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Archive for the ‘Filosofía del derecho’ Category

Ya empezando se interpreta la ley de muy diversas maneras. El concepto. Que además se suspende de diversas metafísicas que distorsionan los sentidos, no se definen muy claramente y muy a menudo forman oscuros nubarrones del que sale algún rayo judicial cuyo profundo sentido a veces se termina por elucidar siglos más tardes. Y aun diciendo esto, será necesidad el considerar que dentro de esas metafísicas las hay que aseguran que la ley es lo que es, invariable e inmutable, verdad eterna lloviendo de los cielos cuya autoridad simplemente no se discute y menos aun con planteamientos aparentemente tan relativistas aunque, ay, tan cercanos de las realidades terrestres.

Es difícil abarcar en un solo y claro esquema la infinidad de modos de entender la ley y subsiguientemente la justicia y al final, cuando ya hartan las ideologías y realmente tienes la impresión de que el mero plantearse ideales humanos de justicia no fuera nada más que un algo cuya imagen bien se retranscribiera en pegar gritos subido a una alta columna desértica y a punto estás de desesperar, terminas por colgarte de tres o cuatro sencillas evidencias que precisamente no resuelven nada pero te ayudan a vivir en una visión general del mundo sosegadamente apacible en la que ‘cupiera’ justicia sin que se confronte en exceso a realidades demasiado tangibles y materiales por no tener que digerir psicosomáticamente además, la desilusión.

Hay que sacarle el jugo a lo que haya aunque constates que lo que hay quizá no sea tanto un pensamiento fundamental determinante sino un accidente que resulta del obcecado insistir de lo inteligible en dejar huella aun entre las realidades humanas.

Pienso que el ser humano es libre, y sobre todo libre de confundirse. Aun y con ello, que en un momento dado se decide por dejar los impulsos biológicos y las venganzas físicas delegando parte de su persona jurídica sobre otros que regulan tanto impulsos como venganza dentro de cuerpos de leyes, juicios, avisos y golpes de martillo, sustituyendo la querella directa por una evaluación más objetiva que conlleva sus penas racionalizadas.

Precisamente. Porque delega nunca pierde el juicio. Sigue teniéndolo, guardián muy consciente de exigencias derivando del haber querido unirse a otros para explorar territorios más civilizados. Cuando la justicia o los cuerpos que se deben representarla, derrapan, se desvían en exceso, hacen como si no tuviésemos el juicio nosotros mismos, etc. el ser humano tiende a retirarse, enfriarse y asumir la justicia por su mano. Vuelve al derecho natural, esperando que surjan contextos en los que se pueda decir la justicia de otros modos.

No que no puedas asumir ciertos errores, lo que no se puede asumir es el uso de la justicia para intereses propios que no respetan la persona del otro. Juez será. Pero no para juzgar de cualquier manera sino para atenerse a leyes. No hace el vestido el fraile.

Terminas por pensar que no puedes exigir de nadie un juicio muy completo sobre situaciones que además fuesen muy complejas. Pero te das cuenta de otra cosa. Como que lo que resalta por justicia o soberanía u otro, siendo un fulgor muy temporal en las escenas de la realidad humana, se percibiese por lo que es, y no queriendo los muchos perderlo, lo hicieran protocolos, modos de proceder que cristalizan de algún modo esa luz que se ha visto brillar con mucho juicio o determinación por algún rato. En algunos lugares se hace ritos, son costumbres, en todo caso fijan en un comportamiento más o menos solemne al que se deben someter los participantes los rasgos esenciales de una disposición interna que quizá muchos no sepan compartir pero a la que se doblegan de por la mera aceptación del proceder del que parece surgir, cuando no se tergiversa, la misma luz justa o soberana que era propia de uno solo.

Concluyes que dentro de la muy general diversidad en el modo de entender leyes y justicia, eso lo tienen en común: toda justicia se hace en un protocolo que parece referirse a percepciones más profundas del sentido que las gobierna.

Yo me dije al final que quizá el modo más sencillo de decir las leyes era refiriéndolas a las reglas de un juego, para quitarle ese aire acusador o castigador, incluso tiránico y abusivo que suele acompañar el ejercicio de las mismas. Veía un constante chocarse de la inteligencia humana contra reglas cuyo sentido apenas percibe y que termina por descubrir al rozarse el individuo con ellas en la realidad. Pero en mi juego siempre persistía la noción del duelo, en la que se le da palabra a dos en la posibilidad de defenderse sin prejuicio o de acusar por restablecer situaciones que se tuercen cada día más. No lo es? Como un juego burlón y casi socarrón, el almacenar abusivamente y ostentosamente toda clase de propiedades intelectuales del vecino y esperar a que se haga la tormenta, que vengan corriendo aquellos pegando gritos y digas pausadamente, no, pero, señores, es que Ecuador no ha firmado los tratados internacionales sobre la propiedad intelectual. Y ves que se chafa tanta agitación contra el muy expuesto tronco de una evidencia legal y no hay modo de hacer nada. Dices.

Acaso en las Bahamas no tienen leyes sobre los impuestos más benignas? Y aunque no guste a nadie, nadie se puede oponer a ello? Por qué pues otros no tuviesen la posibilidad de explotar un  pequeño hueco que revierta en la adquisición gratuita de muchas Ines de La Fressange, Brigitte Bardot u otras que bien venden en publicidades?

En el fondo defiendes con un poco de sorna la soberanía de los pueblos en su autodeterminación en cuanto a leyes y justicia y la posibilidad de aprovechar un hueco para sacar provecho de él. Y no que digas que hubiese mala intención. Cuando la costumbre te dice que tú tienes que hacer algo por ti mismo aunque sea cambiando una jota a lo que hizo el vecino, no puedes aplicar leyes muy exigentes sobre los derechos intelectuales porque rompes la costumbre que es lo que suele ordenar a las gentes.

Del mismo modo rechazas de por principio la imposición arbitraria de modos de ver o pensar que puede que convengan a algunos pero no necesariamente a todos. Detrás del modo por el que terminas por entender las leyes y la justicia se encuentran profundas cuestiones que se rozan con el mundo provocando a veces situaciones extremadamente inverosímiles pero que siempre ayudan a elucidar problemas y profundizar cuestionamientos siempre y cuando se respete al menos eso: que hay siempre dos en un litigio. Y un juez que se debe imparcial de por definición.

Lógicamente este modo de ver un poco juguetón, se choca con modos de pensar que quisieran poder condicionar el comportamiento de las gentes de por la imposición de un juicio que poco considera la argumentación. A mi entender eso es lo que estrella las sociedades contra la dictadura y la tiranía. Y cuando falla la justicia, se hunden los sistemas políticos que en el fondo solo están ahí para preservar los fundamentos de justicia de los pueblos.

Desde un punto de vista lógico y sobre todo cuando se confrontan bloques interpretativos distintos, lo único que se puede hacer es defender el hecho. No la interpretación, el hecho. Es un hecho que las gentes se ordenan por sus sistemas jurídicos, porque son los que conocen. Malamente le dijeras a alguien que se oriente por la ley de Malasia en Londres. Pero qué pasa cuando el londinense se va a Malasia, o el de Malasia llega a Londres?

Decimos de facto, que el mero hecho de que alguien se permita descaradamente atravesar fronteras lo obliga a someterse de por el mismo sello de entrada a un cuerpo de leyes que determina la tierra en cuestión y que es poco argumento el ‘no lo sabía’, porque bien le habría valido el enterarse antes de cometer semejante pecado.

Las leyes en el fondo tienden a preservar tanto un orden determinado como una seguridad. Sé que si falsifico este papel, aterrizo en una mazmorra. Si no lo hago, me otorga derechos y poderes que no quiero compartir con quien tenga el papel falso por el esfuerzo que me costó obtenerlo. Es contradictorio con la justicia el que los haya quienes pretenden tergiversar la ley por argumento de dudosa naturaleza para esquivar sus consecuencias y eso a menudo con la ayuda de jueces que piensan así poder manifestarse como estando por encima de las leyes. Fuera? Si la ley me dice esto y yo lo hago y lo hago porque es lo que debo hacer, puede venir después un juez y decirme que no, porque le ha dado pena otro al que no le conviene que sean las cosas como son? Se invalida la ley, porque yo pierdo la pauta de comportamiento que ordena mi realidad que empieza a depender de lo que se le ocurra al juez de turno en cuanto a la cuestión que nos afecta.

Dices. La ley francesa ordena que la deuda se reconozca de por una serie de formalidades. Es deuda si existen estas, pero no hay deuda si no existen. Puede un juez decir que pudiese ser que se admitiese como formalidad una firma sobre un papel que puede haber sido rellenado por otro, conseguido en estado de embriaguez u otro que sería aun más ilícito que el de tener una deuda? La ley es a veces muy irónica: acaso no sabes lo que determina la deuda? Este documento, con esta formalidad, una firma, lo que haga falta. No lo sabes? Y a ley pretendes? De por si la ley anula la pretensión del que reclama porque no ha sabido atenerse a ella cuando hizo lo que hizo. Y si un juez se deja conmover por la lágrimas de aquel, acaso no está deshaciendo las bases de la justicia? Y le recaería.

Y claro, deja la ley mucho espacio a que se juegue con la tontería. Digo yo. Tú me insultas y no hay testigos. Yo no te voy a pegar una bofetada, porque me digo de otras realidades. Pero. Precisamente. Aquello por lo que me insultas, no denota acaso un estar fuera de la persona inteligente que a su vez caiga en cualquier trampa que se le tienda? Y si caes, encima reclamas? Más vale asociarlo al insulto primero que te de luces sobre tu falta de inteligencia. Lo puede defender la justicia? En un principio, no, aunque lo sepa, porque debiera saber también lo que precede y en lo que le incumbe solo está la evidencia de una falta cometida que debe castigar. El por qué no le incumbe.

Pero no siempre son las cosas tan claras y muy a menudo debes confrontarte a la evidencia de que la justicia defiende más al que yerra que al que fue insultado. Por eso hay que saber también a qué tribunales te diriges, porque cada cual tiene su historia y su modo de evaluar las cosas.

Yo lo diría. Que me quedo en Londres. Por qué? Porque probablemente aunque no lo sepa se basa en el derecho isabelino que en realidad no consiste nada más que en olvidar las lágrimas de la hermana para atenerse al frío hecho indiferente de la alta traición. No hay lágrimas, solo hechos. Fuera Holanda? Yo diría que no, porque aun mantienen la interpretación que se vuelve muy arbitraria contra la despiadada manera de entender las leyes española. Está en el tiempo y persiste. No basta en Holanda con exigir leyes para que te abofeteen con la interpretación? Y como yo no sé de qué depende aunque sospeche que de por el mero hecho de reclamar leyes se girará toda la interpretación en mi contra, mas me vale tomar distancias.

Y aunque modos diversos haya de ver las cosas, supongo que al final solo queda la lógica y el escándalo cuando esta no se respeta. Muy salomónicamente el derecho internacional presume que un crimen debe ser castigado allí donde se cometió. Es normal. Las leyes que rigen un lugar son las que determinan y no puedes venir tú con leyes ajenas e imponerlas sobre un cuerpo de leyes establecido que se dice a su manera. No le quita sitio al tribunal internacional siempre y cuando determine qué se ha hecho dónde y apliquen las leyes del lugar donde se hacen las cosas. No es porque en Inglaterra rigen ciertas leyes sobre la propiedad intelectual que rigen aqui. Y no es porque en Alemania rigen ciertas leyes sobre el pago de impuestos, que rigen en las Bahamas. Estoy cometiendo un crimen en las Bahamas no pagando impuestos aunque sea alemana? No. Porque me determinan las leyes de las Bahamas. Mientras esté en las Bahamas, claro, que luego se me puede acusar en Alemania de evasión de capitales. Si tienen esa ley. Y si no la tienen, qué culpa la mía?

Siempre y cuando estos principios se respeten, la justicia se mantiene. El mero hecho de intentar imponer un juicio con leyes extranjeras sobre una nación soberana es un atentado contra la soberanía nacional y no solo anula de por si el juicio sino que a veces los tribunales enteros.

Valga por el ejemplo de Yugoslavia. Si el derecho internacional está sujeto a consecuencia que puede ser guerra, el último acto de Helsinki, no lo está. Cómo se puede juzgar una nación soberana con respecto a algo que no está sujeto a consecuencia? Y a un soberano. Y si este ‘juicio’ conlleva un acto de guerra que de por su falta de justificación está violando el derecho internacional acaso no hay infracción grave de parte de quien agredió con un acto de guerra? Y acaso no se anula un tribunal que no sabe hacer la diferencia entre lo que es ‘binding’ y lo que no lo es? Porque menudo ridículo, a mi entender y un ridículo poco sujeto a interpretación.

Lo gracioso, a veces, en lo que concierne los tribunales internacionales es que no pueden hacer valer sentencia fuera de su territorio porque no tienen los medios, por lo que muy a menudo se queda el juicio en lo que fuera la clara expresión de un punto de vista sobre un asunto sin mayor consecuencia. Y pienso que esa debilidad proviene del hecho de que no se respetan suficientemente las legislaciones nacionales concernidas.

Caso Rothschild. Si a alguien en un país donde se pueden comprar nombres por módicas sumas, se le ocurre comprarse el nombre Rothschild y hace una página y la vende con ese nombre. Qué derecho internacional se lo prohibiese? Porque él comete su supuesto crimen en su tierra donde lo que hace está permitido, y no es porque moleste a unos señores en la otra punta del mundo, que debiese imponerse su molestia sobre el derecho. Y si embargo ha sucedido, que se le prohibiese al señor en cuestión la venta de su página basado en legislaciones desconocidas.

Esto causa mucha descofianza hacia los tribunales internacionales y lógicamente causa perturbación en las relaciones sobre todo comerciales internacionales que se ven impuestas leyes que no son las de uno, cosa que lógicamente la gente no entiende. Pero sin imponer leyes a nadie: acaso no tiene el tribunal internacional los medios de determinar si alguien ha cometido un crimen según las leyes de su país? Y si lo ha hecho, acaso no aplican de inmediato las leyes del país concernido? Por lo que por derivación natural se ejecuta sentencia de tribunal internacional en el país concernido, siempre y cuando este país reconozca la autoridad de aquel.

Quizá sea un ideal. Pero mientras tanto cabe considerar que la persona tiene el derecho de sustraerse a juicio cuando estima que no se respetan las mínimas condiciones de imparcialidad y que cuando esto se vuelve recurrente, la gente tiende a recurrir a las bofetadas porque no se fía de los tribunales, y eso causa perjuicio a los intentos de sustraernos a las leyes naturales para decirnos responsablemente delante de otros capaces de evaluar nuestros actos y enderezar de por su mera presencia errores e incomprensiones.

Yo prefiero los tribunales a los ajustes de cuentas, pero eso no implica que no tengas que optar por otros medios cuando de manera obvia desfallece la justicia. Como éste. Por linchaje verbal cuando no hay más opción. Lo contestase nadie?

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