún pueblo alejado, se quedarán con Rublev, atravesando nieves para realizar algún fresco sobre un muro, en todo aquello que por obstinarse en decirse, termina por olvidar las condecoraciones monetarias y otras con las que las sociedades pretenden poder encauzar tu obstinada búsqueda. De algo. Quizá.

En la pintura hay algo nómada que se estrella contra las galerías como una tienda beduina contra el Wall Street Centre. Si se llama así. Precisamente. Desde la perspectiva del camello en el fondo da lo mismo.

Eso le dije a mi profesora de filosofía del arte o estética: que de todo lugar donde se pudiese meter una obra arte el menos adecuado es un museo, por no decir la galería de arte. Cuanta mariposa hecha cadaver de colección para mostrar solo en caso de que se pretende a algún pasajero noviazgo. Para envanecerse de algo, quiero decir, con una finalidad muy distinta a la de mostrar belleza. O compartirla. Cuando el amor se suspende de una colección de mariposas, mal camino toma. Cual tomase si se enfila en una galería de arte.

Quizá la pérfida relación entre lo que espontáneamente se quiere decir, manifestar y presentar y finalidades segundas y terceras que nos escapan tenga su perverso encanto que en el fondo solo termine por gustar a esos mismos que mantienen relaciones pasionales con el lado oscuro del alma humana. No le atribuiría inocencia en ningún caso. Aunque no quiera vender y siempre quiere pues para qué sino tanta parafernalia, siempre quedará la mezquina intención de aprovechar la obra de otros para decirse también, para imponer criterios, para proclamar evidencias tergiversando con mayor o menor sutileza los mensajes de aquellos.

La pintura, cuando es pintura, no se puede hacer sin inocencia. Porque el decir algo, al definirse, y aunque sea una soberana tontería interesada, precisa de ese momento casi desvanecido en el que lo que se quiere decir se casa con el modo de expresarlo. Y eso solo sucede ahí donde se retrae la inocencia. El galerista no precisa de ella: solo pone algo en algún sitio seleccionando bien el lugar para retorcer los mensajes intrínsecos a su conveniencia. Dirías.

Se nota. Un galerista siempre te hace un favor cuando expone tu obra aunque seas tú quien lo enriquezca. Es así. Y no se puede cambiar. Y la mayoría de los pintores se lo creen. Pero a los nómadas siempre les impresionan los castillos. Y hasta la mentira seduce. Quizá todo el dilema del arte resida en que la realidad no se hace de inocencia y que es difícil plasmar inocentemente la seducción. Se intenta, pero es muy difícil. Klimt hizo muchos ensayos al respecto, como quien quiere decir que sí, que es verdad que quizá el amor exista, pero que la realidad no es así. Es engañosa, tramposa, mala, villana, embaucadora, y eso, puede decirse inocentemente? Quizá. En una galería de arte.

Klimt expone bien en una galería de arte.

Pero hay pocos.

Cuan difícil es definirse y sobre todo, cuando no te va la vida en ello. Mi arte, concluyo, es lo que le dije a Ileana Viteri, accidentalmente: ‘que estamos haciendo un sello para un ligotito de oro’. Ella dice que es ‘lo que le gusta’, lo que al menos parece escapar a los dictámenes del Ministerio de Cultura francés.

Claro. Le volví a hacer una foto a otra nube lo que en el fondo me parecía aun más divertido.

Justo ahí. Es cierto. Entre dos mundos como un puente dibujándose apenas sobre el abismo. Si las civilizaciones hacen inmensos esfuerzos por ayudar al ser humano a individualizarse, a determinarse como persona quizá relacionada con otras pero única en su singularidad, esto termina por revelar los aspectos más oscuros del ser humano, también. “Su nombre …” y tiene que caerse todo el mundo a sus pies como si de alguna nueva divinidad se tratase. Me importará, digo.

Algo así.

p 8 peq

Valga la evidencia que María José ha puesto su nombre de modo claro e incluso ostentoso sobre una obra que representa … un payaso. Es lógico que el cuadro esté un poco torcido y en todo caso no tienes más remedio que reirte y decir: “es una evidencia”.

Eso. Que uno no debe modestamente resaltar demasiado y que cuando lo hace, hace el payaso. Es profundamente moralista en el fondo y de una sutil burla agrediendo el star system americano, interpreto. Es tan inocente que casi se le olvida que si no pone la firma, alguien puede ponerla en su lugar, como en tantas otras ocasiones antes. Y se le olvida que entre las muchas gentes que pueblan el universo, hay pocas que tuviesen el acierto de plasmar semejante pensamiento de modo tan sencillo, por lo que bien vale especificar de donde ha salido semejante ocurrencia. Es casi tierno, porque se le olvida todo eso.

Y ahí estamos. Lo difícil y quizá lo imposible es de dibujar la ternura, y te sale por accidente porque la provoca de por su propia espontánea determinación en … decir otra cosa. A semejante virulenta protesta sabiamente encauzada en moldes crípticos y alusivos se le ha olvidado llevar la consecuencia hasta el final y eso es lo que le da el algo al conjunto que fuese imposible, dirías, provocar deliberadamente.

“Nosotros estamos haciendo un sello para un lingotito de oro.” Le dije a Ileana Viteri. Nosotros. Yo lo ideo, tú lo pintas, aquel lo dibuja, el otro saca el moldo, y aun otro, lo estampa contra el lingote. En acero. Al final tenía que ser en acero por lo del punto de fusión y el martillazo final. O sea que había cuatro científicos que habían estado contribuyendo a la elaboración desde las páginas grises robadas a internet, anónimamente. También.

Nosotros somos los mismos nosotros que de otro modo ponemos sello y nombre a la mina, al oro, al lingote, como firmando en nombre de otros sin manos ni dedos para hacer garabatos sobre los que gesta la montaña. No sé si se ofenderá la montaña, aunque no lo creo. Es decir que hay una problemática general y mientras María José se burla del star system, otros ponen seriamente apelaciones de origen sobre los lingotes, dando nombre a quien no lo tuviese.

Entre el ‘yo’ egocéntrico y abusivo y el anónimo ‘nosotros’ de la artesanía no identificada, hay un ‘yo’ que se dice en ‘nosotros’ como quien termina por subrayar la necesidad de identificar en si el quehacer de otros muchos. Sin negar la presencia de aquellos, precisamente. Sin apropiarse lo de otros. Como quien deja caer en el dibujo la presencia de otros tantos. En mi dibujo. Ah, sí. También la idea fue mía.

Eso entiendo por arte, le dije a Ileana Viteri.

Porque tenía que llevarle la contraria, necesariamente. Que le guste o no, además.

Porque al final, al final del todo, precisamente, entiendo que bien quisiera el galerista que se le reconociese la obra. La suya. El tortuoso laberinto muy enrevesado que junta conceptos en fusiones químicas que terminan por decir lo que que quería decir el galerista. No es lo mismo comprar en la calle que comprarle a Ileana Viteri. No. Necesariamente. Cuando has adquirido de Viteri te has tenido que someter a una conceptualización suplementaria que debería fijar el nexo entre los vaqueros agujereados y las sociedades establecidas. Y toda la cuestión reside en saber qué es lo que se le ha agregado a la obra por transfusión de simbiosis determinada por los lugares donde se encuentra.

De lo que quizá debiéramos ocuparnos dentro de un rato.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »