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Archive for the ‘Metafísica’ Category

El origen del universo

Qué une una variable ‘x’ a un algo determinado ‘a’, y esto a un objeto concreto que se determine por su percepción de algún modo?

‘a’ a ‘x’ se une por una característica.

‘a’ a algo se une por una identificación.

Una característica le es propia a la cosa.
Una identificación es un acto de la mente.

Aun y con todo, precisamente, el origen del universo se sitúa en ausencia de todo esto.

Como si se pensase solo lo que falta de ‘x’ en su relación a ‘a’. O como si se pensase solo el acto de identificación sin nadie que identificase y nada que identificar.

Cómo se pasa del círculo al cuadrado? Empíricamente.

La relación entre lo que estructura la mente y la realidad espacio-temporal es la misma que hubiese entre el círculo y el cuadrado.

Cuando la mente hace síntesis de un concepto, lo hace de atrás para adelante. Aunque se presuponga que la habilidad misma de hacer síntesis de un concepto precede a la síntesis y a la percepción de aquello sobre lo que se hace síntesis, en realidad debe haber una percepción temporalmente anterior para que se pueda operar una síntesis sobre ella.

Toda cosa sintetizada se analiza en términos de forma y materia. Se dice ‘abstracto’ un concepto que no se puede analizar en términos de forma y materia, como el tiempo, el espacio, la velocidad, etc. en si.

Se supone que antes de que se originara el universo no había nada. Por nada se entiende aquello que concretamente se puede analizar en términos espacio-temporales.

Lo que se dice imanente y consiguientemente emanente en lo que es antes, es todo aquello que no deriva de coordenadas espacio-temporales.

Si hay tiempo, puede que el tiempo no pase. Si hay espacio, puede que el espacio no se mida. También se habla de los amplios territorios del alma.

Puede lo que se ausenta en la relación de ‘x’ a ‘a’ y el acto que no identifica nada, contener en si no solo energía que de otro modo se llamase, sino además generar relación material en su espacio-temporalidad de por si?

De por contradicción de identidad.

No ‘finalidad’ (pos+pos) ‘en si’ (pos+neg), ‘en principio’ (neg+neg) – A – opone a (pos+pos) en (neg+neg) en (pos+neg) – B – no genera caos solo y solamente si en A, en ‘pos+neg’ es  ‘pos+pos’ en ‘neg+neg’ = B.

En el fondo, basta con pensarlo en tanto que acto de voluntad para que sea, solo si ‘id en B’.

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“Il faudra attendre jusqu’en 1882 pour que le mathématicien allemand Ferdinand von Lindemann démontre la transcendance de Pi. Transcendance ? Cela signifie que Pi ne peut pas être la solution d’une équation algébrique à coefficients entiers. Il ne peut satisfaire aucune équation algébrique à coefficients rationnels. Il n’est qu’une suite infinie de termes. Autrement dit, on ne peut pas le représenter géométriquement : la quadrature du cercle est impossible.

Aujourd’hui, ce problème irrésolu pendant plus de 3000 ans a intégré le langage courant puisque chercher la quadrature du cercle est une expression désignant un problème insurmontable.”

de: http://www.linternaute.com/science/histoires-de-science/quadrature-cercle/quadrature.shtml

excepto si se trata el problema a la inglesa, es decir, por medio de verificación empírica. Quizá el problema resida en que se utiliza la superficie para cuadrar el círculo. Ahora, si se tomase la longitud del perímetro? La longitud del perímetro existe solo si se mide el perímetro poniendo un hilo sobre el círculo. Si el círculo ‘a’, de dimensión ‘x’, tiene una longitud perimetral de ‘z’, debe haber una relación entre una serie de círculos en proporción determinada, que de la equivalencia con un aumento progresivo en la dimensión del cuadrado o la longitud de su perímetro.

Para pasar del círculo al cuadrado, hace falta un hilo, de preferencia, conductor.

Es decir: el círculo es un tipo de dimensión y el cuadrado y lo que deriva, es otra. En la primera se agrupan los cilindros, las esferas, etc. y en segundo, los rectángulos, polígonos de diversa índole, etc. La dificultad no reside en el número ‘pi’, sino en el cambio de dimensión.

Lo circular reagrupa lo que contiene la fenomenología del tiempo, mientras que lo ‘esquinero’ aquello que es del espacio.

Cuando fijas lo del tiempo en términos espaciales, lo espacializas, por lo que pierdes la noción temporal. En el fondo, ‘pi’, no dice nada más que eso: su trascendencia es la clara insinuación de que algo se omite.

Cuanda se trata el problema de la equivalencia de las dimensiones, tienes que (subjetivizas) introducir artificialmente la noción temporal que se omite  a través de un acto empírico. No hay otra solución porque sino no hay equivalencia.

En el fondo es como casarse: no vale mientras no se haya consumido el acto.

Lógicamente, hasta ‘pi’ cuadra cuando se multiplica por ‘x’ de ‘t’.

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El agente de la síntesis

El problema se había resuelto solo y se disipó el misterio. En realidad, no quedaba más remedio.

Hume decía que es imposible universalizar una impresión sensible. Kant subraya que lo universal existe como forma del entendimiento y obviamente, ambos tenían razón. No quedaba más remedio que pensar que algo pasaba entre el momento en el que se percibe algo y el momento en el que se forma un concepto. De hecho, lo que aparece como llevando la marca de lo universal, o de la unidad, y demás dependiendo, es el concepto: “Todo animal vive y muere.” No se refiere a los animales que andan por el mundo (afirma Hume), sino al concepto que para poder utilizarse debe designar un ‘algo’ que viva o muera y eso siempre (todo) – indicaría Kant, aunque no lo hace.

Entre una impresión sensible perecedera e imprecisa a la formación del concepto  hay un ‘proceso’ que lleva de esta a aquel , y como el concepto tiene más de lo que lo origina, (demostración por tercer excluido en no contradicción) es necesario pensar que lo que causa el proceso contiene esos elementos que quedan de modo residual en el concepto.

Llámese síntesis el proceso por el que la impresión sensible se convierte en concepto, y espíritu al agente de la síntesis, que en si al no poder recaer sobre una impresión sensible ya que teniendo características que lo sensible no tiene, actúa fuera de la esfera empírica, siendo perceptible solo de por su acción que deja huella del mismo sobre el entendimiento.

Esta definición extremadamente intelectualista forma empero un puente aun relativamente frágil entre ciertos conceptos de Dios y la lógica clásica: ‘yo soy quién soy’, es un definición de si en identidad del Dios hebreo (Pentateuco), y eso permite ‘identificar’ los principios lógicos de identidad, no contradicción y tercero excluido a este que se dice en persona. Al mismo tiempo permite la asociación por similitud estructural de la ciencia y la moral: la ciencia se basa en el reconocimiento de una lógica suspendida de principios, que, dentro de un campo de conocimiento determinado, genera definiciones y leyes que se establecen en aquello a partir de procesos demostrativos o experimentales propios. Del mismo modo se puede decir que el sujeto, como ente moral, reconoce a través del mismo principio el sentido de ciertas leyes dentro de un área determinada, cuya exploración está normalmente restringida a ciertas interacciones verbales con los responsables de su gestión.

La primera síntesis de identidad que hace el sujeto es la del si, que aunque no sea la primera temporalmente, lo es lógicamente. Ese ‘si mismo’, no es una masa física, sino el ente que interacciona a su modo con todos esos elementos precedentes.

Si, quizá, intuitivamente tenemos noción de eso mismo, que hay un agente dando vueltas por lugares recónditos del alma, la herencia que se dice de una infinidad de maneras a través de la historia, forma constante fricción con esa intuición primera. Esta herencia consiste principalmente (pecado original, se llama en términos religiosos), en asociarnos por apropiación o atribución indebida las características que derivan del agente, es decir, la persona en tanto que genera el espíritu en lo que implica de verdad, de justicia o incluso de juicio, de bondad o generosidad, o de belleza intrínseca.

Este ‘falso’ – derive o no de las luciérnagas, como se pudiese mantener por otro lado, es decir, de la interacción de algún comestible con las neuronas – genera una distorsión de la aprensión de la realidad que impide que se mantenga una relación natural incluso con el propio ente biológico que somos. La distorsión obliga a referenciarse a un antes interno que aporta la memoria, que conforta una especie de ‘ideal’ imponiéndose sobre el comportamiento y ordenándose dentro de ciertas estructuras de pensamientos. Vital para la regeneración de la aprensión es la imagen proyectada desde el exterior que forma ‘generales’ de comportamiento a través de leyes que dífícilmente se extirpan a tanta tontería. En ese momento, el hombre (como varón) en tanto que estructurante de la realidad exterior, adquiere prioridad sobre los muy confusos impulsos del alma, normalmente vehiculados por la mujer (Salida del Paraíso).

La realidad humana se hace de la constante tensión mantenida entre la presunción de nuestra propia divinidad (y seréis como dioses) y las leyes impuestas para mantener no sea que relativos parámetros de razón. Digo bien, impuestas, porque por desnaturalización tendemos a no generarlas de modo intrínseco. Aunque se oponga radicalmente a la teoría de Rousseau según la cual naturalmente el hombre es bueno y solo la civilización lo deteriora, pareciese que fuésemos todos originalmente bastante malos. Y entiéndase por ‘malo’ no perverso, sino salidos de nuestra propia naturaleza de por si o de por herencia. Es perverso quien en ello se place y deriva bienestar de un estado degenerado.

Se supone que el llamado Cristo trae una solución un tanto enigmática a tanta degeneración, insertando en la realidad humana una refracción reversa que sacase al humano de la distorsión para devolverlo al origen y de ahí, quizá, a más divinos lugares. Es una refracción porque aparece pero no dice nada: lo que queda para la memoria es lo que otros dicen de él. Reversa porque la misma distorsión de aprensión deforma lo que hace y dice: en apariencia construye una imagen que impacta el entendimiento y, conteniendo vida propia (una lógica activa, se dijese), ‘cura’ la ruptura que se hizo originalmente.

Claramente, en ese momento, el rol masculino se relega a segundo lugar: él fue sacado del barro y es pues de tierra, ella de lo vivo que es la costilla de aquel y en si, contiene más de lo que tiene el otro. La apariencia no se impone ya por necesidad, la mera capacidad de reconocer lo que es en tanto que es lo que es, permite fijar dentro del psiquismo en su relación al entendimiento el referente de comportamiento.

El estrecho puentecillo que se ha construido por reconocimiento entre una conclusión lógica y las esferas llamadas religiosas revelan claramente una cosa: el mismo agente que permite la síntesis intelectual del concepto, se reconoce en una multiplicidad de historias o modos de contar la realidad. Se abre el cisma entre el entendimiento y el alma: aquel solo ordena en graves estructuras lo que se limita a la percepción de los sentidos, mientras aquella genera un espacio que tiene en cuenta la misma lógica interna estructurando realidades y abarca experiencias, sentimientos y relaciones.

No basta con decir: la mesa está ahí. Fui yo quien me senté a la mesa en aquel momento dentro de un complejo ir y venir de cuestiones que justifican el hecho.

Ancestralmente llamado ‘madre’ o ‘montaña’, ese conjunto de historias que se dice en la misma identidad que genera el concepto, forma una noción intuitiva muy compleja dentro de la que prácticamente vivimos, el tejido psíquico general en sus diferencias e interrelaciones. La ‘madre’ se relaciona con el entendimiento y pues con la estructuración de los estados (del ‘padre’) de modo más o menos racional a través de los tiempos. Llega un momento en el que ‘el padre’ se disocia de su representación humana y se prohibe terminantemente la asociación de éste a otro que no sea el principio inherente al agente de la síntesis. La madre es humana y consiguientemente persiste. Al padre le es negada su identificación con un ‘algo’ exterior y es empujado hacia dentro, como principio de gobierno interno. Solamente a través de la madre se genera a quien dice al padre.

Cada pueblo sigue su propio camino.

Es obvio que las grandes innovaciones que se palpan con la llegada de Cristo no convienen a muchos y menos a los varones que pierden lugares muy privilegiados. La historia también se hace del insistir en querer negar ciertas evidencias.

Estamos en 1993.

Este simple orden permite muchas cosas. Aunque con mucho esfuerzo. Lo adquirido por educación y vehiculación social tiene que ser releido dentro de la misma estructuración que generó las historias. “Hay que volver a la montaña.” (1977) La ordenación de la memoria en parámetros distintos da una clara visión de planes, proyectos, tendencias, consecuencias que derivan de los constructos disociados que se han generado con el tiempo. Incluso de lo que llevas en el alma. Incluso de ingentes fallas estructurales internas que de cierto modo solo permiten vislumbrar todo lo anterior sin que pueda haber una asociación interna ya que falta el agarre, la masa psíquica adquirida que le diese consistencia propia a lo anterior.

Pero el mundo no sigue. Se ha quedado anquilosado en modos de ver que no producen razón e incluso la combaten. Cuanto más avanza la persona misma en el desarrollo de estrategias que pongan freno a la sinrazón y en la determinación de un ‘si’ propio, tanto más se distancia de los modos comunes de comprender y de ordenar la realidad cotidiana. El esfuerzo psíquico requerido para mantener las distanciar entre un modo y otro es cada vez mayor.

No se puede cambiar el mundo. Estamos en algún lado. A mi no me incumbe directamente lo que sucede en Africa aunque es posible que si analizo bien lo que pasa en mi tierra, sí que termine por incumbirme. El agotamiento de las masas psíquicas en países occidentales conlleva una enorme sobrecarga psíquica sobre pueblos cuyo referencial es aun matriarcal. Hubiese algo que de modo contundente pusiese fin a lo que impide que se genere razón?

La cuestión no está en dar muchas voces. Desde un punto de vista racional, la gente prefiere ser más feliz que más infeliz, y la razón es fuente de felicidad cuando bien se comprende. Qué prefieres? Mantener altaneramente que eres mejor que los otros o que alguien te diga, qué bonito lo que has hecho. La mayoría de la gente prefiere que alguien reconozca lo que hace antes de quedarse en el islote de la autosatisfacción (excepto yo) y algo debe haber, una lógica maligna que se ha metido un poco por todas partes que nos obliga a pegar gritos de suficiencia cuando en el fondo, quizá, sea lo último que queramos.

Lo que sigue es muy complejo. Ya no se trata de comer o dejar de comer luciérnagas, se trata de la relación de negación hacia una refracción revertida que tuvo a bien aparecer en algún sitio en un momento de la historia. Queramos o no queramos, de ello nos hace heredar la historia, bien marcada por ritos y costumbres que nos obligan a decirnos de aquesta tradición más bien incomprendida. No sabemos muy bien a qué nos dedicamos exactamente ni el significado de todo ello aunque quizá nuestro proceso civilizatorio particular se resuma a decir que ‘había una gran felicidad en algún sitio que nos puso a todos muy contentos y éramos todos muy buenecillos o al menos lo parecíamos’, intuición que se convierte en leyes también, en costumbres, en iglesias e iconas, en romances y poesías, en caminos y tertulios varios. Eso mismo genera oposición y adversidad, movimientos impulsivos e impetuosos: los que querían compartir tan sana alegría con otros se doblan de asesinos sangrientos queriendo someterse otro pueblos sin que nadie sepa muy bien el por qué.

Algunos vienen, otros van. La incomprensión generada por el consumo no moderado de otros bichos que ya no son luciérnagas, sino setas, champiñones, cucarachas, víboras y demás, tiende a ahogar el sentimiento de inmensa felicidad que vagamente recordamos cuando ponemos un Belén o un árbol de navidad. Las oposiciones se cristalizan en estructuras, y las estructuras generadas por tan pía reverencia por un algo que no tiene nombre, son progresivamente usurpadas por interpretaciones queriendo hacer uso de tan incauta inocencia para fines propios. Y eso, dentro de la tara de cada cual, que además se desmultiplican.

Encontrar algo que se agreda de modo lo suficientemente convincente como para derrocar las evidencias que han terminado esta vez por poner un enfermizo cemento sobre la ingenua felicidad implica el fino análisis de todos esos vaivenes en su muy desmultiplicada y enrevesada apariencia a través de la historia. Un Nibelungenlied por aqui, una Chanson de Roland por el otro lado, el Cid un poco más allá, – cientos y cientos de años.

Qué buscas? Algo que fascine tanto como para cegar la vista de la mayoría que sea el producto inmediato y único de todo el cúmulo de tontería generado desde mucho antes del siglo 1. Una lógica que absorba todas las lógicas degeneradas y haya además producido un reflejo inócuo de la felicidad aquella lo suficientemente convincente como para que parezca una finalidad para la mayoría.

En el fondo es fácil. Es aquello mismo que más me agrede en mi sencillo componer de conceptos hasta que se ponen todos en su sitio. Yo no impongo evidencias. Cada cual tiene las suyas. Algunos quieren seguir un camino y otros, otro. Algunos se pegan un mamporro de un modo y otros de otro. Los conceptos que yo muevo de un lado a otro son apoyos que facilitan la tarea a quien convenga. Construyes tu casa? No. La haces construir. Construyes caminos? Tampoco. Otros los construyen. Tú eres quien habita en la morada y tú eres quien transita por el camino. A cada cual lo suyo. La evidencia según la cual hay un referente único al que se puede llegar se venga de donde se venga es una evidencia que yo mantengo pero que no obligo a nadie a compartir. No hay otra tolerancia. No hay otra sabiduría. No hay más camino ni morada donde habites. Si quieres vienes y si no te quedas.

Quién agrede eso? El cúmulo de la tontería. Es como quien niega la validez de los testamentos donde Dios le dice a Job que es él quien a medido los universos y la profundidad de los mares, y se pone a medir universos y mares para decir, qué, al final … que Dios los midió antes? Pues si niegas la validez del testamento, qué valor tendrán las medidas y qué sentido? A ti qué te da y qué te quita? En qué fundases más pretensión?

Quien lo agrede me agrede a mi y me agrede a mi de cierto modo. Por el modo por el que me agredes te agrediré yo. Ah, fue un accidente. Bueno. Entonces, que mal rayo te parta, accidentalmente, quería decir.

Si se resumiese el cúmulo de la tontería a muy pocas palabras, concluirías rápidamente que aparte de la sempiterna sustitución de nosotros en nuestra calamidad por algo más perfecto y maravilloso, se desarrolla una cierta tendencia bastante maligna a atribuirse lo ‘gratuito’ para si con muy malvadas intenciones suyacentes. Además se quiere algo a cambio cuando ya se pretende a la gloria del que da sin recibir nada a cambio. Semejante cosa es solo posible en una lógica esquizoide deliberada. Yo soy 1, que doy algo. Para pretender a gloria debe sonar muy convincente por lo que me lo tengo que creer hasta yo. Para poder exigir algo a cambio, tengo que pasar a un 2, que ve desde cierta distancia la maravilla que causa tanta generosidad y calcula el provecho que puede sacar de ello. Si en vez de ser una tara hereditaria (sucede), lo hago a propósito, se ha generado una lógica enferma que intenta ganar el mayor espacio posible dentro de las sociedades donde se propaga. De atribuirse lo gratuito pasa rápidamente, ya que tan generoso es, a exigir lo gratuito de los otros en lógicas más subordenantes.

Eso puede ser un tejido psíquico que soporta políticas enteras. Empezó en el siglo XVIII con la llamada Ilustración que consistía principalmente en promulgar muy generosas leyes que luego nadie entendía y en todo caso, no se aplicaban nunca. Cuanto más se sabía dar la impresión de la impresionante magnanimidad de ciertas leyes guardando las apariencias con respecto a su falta de aplicación tanto más ilustrado se era y pues, más civilizado. Quizá la imagen más cruda de las consecuencias de ese modo de hacer se cree cuando Nicolás II reparte caramelos el día de su boda: en el intento de llevarse algunos, las gentes se tiran unas encima de las otras y muchos mueren. No cesan los festejos por esta razón. Claro que Nicolás II muere poco después asesinado.

El simulacro cuando se eleva al estrado de las leyes es el primer motor de las revoluciones y las cosas llegan tan lejos como para ver que los haya quienes promueven el simulacro porque les parece que les convienen las revoluciones.

Pretender a ser mejor que otros cuando nos encontramos en lucha y defendemos territorios, cuando hay que llegar antes o tirar la jabalina más lejos, tiene un campo delimitado legalizado que tiene reglas y condiciones, jueces y árbitros. Cuando queremos hacer de lo buenecillos que somos una razón para decirnos mejores que otros estamos escurriendo el sentido hacia ámbitos que no le corresponden: uno es buenecillo, a medias, porque precisamente no pretende ser mejor que nadie en tanto que persona. Puede que digas que una característica en particular resalta con respecto a otros: corto mejor los cristales, hago mejores parrilladas, y eso, porque se constata un hecho de algún modo sin que ello ponga a una persona encima de la otra, sino que eso, que este es un poco más caro. Cuando lo de ser bueno es utilizado para justificar cualquier tipo de superioridad hemos dejado el cuadro esquizoide y nos adentramos con gran seguridad en un campo psicopático: el ‘mal’, el ‘error’, aqui la vanidad de ser mejor fuera de un campo medido con adversarios a medida y los correspondientes regulaciones, es ‘bueno’, es lo que justifica el epíteto de lo ‘mejor’ porque presumo que mantengo un bien moral. La fusión entre lo malo y el pretendido bien moral corresponde a una caida en líneas bajas o muy bajas, donde el amor (bueno) se funde con la muerte (malo).

“Yo te hice el favor de recibirte en mi casa.” “Muchas gracias. Obligación no tenías y derivases de ello obligación?” Como Francia te ha dado trabajo tan generosamente, ahora tienes que destrozar la tierra que te dió la luz. Qué es eso? Un código psicopático.

La lógica esquizoide generó revoluciones. La lógica psicopática generó guerras mundiales. También hay gente que promueve las lógicas psicopáticas porque tienen la impresión de que les conviene.

Puedo presumir que se está generalizando una lógica psicopática esquizoide en estamentos formales que estructuran los gobiernos. (1994) En términos políticos no es nuevo, en 1975 (?), con el tratado de Helsinki, se empieza a querer justificar hasta guerras porque unos pretenden a ser más buenecillos que otros. La cuestión es percibir las implicaciones. Y a veces tardas más de 20 años.

Es obvio. Solo se combate al enemigo con sus propias armas: aprender un idioma esquizoide psicopático es el único modo de intentar poner fin a la ingente tontería. Pero. No promoverás al mismo tiempo un invento que fascine al mundo, una perfección derivada del cúmulo de la tontería que al tiempo distraiga de posible explosiones de iras y sea un objetivo fácil que, al derrumbarse, deje a la gente sin el objeto de tanta fascinación?

Qué construye una mente esquizoide psicopática? Un sistema de control informático generalizado (psicopático) que use de lo seductor para imponer los criterios de pocos (esquizoide).

Yo no agredo. Las cosas pasan porque tienen que pasar y si os habéis pasado de un pelo, esto va a cascarse solo. Yo estaré ahi, fiel testigo de la verdad: señores, se cayó la estatua. Ya está. A buscar otro ídolo.

Yo diría que la cuestión es metafísica, en un principio: yo, sí, yo, predije con mucha antelación que tanta tontería no llevaba a ninguna parte. Mi trabajo es razón y mantenerla, es razón y generarla, es razón y combatir la sinrazón. Hasta el momento, la lucha entre sistemas lógicos en campo bien abonado no hace parte de la política. Salvo si estamos luchando con un esquizoide psicópata que funde la realidad interna con la externa de tal suerte a que le parece que la destrucción de las lógicas internas enfermas que utiliza para prevalecer es una agresión política. En ese caso, puedo reclamar hasta el asilo político, a mi entender, porque prevalece siempre el entender de muchos y yo no impongo mi modo de ver.

De ahí a llamarlo criminal hay mucha distancia. Porque criminal es lo que hacéis vosotros. Pero, … dice el psicópata, es que lo estábamos haciendo con tanta ilusión? El qué? El atraer meteoritos sobre la tierra con frecuencias pih? Pues bien valiera poner la ilusión en otro sitio.

Dónde nos habíamos quedado? El espíritu es el agente de la síntesis. La cuestión está justo ahí: si el espíritu es el agente de la síntesis entonces llega rápidamente el momento en el que ya no puedes divagar abstractamente en definiciones sino que se te exije una pronta y rauda respuesta a lo que te aparece claramente avecinarse. El ente moral no es solo el que conoce, es el que actúa en consecuencia de lo que reconoce, también y eso gracias a lo que conoce.

Han pasado 15 años en guerras y ruidos de guerras. Llevo en mi mochila gastada un conejillo blanco, un imperdible, el son de una flauta y la luz azulada de alguna estrella. En el fondo, todo me da lo mismo: el viento sigue meciendo el trigo suavemente, las golondrinas duermen sobre los hilos eléctricos, la noche sigue pausadamente al atardecer.

Ves? Justo en ese momento me dije que no me gustaría volver a casa y encontrar a mi mujer en brazos de otro, aunque sea de otra manera, como en la historia de Borchert, y que claramente, si realmente quiero volver a casa, debieran sonar clarines y trompetas cantando alguna victoria. Qué vergüenza, una derrota. Aun más dejar que digan y cuenten la historia a su modo. No. Hay que hacer la película de la batalla para que claramente se vea quién ganó y quién perdió y por qué. Cuando recupere mi nombre en su reputación exacta entonces habré vuelto a casa.

Pero, lógicamente, cuando vuelva a casa, tendré que hablar un idioma que se me ha olvidado desde hace mucho tiempo. O aprender otro, que sea más adecuado. En eso estábamos.

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La diferencia entre una terapia y un camino de sabiduría reside en que la primera establece una regla que dice lo ‘normal’ y consiguientemente sano, y su ‘camino’ particular es un llegar o volver hacia este estado de normalidad mientras que la sabiduría es un más allá, un ir hacia la excepción donde la norma no rige. La terapia tiene necesariamente un referencial que deriva de una ciencia mientras que la sabiduría simplemente retranscribe un camino para llegar a un lugar al que el primero puede haber llegado de pura casualidad.

Quedarse entre los dos como medio de validar alguna sabiduría es un poco como mantenerse sobre una cuchilla afilada, pero también eso hace parte de algunos ejercicios ascéticos.

Resumiendo conclusiones de lo anterior se puede decir que el ser humano debe confrontarse un día a la necesidad de reconocerse como ente pensante y eso de la manera más singular: aparece como una conclusión que sintetiza un sinfín de recorridos anteriores, conclusión que puede proyectarse hacia algo nuevo si se da las condiciones necesarias. Es decir, que aunque sea tentador el pensamiento, no salimos de la nada como champiñones, sino que, primera evidencia, tenemos que confrontarnos primero a una presencia física condicionante, y después, segunda evidencia, a la frustrante constatación de que la mayoría de los muy originales pensamientos que se nos ocurren, ya han sido pensado antes.

En el fondo, si fuésemos sinceros, lo que raramente somos, debiéramos concluir rápidamente que la mayoría de lo que somos ya está sin que querramos agradecérselo a nadie: la misma biología parece guardar en si mecanismos y fuerzas que determinan nuestros quehaceres cotidianos siendo la única diferencia entre algun animalillo y nosotros, el que nosotros tengamos la libertad de poder pensarlo, decirlo, comunicarlo, transmitirlo. Como además somos entes que disponemos de lenguaje, se pudiera decir que la mayoría, casi todo, nos ha sido dado con cuchara desde que nacimos o incluso antes, pesados bloques de conocimiento y sabiduría condensados en gestos e insignificantes tonos de voz.

Por muy desordenado que todo ello aparezca a nuestra conciencia el día en que queremos hacer una pequeña introspección, se puede constatar tras algún ejercicio y profunda meditación, que todo comportamiento se ordena en bloques generales de pensamiento, algunos más fundamentales y otros menos, de tal suerte que la humanidad se divide casi a partes iguales entre empíricos e idealistas y algunos pocos que se quedan entre ambos, y que luego, dependiendo de condicionamientos culturales e históricos, grandes cantidades de seres humanos se mueven en masas conceptuales similares.

Si además, realmente queremos hacer el esfuerzo de abstraer nuestra material presencia para contemplarnos durante un instante desde nuestra intelectualidad, podemos constatar rápidamente que somos herederos de problemáticas que a veces reposan en la lejanía de los siglos.

Pongamos un ejemplo: si es cierto que cierto tipo de pensamiento proviene de un quehacer femenino, y me refiero a un pensamiento dicotómico por deducción a priori, y que aparece en la historia como siendo de hombre puesto que atribuido a Sócrates, se puede pensar que en un momento dado ha habido una violenta usurpación que quizá incluya la posibilidad de pensar un asesinato. Sócrates atribuye parte de su modo de pensar a Diótima, y aparece claramente entre los primeros diálogos y los últimos una diferencia en el modo de pensar incluyendo los procesos lógicos que indica un inexplicable cambio. Por qué el pensamiento puramente deductivo se utiliza repentinamente para fenómenos empíricos (Timeo) cuando al principio no se utiliza para ese fin? Por qué la imagen mítica del Fedro o el Gorgias se ve relegada en favor de una construcción casi fascistoide donde se determina la transmisión de la inteligencia por vía genética (La República)?

Porque son dos mentes distintas las que están pensando y una que se ha apropiado lo de otra, derivando de ese acto como consecuencia un patinaje del pensamiento que se pierde en absurdos teóricos. El tiempo guarda la problemática. La apropiación, secreto escondido que no quiere ser revelado, subsiste como parte de la enseñanza repitiéndose constantemente en el futuro y conllevando violentas reacciones arbitrarias que implican finalmente la prohibición a que las mujeres piensen, o la determinación según la cual de todas las maneras no piensan, etc. Conjunto de reacciones teóricas o prácticas que tienden a querer mantener el secreto y a justificar la inteligencia de quien cometiese semejante acto inmoral.

Dos mil años más tarde, el crimen primero sigue rigiendo sobre el comportamiento de todo aquel que se dedique al pensamiento y más específicamente a la filosofía en tanto que derivada de las enseñanzas griegas. Si no se retoma la problemática primera, este modo de comprender u ordenar la realidad se pierde. Dentro de los pasos dados para encubrir el crimen durante siglos, sigue vivo empero el germen de aquello que se usurpó y avanza a sus manera, como esperando a que un día se proceda al discernimiento necesario y se atribuya cada cosa a quien corresponde.

Es un ejemplo. Los sucesos en tanto que forman escuela o son fuente de sabiduría y conocimiento forman largos ramajes a través de la historia de los que participamos queramos o no queramos. Precisamente: no somos champiñones. Habiendo nacido aqui, en tal contexto con tal historia, las problemáticas que me incumben son estas o aquellas, de este modo o de aquel. Puedes irte a otro lugar, pero no teniendo el mismo bagaje en conocimiento de la problemática en cuestión por faltar de herencia, como mucho pareceré un infante asomándose a una ventana demasiado grande.

Es lo que le toca a cada cual y lo que quiera además asumir.

Si somos estrictos, nuestro conocimiento personal no debiera poder ir más allá de lo que resulta de todo lo que precede. Se mueve en pesadas maquinarias lógicas para avanzar, incluye la lenta digestión de criminales secretos, se transmite por herencia más o menos biológica o educativa. Nada más. Y sin embargo a veces tenemos inteligencia de cosas que no derivan necesariamente de todo lo que precede. Ese tipo de inteligencia obtiene el nombre de ‘ángeles’ en lenguajes más tintados de aspectos mitológicos: un vaivén de lo inteligible proviniendo de un lugar al que yo de por mi no alcanzo.

No había motivo para que la esclava de Abraham, que se pierde en el desierto, terminase por saber que había agua un poco más lejos. Sigue una ‘intuición’ que no puede provenir de ella puesto que nada la fundamenta, y constatando que el agua se encuentra ahi, atribuye esa intuición a un saber que va más allá de sus límites personales. Hace falta mucha inteligencia para saber reconocer algo como no siendo nuestro y atribuirlo a buen lugar. Los ángeles vienen de Dios, y algunos reconocen en ellos la presencia de Dios.

Quién pues fuera ese Dios cuyo concepto parece tan sencillo para algunos y tan imposible para otros?

A algunos les cae la evidencia como un rayo del cielo.

Lo que no sucede en la mayoría de los casos. Pero bien. Si yo me digo persona porque sé actuar de por mi misma, y alego inteligencia al reconocer mi capacidad de ordenar conceptos o realidades a través de los mismos, no tardo en constatar que el universo, en el fondo, está terriblemente ordenado. No es un caos y difícil fuese pensar que emergiese de un caos ya que no se entiende como del caos saliese un orden. (No suele, por cierto, en cualquier circunstancia que se considere, que sea una bomba, que sea una erupción volcánica, que sea un terremoto.) Pero el orden está. Y dentro de ese orden, yo me reconozco en tanto que persona y también pongo algún orden de vez en cuando. Como si hiciese lo mismo a muy pequeña escala de lo que  se puede reconocer como moviendo el universo entero.

Probablemente el único razonamiento que permite concebir el concepto de Dios es una conclusión inductiva. Traslado lo que yo tengo a mayor escala y me digo que ni yo puedo haber salido de la nada, ni es posible que un orden subsista sin que un ente que tenga cualidad de persona lo mantenga. Por qué no se impone por deducción ese pensamiento? Porque es libre. Puedo reconocerlo, o puedo no hacerlo. Nadie nos obliga a presumir que esté ahí, igual de poco que nuestro amigo.

Qué es nuestro amigo? No se determina por obligación: ni es de parentesco, ni de contrato social. Es una relación que se reconoce o no, que se basa precisamente en mi querer y en nada más. Tú eres mi amigo. Entre ambos definimos unas reglas de conducta que deben mantener el lazo vivo, o que delimitan la confianza y si se rompen estas, desaparece la amistad. Quién me obliga? Nadie. Cómo lo deduzco? De ningún modo.

Qué prima? La espontánea y gratuita libertad de decirte amigo o la obligación de tener que reconocerte como hermano? Lo primero. Y quizá aun más el saber ver al hermano dentro de la espontánea y gratuita libertad. Si se puede concebir un Dios que sea persona que ordene el universo, entonces este se debe guardar dentro de lo que es más precioso dentro de una relación entre personas: no por obligación impositiva su reconocimiento, sino por voluntad libre.

Si Dios no se puede demostrar entonces tampoco se impone de ningún modo y va de si que se pueden llamar farsantes a quienes diciendo representarlo, se salen de su lógica para imponer su evidencia.

Ni siquiera la conclusión inductiva es conclusiva, en el fondo. Parece como que lleva a algo pero no produce convicción. Es una evidencia:  a mi me cayó por iluminación, que sí que conlleva convicción pues innegable. Pero es subjetiva y no se demuestra. Es mía, solamente y por qué medios produjera yo iluminación en otros? No los tengo. Si quiere aquel y sus ángeles … y solamente.

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Puede ser el tema de múltiples tratados y en todo caso concierne lo que generalmente se llama filosofía del conocimiento, a saber: cómo fuera posible que una palabra designe claramente un objeto y no otro, y cómo, además, es posible que aunque el objeto no esté delante de nosotros, seamos aún capaces de saber a cual nos referimos exactamente cuando este está ausente.

Si la filosofía ha avanzado tan poco en milenios, le dije a Frau von Lubinski, es porque se creyeron los hombres que era cosa suya, y en el fondo, los hombres son bobos. (Ella no supo si estaba de acuerdo sobre este último punto, pero admito que sobre este tampoco aporté excesivas evidencias.)

Va de si, dentro de ciertos esquemas.

Es cierto que lo empírico, lo que afecta a los sentidos parece un punto de partida mucho más sólido que un pensamiento colocado a priori en el vacío del cubículo mental porque este tendría que ser primero, y se ve muy mal cómo justificase su prioridad. Este ya es un pensamiento primero, pero pierde su calidad de obsoleto porque se refiere a algo, y a algo que se encuentra temporalmente antes: lo que percibo por los sentidos.

Aun el más radical empirista, sí, de esos que le niegan la existencia a los ángeles, no puede negar que el pensamiento es perceptible también y que nuestra conciencia registra imperceptibles sonidos convertidos en un sucederse de sentidos sin tonos. Pero sé que están ahi.

Por qué la mente ordena todas esas palabras según diversas categorías, y diferencia sustantivos de adjetivos, verbos de preposiciones y articula frases según cierto orden que garantiza el sentido? No se sabe en un principio, pero es una evidencia.

La evidencia es que: oiga, usted que tiene enfrente una manzana roja, ve la manzana roja como unidad, o le aparece la manzana por un lado y lo rojo por el otro? Si a mis sentidos la manzana y lo rojo forman indudablemente una unidad, al pensamiento aparecen separados, pero separados de tal modo que aun se establece una relación entre ambos que se pueda decir: de accidente con respecto a una sustancia. El accidente es lo rojo – porque la manzana puede ser verde también o amarilla – y la sustancia designa la cosa tangible que necesariamente es algo o de algún modo para poder calificarse de manzana.

El lenguaje dice sustantivo a lo que pudiera, en filosofía, ser sustancial (aunque no siempre) y adjetivo a lo que en filosofía fuese un accidente. Si la teoría del lenguaje se diferencia de la filosofía es porque la una habla del modo en que las palabras se estructuran y ordenan y la filosofía trata del sentido suyacente. Pero hay una obvia relación entre ambos aunque no se superpongan absolutamente.

En todo caso constatamos una cosa, para empezar: que el modo en que el lenguaje ordena la realidad no se parece en nada a lo que nos aparece a los sentidos, y que la filosofía parece fundarse en el primero, en tanto que modo derivado de decir la realidad de los sentidos.

Precisamente es ahí donde surge nuestra primera pregunta: si los sentidos ordenan la realidad de modo distinto al lenguaje, cómo fuera aún posible el establecer una relación entre ambos? Antes de poder responder a esa pregunta, es necesario admitir que se ha realizado una operación mental que nos ha permitido pasar de la mera percepción a su articulación a través del lenguaje. Todo lo que concierne estas operaciones se suele llamar intelectual o afectando al intelecto. El hecho de que de modo casi necesario, en cualquier lenguaje o idioma, en cualquier etapa de la evolución del ser humano, la mente separe lo rojo de la manzana en cuestión implica que se pueda hablar de esquemas a priori del entendimiento (Kant). Nuestra mente está hecha así, pareciese, mostrando diferencias en algunos aspectos (no todos los idiomas reconocen preposiciones, por ejemplo) y muchas excepciones tratadas normalmente como ‘enfermedad’.

Si rascamos un poco y buscamos lo que fundamentalmente ordena el pensamiento independientemente de las diferencias en cuestión, es decir, lo que esencialmente garantiza el que se pueda transmitir un sentido, podemos discernir una especie de forma que se llama lógica, que garantiza que si lo que se dice se guarda dentro de ella, se pueda decir inteligible.

No por si sola. En el fondo la lógica, que es el modo a través del cual se articulan las diferentes ‘proposiciones’ (frases en lógica) no es nada sin un principio que se da por llamar de identidad y que se formula de tres modos: por si (de identidad), por la imposibilidad de su negación (de contradicción) y por esquema deductivo simple (tercero excluido). Es decir, que lo que hace que mi frase termine por tener un sentido es que las palabras que la componen tienen uno también que no depende de lógica sino de su identidad. Esto es una manzana. Lo es? Si lo es, andamos bien.

Pero como lo sé? Si es cierto que he admitido una función preliminar que permite darle nombre a algo, necesito ahora de una segunda función, que se llama facultad de juzgar, que permite reconocer el objeto que se presenta delante de mis ojos, como tal.

Mientras tanto, ha surgido un problema que voy a tener que considerar necesariamente. Se ha abierto un espacio, un terreno, una realidad nueva en lo que se pudiera llamar contexto intelectual. Gracias a las funciones del lenguaje, se están uniendo imperceptiblemente, como por dentro, las diferentes palabras. Y cómo sabré que me mojo si llueve? Dentro de la palabra ‘mojar’ hay un elemento que se refiere a lo líquido en relación con otro cuerpo, y dentro de llover, también hay una referencia a un líquido, que se presenta de forma determinada, como gotas cayendo de los cielos. La consecuencia se establece por la capacidad a relacionar lo que se refiere a un líquido por un lado a lo que se refiere a un líquido por el otro, y es necesario admitir que eso, lo líquido que sustraigo por análisis, no aparece ni tan siquiera explicitado a mi conciencia pensante, de tal modo que aparece otro ‘líquido’ dentro del pensamiento, un fluido o flujo, que llamásemos tejido intelectual, por el que ‘sabemos’ que ese líquido invisible e intangible permite establecer la relación entre ambos.

Eso, lo que permite unir un concepto a otro aunque no esté explicitado, es llamado en filosofía, esencia.

Diferenciamos pues claramente la abstracción somera de lo que necesariamente tiene que ser para que algo sea lo que sea en tanto que cosa que se sitúa fuera de nuestro perímetro mental, la sustancia, y esa entidad interna, intelectual, que vehicula sentido de por si, que llamamos esencia.

Si yo decía que los hombres eran bobos es porque se han pasado dos mil años buscando esencias en la realidad empírica (lo que Kant llama la cosa en si), lo cual hasta cierto punto prueba que el pensamiento, proviniendo de otros entendimientos terminó por caer en terrenos no muy bien abonados para él.

Es más, no bastaba con las esencias. Igual sucedió con los universales, los necesarios, las verdades absolutas. Es una evidencia que aquella primera operación que efectuamos y que nos dio un nombre para algo tiene una serie de características por lo menos extrañas. Fíjate: Toda manzana es un fruto. Pues sí, aunque sea de plástico. Es decir que la manzana artificial puede ser dicha manzana pero fruto también, y eso para absolutamente toda manzana, anterior, presente o futura, sí, absolutamente toda manzana imaginable, pensable y concebible. Hasta las manzanas mitológicas son frutos. Y todas sin necesidad de contarlas ni repertoriarlas.

El concepto ‘todo’ es un concepto que deriva de esencia. Es el resultado, de nuevo, de una operación intelectual que no afecta nuestras impresiones sensibles, sino solo la cantidad de objetos a los que me refiero dentro del ámbito del pensamiento. No solo. Mi manzana es fruto de un árbol, necesariamente. Ya no toda manzana, sino además, necesariamente. Los conceptos universal (para todo) y necesario, son dos conceptos que se aplican a priori solamente a las operaciones realizadas dentro de mi pequeño cubículo mental.

Si los hombres son bobos, Frau von Lubisnki, es porque quieren que lo universal y necesario termine por regir la realidad empírica. Así, porque sí.

Gracias a los muy remarcables esfuerzos sobre todo del empirismo inglés (Hume, Hobbes) se llega a la conclusión de que nada, pero absolutamente nada que provenga del ámbito de los sentidos puede ser dicho universal y necesario. El por qué se tuvo que restringir el ámbito de lo que se conoce a lo que proviene de los sentidos cuando el pensamiento presentaba un contra ejemplo tan obvio y presente, pues incluso medio para determinar lo anterior, quedará sin respuesta también. Pero obliga claramente a diferenciar los dos ámbitos: lo que proviene de los sentidos es impreciso, relativo, incluso un fluido indeterminado (Heráclito: ta panta rei – todo fluye). El mero hecho de pensar una unidad física que permita concebir ciencias como la física o la química (Parménides) precisa de una operación mental de aislamiento que ya se desvía de las impresiones sensibles mismas aunque permita ordenarlas.

Que no se nos olvide. Habrá que considerar el ángulo de desviación necesariamente resultando de la atribución de una ‘unidad’ a algo que no lo tiene en si. Y ese ángulo de desviación se mide en el fondo muy fácilmente: no aplica ni lo necesario ni lo universal a ciencia que utiliza un ficticio para formar ‘proposiciones’.

Qué significa esto? ‘No hay nada que no permita pensar el que no se pueda caminar por encima de las aguas’. (1990) Si las leyes físicas y químicas derivan de una construcción, aun siendo de ayuda para ordenar fenómenos y construyan pautas o referentes ‘normales’, no pueden implicar una necesidad absoluta que rija sobre el universo. Desde el punto de vista humano, es imposible pretender que sea imposible el caminar sobre las aguas. Como mucho podré decir que no es un fenómeno muy común, o que prueba hay poca de él. Pero que es imposible, es imposible racionalmente afirmarlo. Y todavía no afirmo que sea posible: para decir algo posible tengo que poder decir el cómo y no lo concibo.

Podemos distinguir ya tres realidades: una inmediata, de los sentidos, que desde antiquísimos tiempos se dice ‘inferior’: pasajera, irregular, no participando a lo divino (Platón), otra, intelectual, donde aparecen entes tan extraños como los que son de lo necesario y universal, que permiten concluir en verdad aun sin tener nada enfrente: “si salgo a la calle sin paraguas cuando llueva, me mojaré.” Será verdad siempre, pase lo que pase, aunque deje de llover por culpa de fenómenos metereológicos variables y cambiantes, habrá sido verdad siempre y eso no cambiará nunca, es decir, la realidad a priori, que se llama, y luego otra, que se parece a la arquitectónica de las ciudades, un afirmar de perentorias verdades alejadas de los campos y los ríos que, se quiera o no se quiera, son tan perecederas como los abedules y los sauces: la ciencia en tanto que construcción de la mente.

Las tres son. Es innegable o hay que ser muy ciego para querer negar alguna de ellas.

O sea que esquivando un excesivo empirismo sin recaer en un idealismo sin fundamento, simplemente constatamos que hay tres modos de gestionar la realidad, que ahí están, signifiquen lo que signifiquen.

Y bien. Quién soy yo? Aquel misterioso ente que puede designar cosas por medios poco adecuados y haciendo aparecer universales en objetos conceptuales que luego no corresponden a ninguna realidad empírica.

Quién eres tú?

Lo ves? ‘Yo’ sigue siendo una palabra designando alguna realidad y si es cierto que ese ‘yo’ parece situarse dentro de alguna material cáscara que se mueve al mismo tiempo que la palabra en cuestión, siempre tengo la libertad de referir ese ‘yo’ a una identidad que deriva de la misma actividad de pensar: un autoreferente (Descartes) que está en algún lado localizable, hasta cierto punto garantizando su individualidad.

Claro que hay un yo consciente también. Pero el yo consciente es un yo que está muy apegado a su realidad material: otra actividad mental y cerebral, por cierto, permite la percepción de lo pensante al igual que la percepción de lo que siente.

Un yo material, que se asocia a la cáscara en cuestión (es un término platónico), un yo consciente, que percibe lo que se percibe y un yo pensante, que deja que las palabras se sigan dentro de cierto orden dentro de la mente, siendo consciente de ello y referido a una entidad física particular. El que suma el conjunto precede y consiguientemente, la identidad de la persona no podrá ser dada sino desde el punto de vista de su pensamiento.

Es misma la perspectiva que observa desde fuera y aquella que determina desde dentro? Necesariamente, no. Ya hemos dicho que lo que establecemos por medios empíricos no es nada más que una construcción, mientras que lo que pensamos lleva inherente lo necesario y universal cuando está bien pensado. Es el pensamiento una función del cerebro? Jamás. El pensamiento es una actividad determinada desde el punto de vista de la conciencia interna y consiguientemente tiene poco que ver, en tanto que concepto, con las neuronas. Que se agitan las neuronas cuando pienso? Es posible. Pero no será nunca una consecuencia lo uno de lo otro porque los ángulos de observación son distintos y no se pueden mezclar. Racionalmente no es nada más que una coincidencia. Es decir, que el ángulo de observación interno se establece en paralelos con realidades empíricas, y nada más. Si me angustio se aumentan las palpitaciones cardiácas. Sí. Qué es la causa de lo otro? Imposible de determinar. Es una evidencia que lo uno coincide con lo otro pero es imposible establecer una relación causal entre dos fenómenos situados en dos ámbitos distintos. Para poder establecer una relación causal tienen que ser los dos fenómenos del mismo campo y regidos por los mismos principios y moverse dentro del mismo ámbito de esencias. (1992)

Extrañamente, lo que no rige para el mundo empírico determina grandemente el mundo intelectual y consiguientemente moral. A ver, señores, la mentira existe o es pura fantasía? Es un concepto determinable que designa algo que se puede reconocer. Aunque no se toque, aunque no se vea, aunque apenas se oiga.

Existen gran cantidad de conceptos que se refieren a realidades internas, entre ellos también los que permiten discernir los sentimientos, y que en su gran mayoría se refieren de un modo u otro al lenguaje y construyen la entidad moral del individuo. Muchos se refieren a lo que deriva de simples tonos de voz: ni siquiera hace falta llorar para saber que se está triste. Hay un algo desvaido en los tonos de voz que se identifica claramente como tristeza sin mucho aspaviento suplementario, e incluso permite muy a menudo hacer la diferencia entre alguien que tiene mucho cuento (pero, también eso se reconoce?) y alguien que sea sincero, otro invisible de la realidad cotidiana. Habremos medido lo sincero con artículos matemáticos? Será mentira, también, pero como lo sabremos si la mentira tampoco se ve?

En el fondo, lo moral aparece cuando el ser humano es contemplado desde el punto de vista de su capacidad a determinar su comportamiento a través de un conglomerado de pensamientos que a veces, también se dice en leyes. Empieza quizá con leyes. Quizá comience imponiéndomelas y creyendo que soy mejor que aquellos que vagan libremente detrás de sus instintos e intuiciones inmediatas. Poco importa. Pero resalta una evidencia: El hecho de poder pensar, o como somos muy vagos, el poder asimilar mi ‘yo’ a una serie de pensamientos ya pensados por otros que determinan mi comportamiento, conforta la realidad moral, que es solo humana.

Es obvio. Yo creo en un paraiso celestial que absorbe toda mi atención consciente. Qué me importa el hoy? Cuanto el mañana? Nada. Con los ojos fijos en el más allá asumo mi terrenal castigo, diría Platón, sin apegarme a nada excesivamente material. Tú crees que solo tiene valor lo que se toca con las manos. Muy bien. Todo tu esfuerzo vertido en tener después de elucidar lo que a ti te parezca más conveniente poseer.

Lo que pienso, lo que creo, es lo que determina mi modo de hacer, la manera según la que estructuro mi realidad, por la que ordeno mi futuro y mi destino. Suelo decir que eso mismo es verdad y que lo que hago derivando de ello, es bueno, pero eso es porque no sabemos hasta qué punto es difícil el colgar esos epítetos de alguna frase.

Queramos o no queramos, y aunque obstinadamente mantengamos que somos una pura masa de huesos y nervios, en tanto que seres humanos, no podemos sino mantener esa misma evidencia en palabra, dentro de la realidad intelectual, teniendo que asumir las consecuencias de nuestro modo de pensar.

Toda la cuestión que aparece entonces se reduce a saber si realmente se pudiese mantener que hubiese un modo ‘perfecto’ de pensar, un conjunto de proposiciones sabiamente articulado cuya consecuencia derivase solo en el bien e incluso en vida eterna. Difícil cuestión y obteniendo auras muy mesiánicas.

Independientemente de que exista o no, y lo más probable es que exista vistos los esfuerzos que hacemos en pretender a verdades universales, es posible establecer la realidad de la consecuencia moral? Por decir: si yo pienso esto y me lleva a tal sitio, hay modo de establecer que realmente haya sido eso lo que haya conllevado aquello y modo de establecer la necesidad de cambiar un modo de pensar porque se pueda determinar un ‘error’ en la causa?

Parece imposible a priori, o sea que volvemos a nuestra experiencia sensible. Ejercicio: siéntese en algún recóndito lugar de su casa y figúrese un bienestar. Nada tangible, solo un sentimiento de profunda felicidad. Habrá que hacer un pequeño esfuerzo pero se debiera conseguir. Guarde el resultado de semejante ejercicio en un casillero marcado de la memoria y déjelo ahí. Pase al segundo ejercicio: Resuma en tres frases inteligibles lo que piensa que pudiera llevar a esa felicidad y se deja recaer sobre ellas. Lo que quiere decir que las guarda como principio de comportamiento y orienta su existencia dentro de esas tres frases. Dese un plazo y dígase que debería llegar al mismo sentimiento de felicidad al cabo de tres meses dentro de un contexto real establecido. (Ayuda: no pretenda cambiar el mundo, normalmente no se deja, es decir, que intente delimitar su acción a lo que ya hay, para empezar.) Cual es la realidad que ha resultado de sus pensamientos? Cuan lejos o cerca se encuentra de su sentimiento conceptual de felicidad original? Precisan de un cambio los manifiestos primeros?

Qué hemos hecho? Hemos dibujado un camino a partir de una serie de observaciones preliminares que no precisa de asfalto ni alquitrán o adoquinados, sino que se hace en el tiempo, por dentro. A estos caminos se los llama normalmente enseñanzas o sabiduría cuando realmente llevan a algún lado. Si mis observaciones preliminares son erróneas, no voy a ningún sitio y no puedo decirle tampoco  a nadie a dónde puede que llegase. Por ver si le interesa, para empezar. Para que llegue realmente, por seguir.

La sabiduría que acabamos de delimitar es un extraño constructo intelectual, que muy inspirado de cierta otra de orígenes chinos, se queda en lo occidental al pretender servir de base para una demostración intelectual. Yo no quiero pretender a que puedo garantizar tu felicidad por mis ejercicios. Lo único que quiero por el momento es que aprendas que hay una relación entre lo que piensas y tu estado afectivo o espiritual posterior.

Si lo que digo es cierto, terminarás por saberlo, y a partir de ahí, puedes, en vez de empezar de cero, hacer una rápida búsqueda en internet que te permita reconocer el pensar que quizá más te ayude a alcanzar algún otro objetivo. Lo que implica la necesidad de pensar que muchos esfuerzos anteriores sí que han conllevado resultados y que podemos apoyarnos en estos, si sabemos reconocerlos.

Qué es lo que resulta de esto? Que la verdad, la sabiduría, el conocimiento, no son algo que se impone ciegamente a la mente humana, sino que la persona acepta una creencia por lo que le resulta evidente y porque en ella ve el germen de un fruto que pueda constatar más tarde. El resto es un absurdo dentro de la pretensión a tener lo que no se tiene.

Quizá sea cierto que dentro de todos estos modos de pensar, algunos más efectivos o profundos que otros, haya alguno que claramente define una lógica que determina los sucesos que rigen el universo.  Quizá. Pero aun hubiera que saber cómo lo reconozco y en qué me incumbe o cómo participo a ella.

Solo empezando por uno mismo, por el lugar en el que nos encontramos, por determinar lo que tenemos y lo que queremos podemos avanzar dentro de esta otra realidad. Y si en lo que es de la realidad empírica basta con constatar que algo me hace daño porque me quema o me golpea para alejarme de ello, se puede decir tontamente que lo que me hace infeliz tiene por causa un modo de pensar que más vale evitar.

La verdad no se impone con universales y absolutos y que tú pienses algo no implica que todo el mundo tenga que pensar lo mismo. Si realmente pienso que conozco un lugar del alma o del intelecto que resulte tan envidiable como para poder ser la finalidad de algún otro también, tengo que dibujar el camino y saber transmitir el objetivo de tal modo a que resulte claramente para otros, que son libres de no sentirse atraidos por él, y bien por ellos, se pudiese agregar también.

Ves, ya te lo dije, Frau von Lubinski, si los hombres son bobos es porque además pretenden, en contradicción conceptual, imponer la felicidad a través de la obligación a pensar algo.

Mañana te diré donde están las fuentes de la maravilla, a ver si vale la pena dirigirse hacia esos lugares.

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