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Archive for the ‘Freiherr Sask’ Category

Le CV

CV pour un poste de conseillère auprès des cigognes et pour l’intendance du siège des Etudes de la sagesse populaire, nomade et marginale et son application en technologie moderne, évaluation des croyances à partir de la logique des essences, apprentissage de langues dans leur dimension métaphysique, élucidation des qualités et épreuves requises pour le juste gouvernement et la censée élimination des dangers publiques, le discernement de l’intuition, étude des stratégies issues des contes et des moyens de communication parallèles et leur action, étrécissement des liens avec des figures historiques ressemblantes, comprenant des cours par questions ponctuelles et distribution de tâches sur l’action personnelle e intuitive avec accord des autorités concernées, en cas de péril, danger, désastre imminent, déstabilisation de l’ordre national e international, avec des indications de comment procéder pour fixer par contrat les conditions de l’action, tout cela indiqué dans son cadre général dans le 8 livres écrits, et ceux à venir, et tout en découlant, justifiant l’élargissement des horizons de la science dans tout domaine, à Vaux le Vicomte ad vitam avec la requête de la réduction du territoire d’action de l’Emperor

Née le 19 novembre 1965 avec beaucoup d’anges à Madrid

Nationalité : allemande

Race : Gothe

Membre de la très digne branche impériale en puissance des Speth von Schülzburg ( 1965-2009)

Atteinte de grâce divine, gravement

Emperor, finalement, du Haut Empire des nomades, la cause féminine, les hooligans et autres populations marginales (2009)

Au titre ‘très souverain et généreux’

Ecusson : Hippocampe

Périple existentiel du Chat au bottes

On a fait construire une tour pih (AH Nicolas) -1991

On a détruit la tour – 2004

On a détruit l’arsenal chimique par induction – 2004

On a fait deux enfants a Inès de la Fressange (AH Nicolas) – 1994 et 1999

On a soigné les cigognes (A Moeglin D) – 1991

On a soigné le sang soi disant bleu (Tula) – 2008

On a conquis Jérusalem – 2003

On s’est foutu de la tronche du Castillo de la Mota (AH Nicolas) – 2004

On a trappé Madame Rosenkrantz – 2004

On a construit un système de défense électronique avec une pierre d’agate – 2003

On a écrit 9 livres (dont 5 en anglais, 3 en espagnol et 1 en français) – 2004/10

On a fondé l’aristocratie allemande des femmes – 2008

On a justifié le titre de l’’emperor’ – 2009

On a évité une guerre aux Balkans – 1994/1999

On a évité une guerre entre le Pakistan et l’Inde – 2000

On a évité une conflagration au Moyen Orient- 2003

On a trouvé un sultan – 1992

On a trouvé une Princesse de Sabah – 1998

On a soigné une schizophrénie induite (Tula) – 1991

On a appris le grec – 1994/2003

On a découvert le trafic de chimiques kamikazes – 1993/2003

On a défait le 11 septembre – 1991/2010

On a renforcé l’armée de terre française (AH Nicolas) – 1991/2010

On a trappé Fischer – 2005/6

On a fait tuer Porsiak – 2003

On a fait venir la documentation sensible de Madrid à l’Equateur – 2009

On a fait des dessins électroniques – 2003/2010

On a nommé un intendant pour l’Allemagne (A Moeglin D) – 1991/2010

On a défait le réseau de la mafia au Moyen Orient (Sask) – 1995/2003

On a réparé un système informatique (Sask) – 2004/2009

On a appris à faire du fromage feta (Tzelepi) – 1998

On a trouvé un hipnaco (Tula) – 2000

On a trouvé un champignon mortel (Tula) – 2001

On a trouvé un hallucinogène qui soigne le foie (Morfo) – 1996

On a trouvé une plante qui soigne les neurones (Karalis) – 1996

On a trouvé une bactérie qui soigne les inflammations au cerveau (cañari) – 2008

On a trouvé une racine qui soigne les hémorroïdes (Steriani) -1995

On a appris a faire de la magie noire (Harris) – 2000

On a appris a faire des petites maisons (Xafis) – 1995

On a découvert l’ancien chemin des caravanes (bedouins) – 1995

On a trouvé la montagne de la Tula (gitans) -1996

On a soigné une schizophrénie inexistante – 2002

On a défait le PKK (Sask), le UCK, (populaire), le 17 novembre (populaire), Farc (populaire) – 1992/2010

On a rendu jaloux Scotland Yard – 1999

On a reconstruit l’économie balkanique (X Kakarantzas) – 1994/2003

Etc.

On a fait deux réclamations :

On a écrit un courrier électronique a Anne-Hélène

On a écrit un courrier électronique a la BN

 

On adjoint les œuvres contenant une partie des trouvailles, le reste pouvant être admiré à l’adresse Calle Larga 7-121 à Cuenca, Equateur

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Frontera

Hay cosas de las que no te acuerdas en un momento dado pero que siguen rumiando en el inconsciente. Yo jugaba a la petanca, a veces. Me acordé de que me habían matado y me asusté lo suficiente como para decidir que había que acelerar el proceso de salida. Cuando me sacaron sangre en el HUA utilizaron una sustancia transparente como supuesto modo para facilitar la extracción. “Pensaba que estaban sacando sangre, no metiendo venenos.” Dije. Se había puesto nerviosa la enfermera y contestó: ‘que asi era más fácil la extracción.’ “Ya,” dije. Quizá no acertaron con la dosis pero la intencionalidad parecía muy clara.

Mi padre, que había sido informado del hecho de que me aburría mucho, había movido un par de hilos para que saliese. Había jurado que me quedaría en su casa, que seguiría con el tratamiento, que no volvería a poner mis pies en Francia. O sea que la señora Rosenkrantz escribió un papel a un ‘cher confrère’ (estimado colega), en el que de hecho, no figuraba diagnóstico. Lo que tenía su gracia. Luego lo tendría que traducir, encima, y sin que me lo pagasen.

Cuando llego el gran día en el que se me dijo que podía fijar la fecha de mi partida, dije un viernes, pero al hacer las maletas me di cuenta de que faltaba el pasaporte que, por cierto, encontraría después en un bolsillo lateral. Llamaron a la Embajada para que tuviesen uno listo para el martes, ya que no quedaba tiempo para el viernes. Fui a comprar mi billete de tren para Paris y luego para Madrid. Saldría de madrugada para París para estar allá de mañana y tener el tiempo de ir a la Embajada. El tren para Madrid salía por la noche del mismo día.

Me tomé un último café en el Café de la Opera pero no había nadie, ni tan siquiera Gazelle. La gente hacía las cosas muy lentamente, y habían tardado casi una hora para sacar los billetes de tren. El señor Franco me devolvió mi carpeta y me deseó buen viaje. Había nevado un día. También llovía mucho. La señora Rosenkrantz dijo que le tenía que devolver la llave de su casa a Gregory y le dije que legalmente era mi casa también o sea que la mandé a otro sitio. ‘Porque,’ pensé, ‘me han atiborrado demasiado de pastillas como para acordarme de la dirección exacta.’

Sí que tenían laboratorios. Las últimas pastillas que me dieron para el viaje y que fuimos a recoger de un lugar que hacía la vez de farmacia, no tenían envoltorio.

Aquel día me dijeron que fuese a acostarme que vendrían a llamarme cuando fuese la hora pero apenas dormí. Llamaron un taxi que llegó poco después. Era de noche. Sentí casi un alivio. La estación de tren estaba vacía aunque brillaban las luces blancas en la noche y me tomé un café. Se hizo de día durante el trayecto. Llegué y me fui a la Embajada alemana. Tardaron un par de horas en tener listo el pasaporte y me quedé esperando en una cafetería cercana. Constaté que había subido mucho el precio del café y que seguía igual de malo que antes. Hay cosas que no cambian nunca. Llamé a Madame Lassègue desde allá y conseguí localizarla al cabo de varias llamadas infructuosas. Que si podía verla para recuperar mi tesina. “Sí claro, todavía se acuerda de donde vivo?” “Como no.”

Cuando me dieron el pasaporte en la Embajada, me fui a su casa. Me dio la tesina y unas obras de teatro que había escrito entonces y pasamos un rato hablando. Ella pasaba mucho tiempo al teléfono. Había dejado las catequesis de la iglesia y asistía a reuniones en el barrio. Yo le dije que había estado montando una empresa pero que no había funcionado a causa de una incompatibilidad de caracteres. Que me iba a España y que tenía que conseguir muchos títulos y que a lo mejor haría el doctorado en la Sorbona. Dijo que era tiempo de que me decidiese a hacer algo. “Es verdad,” dije, “es que a veces hace falta mucho tiempo para madurar las cosas.” Fumaba mucho y me tomé un café. Le pregunté si Austerlitz estaba hacia la derecha o hacia la izquierda, que se me había olvidado. “Hacia la izquierda,” dijo. “Va a España?” “Sí.” “Y no tiene que ir a Montparnasse?” “No, los trenes para España salen de Austerlitz.” Me fui.

Quedaba un poco de tiempo. Fui a la Sorbona a ver si encontraba a alguien y le dije a la secretaria que le dijese a la señora Moeglin que había realizado mi misión. Preguntó: “Qué?” Y dije que ya entendería, que era una broma.

O sea que me fui a Austerlitz y me metí en un tren que salía mas o menos a la misma hora de la que ponía en el billete. Compré un poco de café, unas patatas fritas y alguna galleta y me quedé esperando. Era tarde ya. Salió el tren y pasaron varias horas hasta que llegó el revisor. “Se ha confundido de estación y de tren.” Me dijo. “Y este no va a España?” “No. Va hacia el sur, pero se desvía hacia el este.” “Ah. Y qué hago ahora?” “Bájese en la siguiente ciudad y coja un tren que vaya a Bordeaux. Por ahi pasa el tren que va a España.” Se me estaban acabando los fondos o sea que tuve que hacer varias negociaciones para conseguir que se aceptase parcialmente el billete que tenía. Era pagar el suplemento hasta Bordeaux y luego usar el mismo billete para llegar a la frontera. Llamé a mi padre para decirle que me había perdido por el camino y que llegaría mas tarde de lo previsto y que viniese a buscarme porque me estaba quedando sin un centavo. Lo que era un poco mentira pero siempre vale mejor. “Claro,” le dije a la que vendía los billetes, “es que me han atiborrado de pastillas en el sitio ese y una ya no se entera de nada.” Lo que le interesó bastante aunque no quise dar mucho detalle.

Tenía que esperar varias horas, que pasaban muy despacio. Llegó el tren para Bordeaux. Luego el tren que iba a España, el talgo. Debía ser las 4 o 5 de la mañana cuando llegué a la frontera. La pasé casi despacio como quien no quiere alegrarse demasiado antes de tiempo. Cambiaría de tren porque prefería fumarme un cigarrillo y tomarme un café en la cafetería de la frontera y asi ahorrarme el suplemento del talgo. Había un expreso que salía un par de horas más tarde. Por la noche había llegado a Madrid. Hacía frío.

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Vaux Le Vicomte (3)

La película finalmente se llamaría, en Francia ‘Héros de France’ y en el ámbito anglosajón ‘Theoretical Exercise 3498’.

De todo, lo que mas asombraba a la señora Moeglin era que recordase con mucha exactitud el número del ejercicio y tenía sus dudas sobre si lo recordaría 20 años mas tarde. “Es muy fácil. Tres sube a cuatro de uno, que multiplica por tres a 9, que desciende a 8 de uno, que se divide por dos a cuatro. En mi número,  2 a 3.” “Vous venez de l’arranger.” Dijo. (Lo acaba usted de arreglar.)

Tras alguna meditación decidió muy satisfecha de si misma: ‘Que no vendría a buscar los documentos.’ Cosa que me llenó de una profunda consternación. “Y por qué?” pregunté cuidadosamente. “Porque ya tengo bastante con conseguir el castillo.” Finalmente estaba bien la habitación para su jubilación si aun la quería alguien, (parecía casi una queja germana) pero que tan poco lo iba a hacer ella todo y sola además. “No se ha buscado la parte más fácil,” le dije, riéndome. “Usted cree que se pueda conseguir?” “Con tanta receta que me das, quizá,” dijo de un tono un tanto misterioso. “Lo que me quiere decir, verdad, es que me quede con una de las dos cosas. Los champiñones y la torre o la sangre morada.” Se quedó callada. “Casi me iba a poner a pensar que los superhombres saben leer hasta los pensamientos.” “Ya. Pues aunque quisiera, no hay más que lo que hay. Nadie más puede hacerlo. No es vanidad, es la evidencia. A Tula no la entiende nadie. No habla además. Y solo ella tiene la clave. Y la torre, no la destruye nadie aparte de mi tampoco.” “Podría dejar lo del hospital, por lo menos.” “Y que Anne-Hélène termine por asesinar a la psiquiatra? Es que todo es lo mismo. Vi una cosa muy bella, como una flor en el invierno frío. Y todo aquello que la impediría de ser. Yo quiero la flor para mi. Si dejo en manos de otros lo que no la deja ser, me quedaré sin alguna parte. Es decir, no será, porque las flores no son por partes. Me ha tocado la china, eso es todo, por creerme lo de la cigüeña. Solo yo sé cómo sucedió y solo yo, quizá, pueda guardar la noción clara de lo que es. Yo creo que fue eso. Fue en el primer año de venir yo aqui y yo llevaba en mi semi inconsciente ciertos planes maquiavélicos que se preparaban y se me ocurrió viendo las casas, y el Sena y los helados Berthillon y la plaza del Tertre que se le podía poner un alma a tanta tontería. Y me dije que sería divertido que planee alguien alguna criminalidad, decía yo, y cojas las mismas palabras y les cambies sutilmente el tono, y donde sale el fuego que devora la Casa Real, sale su más fiel servidor, y esas cosas. Ya le había dado la vuelta a todo y solamente había que enviarle una misiva a la reina de Inglaterra, diciendo, “Estimada prima segunda del siglo XIV, la cigüeña de París va a enviarle un nieto que dará envidia al mundo entero. Espero sepa darle su acuerdo. Atte. y un nombre muy raro.” La reina de Inglaterra recibió la misiva gracias a una paloma mensajera, la abrió, la leyó y la guardó en un bolsillo. (Nada más. Las reinas de Inglaterra son asi.)

Pero alguien aqui se dio cuenta. Lo percibió, lo oyó, lo sintió, que un viejo misterio había caido en unas de esas bárbaras manos godas. Y le dio mucha envidia antes mismo de que naciese el muchacho. Y se casó de inmediato con alguien que se parecía a Carlos de Inglaterra. Por si acaso. Las cigüeñas dijeron que ya que estaban las cosas asi, hiciera la novia, para que no se quedase solo el muchacho. Cosa que causó cierta perplejidad. Evidentemente, poco después apareció la representante mayor de las cigüeñas, que era Anne-Hélène. En ese mismo momento supe que era posible que fuera verdad lo de las cigüeñas. Tenía una en frente, no lo fuera? Al principio no me creía nada, aunque iba descifrando los secretos de los muros de París y me decía que se parecía mucho a alguno de nuestros cuentos y que aquellos también eran verdad, a su manera, y luego se sentía todo ese movimiento y me reía y me decía, vas a ver la que hemos liado y se iban moviendo las cosas como dando vueltas en un extraño baile que no conocía y terminé por pensar que hasta mi abuela podía tener un nieto de esas maneras. O sea que escribí otra misiva: estimada señora del extraño nombre, estoy buscando una madre para los nietos de mi abuela y pensé que quizá podía ayudar en la tarea. (Eso era para evitar que alguna fuego no me devorase por haberme robado un viejo secreto.) Y lógicamente apareció Anne-Hélène para hacer el enlace. Dentro de la realidad hay otra realidad, más profunda, más densa, más secreta, más bella. Cuando la ves, la otra te da igual, pero también ves aquello que la pone en peligro, que la ataca, que la agrede. La belleza de lo que quieres para ti tiene su parte de peligro que se mide con la correspondiente medida. Yo puedo. Nadie más puede. No se preocupe por mi. Ya volveré. Con Vaux Le Vicomte o sin él.” “Y no quieres Vaux le Vicomte?” Parecía algo decepcionada. “O sí, no se va a quedar asi con MI Vaux Le Vicomte por tan poca cosa. Lo que quiero decir es que la prioridad está en otro sitio. Está en un remanso de paz que he visto al fondo, un poco más tarde, como vida nueva que no acaba con la mia sino que se la lleva, la acepta, la integra. Pienso que cuando haces algo para obtener aquello, quieres compartirlo con otros, que se vea para que otros puedan hacer algo parecido, poniendo cada cosa en su sitio. No obtienes nada sin dar nada a cambio y quien se cree que se lo merece todo hecho, al final se queda sin nada.” “Es muy peligroso lo que quieres hacer.” “Ya. Pero también es muy bello lo que espera al final que adquiere toda su tonalidad en Vaux Le Vicomte. Es muy bonito ese sitio, casi tan bonito como la historia de las cigüeñas. Se lo merece. Que sea habitado por la historia de las cigüeñas.”

“Podrás?” “Tengo el perfil perfecto para mi tarea. Conozco a Tula, la conozco a usted, me inventé lo de la torre. Debería poder con todo. Con Tula encuentro el modo de curar la sangre morada. Con usted salgo del hospital y conmigo misma, implosiona la torre.” “Conmigo sales del hospital?” “Sí. Con usted. Con su lógica, con su modo de ver. Por eso es tan importante que venga usted al final a buscar los documentos. Estoy buscando salida de España y aun la necesito. Si me dice que no, me atraparon los monstruos. No sea tan vaga como yo. Imagínese que se viene a un país soleado con mangos y piñas. No?” “Pero seré ya tan vieja.” “Seguro, irá con bastón, no podrá ver, tendrá reuma, arrastrará los pies.” “Pues si,” dijo. “Asi murió mi abuela.” “Tendría dos digo yo. Y la otra?” “La otra estaba muy bien hasta el final.” “Pues guiése por el ejemplo de aquella.” “Bueno. Entonces, qué tengo que hacer?” “Tiene que convencerse de que puede irse hasta el fin del mundo para buscar unos papeles cuyo sentido intrínseco ya ha desaparecido.” “Y por qué?” “Pues porque ya habré escrito el libro revelando los secretos que se querían esconder y para los que se había desbloqueado una suma despampanante con el fin de recuperarlos sin que nadie se de cuenta.” “Podrías no escribir el libro.” “Pues tal y como lo veo ahora, me parece difícil de evitar. Y toda feliz además. Y un papel más y otro papel, y más rollos y jo, qué divertido y como nadie dice nada, sigamos y sigamos. Aun y con eso, suponga que sucede y que decide no cortarme los buenos días para el resto de mi vida, usted piensa que quiere recuperar esos papeles antes de que se los lleven los alemanes, por ejemplo. Y se viene aqui un buen día de febrero con la excusa de examinar el Juan Gris.” “Es una buena idea.” “Con eso llegaré al país soleado.” “Me estás tomando el pelo, asi, porque no tienes otra cosa que hacer. Cómo te escaparás con una buena idea?” “Ya lo verá. Ya le dije que mi padre es una esponja. Y llegará el día en el que me quiera ir y él dirá ‘es una buena idea’ y podré irme.” “Muy terribles parecen las cosas en tu casa.” “Y no le cuento nada.” (Aun y con eso le conté un par de detalles para que no se hiciese la más mínima esperanza.)

“Tienes a alguien que te ayude?” “En realidad, a nadie. Estoy más sola que la una, no le voy a mentir. Pero conozco a mucha gente muy, muy inteligente. En Israel, en Grecia, en Turquía, en Rusia. Haré una red como la que se ha hecho con las cigüeñas, que vengan y vayan mensajeros dentro de la realidad que es otra realidad y podré con mi cometido. No se preocupe. Soy una experta en esas cosas aunque no sabía que se podían hacer hijos con cigüeñas. Ya verá.” “Pero vendrás por aqui de vez en cuando?” “No podré venir mucho porque me iré muy lejos y o cuadrará con esto. Pero vendré a saludarla y cuando haya terminado mi misión iré a la Sorbona y le diré a la secretaria, dígale a la señora Moeglin que ‘he cumplido con mi misión’. Y le dejaré mi nombre para que sepa que no han podido conmigo. Luego tendré que salir corriendo porque aun habrá mucho peligro, pero no se preocupe, yo llego al país soleado con una buena idea.”

“Y luego?” “TEndré que recuperar la memoria, la razón, los sentidos y las ganas de vivir. Tendré una enorme tristeza porque pensaré que se va a morir todo el mundo, se habrá descuadrado el espacio tiempo y me pondré a escribir. Echaré muchas pestes contra la France, y más pestes y más pestes, y luego me iré acordando poco a poco hasta que lleguemos hasta aqui. Quedará muy bonito. Como una derrota que se hace una victoria por el esfuerzo de comprender lo que ha pasado. Y diré todo lo que no se debe decir porque yo no soy agente suyo. Solo tenemos un trato que incluye que la gente sepa por fin lo difíciles que son ciertas cosas a veces.” “Y cómo sabrás que tendremos Vaux Le Vicomte?” “Porque se hará todo como lo digo. Le escribiré un correo con el Juan Gris, me acordaré de todos los detalles de esta conversación, me echaré una siesta y me quitaré los calcetines, cosa que nunca hago, y todo eso. No todo se hace y no todo se recuerda. Lo único que me da miedo con ustedes es que hablan demasiado y eso puede ser muy peligroso. Fíjese en Anne-Hélène, si no me ha cantado el romance del mío cid en endecasílabos, ha sido casi de milagro. Y yo no le he preguntado nada, y muchas veces, ella no ha dicho nada tampoco, es solo una actitud, un modo de decir por el asocias las ideas. Pero aun asi es muy expuesto. Yo no hago eso. Puede que sepa alguna cosilla pero ni la actitud lo revela, como usted. Puede que esté aterrada por algo que sabe y me cuenta la historia del Rochefort 10. Nadie adivinaría lo que lleva dentro. Esa gente no da el peso y sabe demasiado. No saben gestionar el miedo y hablan. O dicen, o expresan. Usted me dice que la secreta francesa está en Angers porque se piensa que no me lo voy a creer. Es una estrategia que yo también utilizo de vez en cuando. Sabe lo que está haciendo aunque no funcione en este caso. Ellos no saben lo que hacen. Pero están ahi y saben demasiado. No puedes amordazar a la gente. Lo mejor es llevarle la corriente a la corriente. Si se habla demasiado que haya muchos que hablen demasiado. Pero los unos que digan una cosa, los otros lo contrario, los otros, otro contrario más. Al final no se sabe lo que hay. Voy a hacer algo para despistar la atención. Tengo que reconstruir los tonos de voz que se hicieron con Anne-Hélène. Para mi sola mis cigüeñas. Se producirá un fenómeno parecido aunque diferente. Haré muchas profecías que se realizarán. Pero habrá alguien que dirá que lo anota y tirará las notas a un río al final por una casa en el campo. Se sabe, eso, desde antes. No que no quisiera dejarle una puerta abierta a la esperanza pero las cosas se saben.” “Y quién hiciera eso?” “Conchi, por ejemplo, una médico española.” “Imposible.” “Para nada imposible. Verdad. Se lo digo ahora para que lo constate solamente. Y lo otro también. Que si hago un trato con usted, sé que hará lo que me dice. Las cosas se saben y luego se ordenan como se ordenan porque se sabían de antemano.” “Y no vas a contar toda esta historia en tus nuevas profecías?” “No. Al contrario. Borrará el recuerdo de estas que se quedarán en una capa más profunda que será imposible de discernir. Serán distintas, porque las que se hacen aqui son en relación y si me hago mi tertulio conmigo misma será como una proyección en el tiempo para mi sola, o casi. Una flecha en el tiempo. Con otro proyecto para mi sola.” “Cual?” “No sé. Ya se me ocurrirá algo por el camino. Tengo que apartarme del mundo, pasar hambre y sed y adquirir una resistencia fuera de lo común. Dar vueltas, aprender el lenguaje de los locos, pegar saltos, subirme a los árboles. Quizá sean tres meses los que necesite para hacer todo lo que tengo en la mente, pero necesitaré cada segundo de mi mas concentrada atención.” “Y no dirás nada.” “No me acordaré ni tan siquiera. Puede seguirnos por el camino y participar a otra larga serie de profecías, si no tiene otra cosa que hacer, pero yo no diré nada.” “Yo no hago esas cosas.” “Pues hágalas por una vez. Dormirá mejor por las noches. Usted es alguien muy importante en este país, verdad?” Hizo un gesto. “La gente se aterra cuando les digo que me voy a tomar una cerveza con usted. Tiene gracia. Mejor me retira su amistad para que yo vea los lobos que me rodean. La mayoría solo están gracias a usted. No sé que se prometen pero algo seguro. Qué le podría pedir yo a usted?” “Vaux le Vicomte.” dijo lacónicamente. “Lo que ya dice bastante de su importancia. Es gracioso porque yo no sé quién es usted y solo me aparece como persona.” “Necesitarás dinero.” “No. Solo un pequeño rebaño de ovejas. Al final necesitaré dinero, pero lo tendré todo acumulado. En un sitio tan secreto que no lo sabrá ni usted.” “Para qué? Para comprar un misil para la torre?” “No. Para aprender los gestos y modos de comportarse de las clases altas. Tendré que ir a un sitio muy pijiluncio y estirado o no tan estirado y volver a aprender como se comporta alguien en un mundo civilizado.” “Qué, te vas a la selva?” “No. Pero los lenguajes son distintos. Son pastores pero de raza. Son más snob que usted, con perdón. Para usted son unos bruscos. Pero ellos tienen su propia distinción. Y tengo que aprenderla. Y me haré entender. Pero con eso no sales del hospital. Tengo que tener un aire un poco super splash, un poco solo. Y hasta los aires super splash cambian con el tiempo.” “Imposible.” “Qué consiga tanto dinero sin que lo sepa usted?” “Sí.” “Pues ya lo verá, ya lo verá.” “No quieres un pasaporte francés?” “Hm. Francés además. Que me tiene, por un vulgar pied noir? Yo me limpio los pies todos los días cuando me ducho, que conste. No, yo no reniego de patria. Me costará llevarla sobre los hombros, pero no, qué diría mi abuela. Otra cosa es dejar una descendencia en este país, – ya sabe, la única sobre la tierra que se presta a semejante ejercicio y no porque me quiera mucho ni nada de eso, no, de pura envidia porque los ingleses tienen al Harry, resulta ser francesa, – y otra cosa es renegar yo de patria. Qué le vamos a hacer. Renegaremos de religión, de patria nunca. Y además, cuantas sospechas no levantaría semejante hecho. Entre ustedes y yo no hay nada más que una estela de luz que puede que se haga estrella y puede que no. Cuando se haga estrella, tendremos tiempo de recordar todas nuestras promesas y cometidos.” “Pero trabja para mi.” “Yo trabajo para más alto, señora Moeglin. No puedes hacer esto sin dar algo a otros también. Necesitamos ayuda: Rusia, Serbia, Turquía, Grecia, Israel, China, Pakistán. Se cree que es poco? Hay que conseguir uniformizar una perspectiva aunque solo sea relativamente. Y por qué hicieran el esfuerzo sin que les des nada a cambio? Yo tengo muchos ángeles y tienen sus caminos. Dígase una cosa, que yo no trabajo para usted, que soy su hija, su hijo, no sé, una sobrina que llegó un día y se le metió en la casa y que decidí hacer un par de cosas porque me parecía que le gustaría ver lo que resultaría. Déjeme libre. Yo sabré lo que tengo que hacer. Tengo que hacer una incursión en el campo enemigo. Desapareceré durante muchos años, se creerá que me he perdido y cuando menos se lo espere, encontrará un papel en su escritorio diciendo ‘ejercicio teórico 3498’ y dirá, anda, qué pasó con esto? Y justo en ese momento le mandaré un correo con el Juan Gris. Psst. El Vaux le Vicomte. Y los documentos. Tiemble un poco, que me van a matar, como me dice a mi todo el rato y debería encontrar la receta del como venir en el Vaux le Vicomte (3).” “Pero avisando, supongo.” “Me da lo mismo. No me molestan las sorpresas. Además, habrá un gato que se podrá tirar por la ventana. No de muy alto, justo un poco. Se pondrá ahi para que lo tires de la ventana, además.” “Eso no es posible.” “Muchas cosas son posibles.” “Y seguimos con esta charla.” “Exacto. Como si no hubiese pasado nada.”

A día de hoy, 12.02.2010, queda bonito también, tengo el documento en el que consta que mi abuela fue enterrada como Freiherrin.

Ahora querrá las pruebas. Pues las conseguimos.

que es como figura en prácticamente todos los documentos oficiales.

“Pero con eso no puedes derrocar un gobierno?” Preguntó Madame Moeglin. “Pues sí, fíjese, qué tonto. Lo difícil cuando quieres derrocar un gobierno es tener la altura suficiente desde el punto de vista político como para demostrar su inconsistencia. Te subes y te subes y te subes por las nubes con ángeles y cigüeñas y dices, ya está, aqui los emperorien de l’Allemagne en exilio. Estás en un tú a tú. No hay insurrección porque no estás debajo. No hay riesgo de guerra civil porque no estás en la misma dimensión, te situas en la de la tribu, del psiquismo, de la tradición y las costumbres y te pones a pegar palos. Y que si esto y que si aquello y no te jode toda esta gente, indignos hijos de su padre y de su madre, y vuelta otra vez, y sigue, y vuelve a seguir, y dale y dale hasta que se cansan de tanta evidencia.” “Pero es más fuerte un gobierno.” “No creo. No tiene persona jurídica, Alemania. Es como un niño: le echas un broncazo y lo pones en su sitio. No tendrán respuesta, jamás. Sobre todo después de todo esto. Se van a quedar tan pasmados que dirán que sí hasta a la invasión terrestre. Les dices: ‘oigan, que vamos, aqui tenemos una orden del emperorien y nada, cruzamos la frontera mañana. Y dicen, bueno. Necesitarán algo de comer?'” Y se reía. “No es una broma, las cosas son asi. Yo nací con muchas señales. Y caían rayos y truenos.” “Y ganaremos la guerra?” “Quieren ganar una guerra por una vez en su vida? Porque lo de la flota rusa se lo creerán ustedes, que otros … Echaremos el ejército de tierra del otro lado del Rin. Con eso basta. Piense, piense … Ellos tienen líneas altas (fuerza aérea) y líneas bajas (marina). Ustedes tienen líneas medias (Ejército de tierra). Ya ganaron. Que manden un avión, dos, tres, que bombardeen un poco por aqui y por allá. Ustedes dejen los aviones en tierra o solo para proteger a la infantería. Que pase por encima de sus cabezas y limpien el camino si hay alguien que moleste. Que manden un par de barcos. No sacan la marina, ustedes, la guardan en puerto para que no se incrusten. Ahi los tienes volando por aqui y nadando por allá, no cogen tierra. Si entran por Alsacia Lorena tienen que cruzar el Rin nada más. Los aviones limpian la frontera y pin pin pin, pasan del otro lado. Dónde se meten? Dónde oponen la resistencia? Mientras se lo piensan, ya han llegado ustedes a Friburgo. No se van a poner en ningún sitio, no saben donde. O sea que irán al cuerpo de infantería, pero hay muchos aviones sobrevolando cuya misión no es un combate aéreo sino limpiar el suelo. Vuelan bajo, rehuyen el combate, y no hay modo de concentrar ni tan siquiera artillería cerca de la infantería invasora. Ahora, no vamos a ir hasta Berlín que está muy lejos y es muy cansado, se manda un emisario. Pachín, pachín, como no se rindan de una sola vez, arrasamos hasta Berlín. Y plum. Se rindió el estado mayor.” “Algún traidor habrá.” “Seguro. Pero eso son cosas de la vida.”

“Y dónde se ponen las infanterías?” “Depende. Usted quiere que ayude a Alemania? Es que normalmente pones una defensa en valle estrecho, de los dos lados del valle, o delante de una ciudad, en círculos, como Stalingrado, en un bosque, por emboscada, pero en este caso, la misma configuración de Alemania es una trampa. Puedes evitar las ciudades mayores, todas, y llegas tranquilamente a Berlín por las mejores carreteras. No te hacen falta bosques porque avanzas de frente. Limpias los valles con los aviones y vamos, comiendo pipas.” “Y si ponen tanques?” “Los tanques son pesados. Cambias de ruta. Debe haber tres rutas alternativas cada diez kilómetros, para arriba o para abajo. Dónde ponen los tanques? Das la vuelta y sigues. Además los tanques los estancas con alquitrán por ejemplo o fuego. Los tanques no valen para nada. El problema de las guerras es que nos perdemos en la furia ciega y nos metemos en cuerpo a cuerpos que desgastan y no llevan a ningún sitio. Hay que aniquilar al enemigo… No, hay que llegar a Berlín. Con eso no pueden. Qué pasa, se van de paseo estos. No les entra y no tienen estrategia para combatirlo.” “Y si llevas tú las tropas?” “Ganaríamos.” “Sí?” “Sí. En cosa de guerra puede más el hombre que la mujer y solo cuando el hombre se queda mirando sus bolas, gana la mujer. Mas si es el hombre, hombre, no podrá contigo en el campo de batalla?” “Y cómo?” “Porque se te ha olvidado la retaguardia. Pasas, pasas, una zanahoria por aqui, un Apfelstudel por allá y cierras por detrás. Le haces círculo a la infantería.” “Y los aviones?” “Yo también tengo aviones que protegen a mi infantería y los tuyos ya no pasan. Es muy vieja esa estrategia, bueno, lo de los aviones es una innovación.” “Y si vuelves con nosotros ahora?” “Tengo una infantería de reserva detrás de la frontera. Cuando está la alemana justo detrás mío, me doy la vuelta y la cojo en sandwich con la que viene detrás. Se acabó la infantería germana.” “Y si quieres salvarlos?” “Divido la infantería en dos que sale una parte a la derecha y la otra a la izquierda, y cuando se apelotonan todos los franceses en medio del campo, lanzo un ataque bajo con la aérea. Se acabó, la infanteria francesa.” “Total, al final gana el mejor.” “El más vivo, digo yo siempre. Hoy en día ganaría la francesa.” “Pensaba que no te gustaban las guerras.” “Lo que no me gusta es la guerra sucia. Los champiñones, los gases, las masacres innecesarias, los asesinatos por la espalda. Pero eso. Al final alguien dice, and the winner is … y se dan todos la mano y a casa otra vez. Cuando tienes las ideas claras, puedes sacarle belleza hasta a lo que parece más atroz. Hoy en día gana el ejército que tenga mayor movilidad, no el que se estanca detrás de las trincheras. Basta con coger la carretera. Para qué te vas a meter por caminos y senderos? Y tiras para adelante, das una vuelta por aqui, otra por allá y no saben hacer nada del otro lado. Se oyó un tiro en algún sitio y se creyó que era un cohete. Todo es psicología.” Anne-Hélène se sintió mucho mejor y realmente tuvo la impresión de que había ganado una guerra por una vez en su vida. “Bueno,” dijo, “tampoco hace falta hacer la guerra ya que la hemos ganado.” “Muy fácilmente ganas las guerras tú.” “No, es que es el sentimiento que acompaña a los soldados. Porque yo no voy a ir, desde luego. Me quedo en casa y pienso, ah, por una vez que ganamos una guerra en la historia y asi le doy ánimos a los soldados y se gana de verdad.” “Bueno, pero no te precipites demasiado, no sea que no estén las cosas listas.”

Menos mal que quedaría Anne-Hélène pensando que habíamos ganado la guerra.

Después, mucho después, cuando todo se hubiese resuelto, todo sería mucho más fácil. Con tanto ángel y tanta trompeta, quién te resistiese? Lo que digo. Nos darían hasta los sandwiches. Se rendirían de inmediato. Nos dejarían Neu Schwanstein sin tener que pagar impuestos. Total, era mejor empezar por el principio. “La eliminación del enemigo interno es la garantía de la victoria y Alemania es un único enemigo interno. Por decir que el único aliado que tienen se ha pasado al campo enemigo cantando Lili Marlen de pura desesperación.”

Y si se evitaba la guerra, Madame Moeglin seguiría dándome órdenes. “Si te digo la verdad,” dijo casi al final, “prefiero que tu cabeza trabaje para nosotros que para ellos.” “Suerte han tenido. Ellos no vislumbraron sus posibilidades. Hay cosas que no se enseñan hasta que no reconozcan todo el mérito a tu abuela. Por lo que se tuercen los destinos.”

Asi quedaron las cosas. La puerta del hospital no estaba muy lejos. Parecía una carretera que llevase por tierra germana hasta Berlín. Solo había que hacer de tripas corazón.

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Vaux Le Vicomte (2)

La foto era para darles envidia a los alemanes.

Suscitó sin embargo un cuestionamiento en cuanto a los derechos intelectuales de la misma y le dije que no se preocupase. “Claro,” dijo con cierto tono de envidia, “cuando se es emperor con semejante casa con jardín se puede uno permitir ciertos lujos.” “Desde luego. Germana tenía que ser usted. No. Ahí donde yo estaré no habrán firmado los tratados internacionales de derechos intelectuales y como se habrá generalizado el internet, usted misma pondrá la foto. Sin derechos, ayde, ya que es asi. Como quiere que se llame la foto? Vaux le Vicomte? El castillo? O algo más difícil?” “Chateau jardins.” “En plural o en singular? No sea que luego haya querella.” “En plural. Oiga, usted cómo sabe que Vaux Le Vicomte le pertenece al estado? Hay muchos castillos privados que están en la  gestión parcial del estado pero siguen siendo particulares.” “Por su historia. Este castillo fue hecho por el intendente o como se llame a los impuestos de Luis XIV. Lo hizo bonito, le puso los jardines, hizo una fiesta para celebrar que estaba listo con fuegos artificiales y se le ocurrió invitar a Luis XIV que se puso negro de envidia, sospechó que le estaban robando gran parte de su beneficio y lo metió en una mazmorra ese mismo día. Y no volvió a salir. Quedó en propiedad del estado desde entonces, confiscado por su majestad. Luis XIV se llevó al arquitecto, al jardinero y al decorador para hacer Versalles después. Mas grande, claro, para que no desmereciese. Luego Federico II se inspiró de Versalles para hacer el Sanssouci. Asi dan vueltas las cosas. Pero cuesta una pasta mantener eso, además está lejos, no va mucha gente y fíjese en los jardines, para tener los arbustos podados redonditos y no se salga ni una rama… No es rentable. Nos lo darán. Si ganamos, claro.” “Y cómo se obtiene un decreto ley de esos?” “Pues normalmente lo hace el presidente o, dependiendo, el canciller o primer ministro, depende de los poderes de cada uno.” “No pasa por el congreso?” “Pues no, precisamente, es una forma un poco descarada de enmascarar un acto dictatorial cuando se usa mal de él. Es una ley privada, un privilegio, en el fondo. Tienes leyes, que es lo que hace el congreso, y cuando no se ajustan a una realidad en un momento dado, por situación de excepción o emergencia, o caso particular, se formula un decreto. ‘Que tal propiedad recaiga sobre fulanito por servicios extraordinarios a la patria.’ No es una ley o sea que no recae sobre el congreso. Tiene que ser la persona jurídica del estado en su representante, que suele ser el presidente. En Alemania no los dejan, por lo de Hitler, pero algo parecido podría recaer sobre la cancillería. En fin, no se dejaron ellos. Aquí es la presidencia porque tiene muy amplios poderes. Presentas un proyecto en forma de petición de decreto ley y dices que en este contexto con tal y cual, si se produce esto y aquello, conceda el estado, eso mismo. – Para convencer a Inès de la Fressange a irse al pico de la montaña germana, uuf. Hay que buscar soluciones alternativas.” “Y tú estás de acuerdo con el decreto ley?” “Yo abogo por cierta libertad de acción de la soberanía en caso de emergencia. Le voy a decir una cosa. Hacer proyecciones de futuro como estas que estamos haciendo, se lo puede permitir muy poca gente. Si en un caso de urgencia yo intuyo un desastre y tengo que nombrarla a usted por decreto ley, intendente para Alemania, no me gustaría que me discutiesen la decisión. Es asi y punto. Estimo que debo justificar lo que hago, quizá después. Había dicho tal y cual y por prueba, esto y aquello. Pero hay momento en los que no tienes tiempo para mucho tertulio, es eso o nada. Y presumo que se le debe dejar cierta libertad de acción al soberano porque si se confunde, de todas las maneras le cuesta el cuello.

Me parece de naturaleza. Yo en mi casa como a las tres. Y un día tengo una reunión y llego a las cuatro. Me quedo sin comer porque no vine a la hora? Las pequeñas soberanías fundan las grandes en su razón de ser. Es una cosa distinta tener una reunión y otra el irse con una novia de paseo. Por eso tienes que justificar lo que haces y hay pena si hay infracción. Para el ciudadano de a pie y para el soberano, claro. De todas maneras solo asi le damos el nombre al emperor, el nuestro. Quedará de lo más rimbombante: ‘algo’ von Speth und zu Schülzburg de la Fressange, para los siglos de los siglos, amén.” “Pero si se casa, cambiará de nombre.” “No. Es el nombre del título. Uno de los herederos lleva el título que pesa tanto que anula todo otro nombre. Con semejante nombrio.”

“Bueno,” dijo, apoyándose en el respaldo de la silla al punto que yo pensaba que se iba. “No,” dijo, “es ahora que empieza el asunto. Y no me vengas con evasivas. Dices que vas de legal, no?” “Sí.” “En qué fundas las justificaciones del emperor?” “En que tengo que revisar unos papeles. En breve y sin mucho rollo patatero: mi familia es de los primeros ‘Freiherren’ o señores libres. Estos son cabeza de linaje que no dependen del emperador. Ellos, los godos, se entendían por consenso. Se juntaban todos los jefes y tomaban alguna decisión. Cuando llegaron ustedes con sus emperadores y demás, – no, no diga que no, Carlomagno es germano, como usted, no godo – elegían a un representante de todos que llamaron ‘Kaiser’, que solo pronunciaba lo que decidían los otros y solo era si lo aceptaban en el consejo. Lo que no gustó a Roma. Trasladan el imperio hacia Viena y lo hacen hereditario, lo que no era antes. Se hace entonces una aristocracia regulada jerarquizada en dependencia del emperador. Es siempre mucho mas fácil de controlar algo asi que la intuitiva reacción de los señores a las circunstancias. Mi familia obtuvo un rango menor, porque les debían tener más miedo que todo. Son barones desde la restructuración de la aristocracia por el siglo XIV o algo asi. En si no son elegibles: me parece que debes ser por lo menos Kurfürst para ser elegible a emperador. Pero ya no era elegible nadie, porque era hereditario. Ahora, pasa le tiempo, degenera todo, se pierde todo y aparece un Hitler. La nobleza se queda sin cabeza y sin jefe. En un consejo del Rat (consejo de nobles) se decide que mi abuela mantenga su título aun después de casada, lo que normalmente no puede según la ley sálica. Eso está un poco en la nada, porque ya no hay rey, emperador, nada. Debieron hacer una treta. El título de Freiherr es independiente de la corona. Un consejo solo válido si te caes en el siglo XII y quedan solo los viejos títulos de señores. Si estos deciden que se mantenga el título de la abuela, es válido en lo que recae sobre la más pura y vieja tradición goda. Si eso es verdad, mi abuela debió ser enterrada como ‘Freiherrin’ y no como ‘Baronin’ lo que a su vez implica la aceptación tácita incluso de la Bundesrepublik que tiene a mis godos amarrados al muro y sin mucho movimiento, de la ‘soberanía’ paralela de mi abuela. Lo ve? Ellos no le dan importancia. No suena: duque, príncipe de Sajonia, conde de Montecristo, etc. eso parece sospechoso aunque no lo sea tanto. Freherrin, dicen, qué será eso. Y la dejan ahí. Sé que se mantuvo el título en el entierro, porque lo dijo mi padre. Pero no recuerdo si dijo Baronin o Freiherrin. El de Baronin no tiene validez porque no había emperador o rey para avalar. Pero el de Freiherrin, sí. Han hecho un puente. Se han caido todos en el siglo XII, para empezar, pero tienen la posibilidad de generar un linaje a solas, porque no hay nadie más. Quién es el jefe de linaje? El emperador. Ahora, el emperador es un título dado a un linaje de varones donde normalmente rige la ley sálica. Si sacas emperador de este linaje causas una fricción con los otros linajes. Están amarrados, es verdad, no tienen ni voz ni voto, pero arrastran la tradición de lo que se encuentra en ley sálica. Aunque no rija, yo no me metería con ellos. Sacas las líneas de tradición y llamas a alguien ‘emperor’, por decir algo. No hay confusión de títulos, ni rangos, ni funciones. Separas las áreas, y cada cual regula sobre la suya dentro de cierta dinámica.” “Pero ellos se pueden hacer un emperador?” “Pues no, precisamente, ese es todo el problema. Se han perdido las líneas y además hay confusión básica. Tienes reyes y herederos de reyes que se han comprado el título en Viena. Qué es eso? Han cedido soberanía al no mantener el consejo. Y además, de donde sale eso del emperador? Es de ustedes. Germanos había de dos tipos. Los germanos romanos, de este lado del muro, como usted, y los germanos bárbaros del otro del muro. Francia se divide en tres poblaciones básicas y sus anexos. Los germanos del norte, los bretones o celtas del oeste y los francos del suroeste que no son para nada los mismos. Luego están los de la farsa, como los burgundios y alguno más que no conozca. Hay una población muy poco estudiada, que es la de los occitanos, que es la que llamo, francos, no, no occitanos, esos son los del otro lado, los aquitanos, de por ahi abajo, son razas de mujeres, Alienor d’Aquitaine y sus poemas, Margarita de Navarra y sus tertulios literarios, mujeres que hacen lo que les da la gana, y no son celtas o bretones. Ocupan una parte de la tierra, los otros otra, y aquellos otra más. Hay fricciones, se pelean, se enredan, se juntan y revuelven y sale por ahi un Carlomagno que le quita los aires a los emperadores de Roma. Y se planta en medio de Alemania cosa que no les hace ninguna gracia a los godos que no han llegado hace mucho tiempo. Pero es bonito eso de los mantos, los caballos blancos, los estandartes y se hacen una amalgama, porque eso entienden: alguien que los representa y que tiene que tener el bigote mejor arregaldo que los otros. Carlomagno no es godo, viene de aqui, de donde viene usted, de ahi al lado de Reims y las regiones adyacentes. Su nombre es germano, pega con ‘Moechlin’, por ejemplo, no es francés, en fin, francés si, pero no aquitano, occitano o bretón. Es  germano.

Le digo la verdad? Yo pienso que incluso la noción del emperador romano viene de aquí. Porque hay mujeres libres. Usted sabe lo difícil que es de poner a una señora de esas, como la que reivindica sus porcentajes a través de Anne-Hélène, en su sitio? Te pueden salir héroes de la circunstancia y mucho traidor, también. Y luego se van a Roma, a Constantinopla, a Germania, a España y dejan aqui a los que no sirven. Nosotros no somos asi. Y no salen emperadores por eso: una imagen de la resuelta decisión de una mujer, para un hombre es un tipo que se somete a todo el mundo y a nosotros no nos gusta que nos sometan. Hacemos áreas, y yo aqui y tú allá, y yo en mi casa hago lo que me da la gana. Si viene una Frau Fressange a mi casa lo primero que hará será decir que no les gustan las cortinas. Y yo le diré que no le he pedido su opinión. Asi es como empiezan las guerras. Aquella se ofende y hace un complot para que se quite de en medio al energúmeno ese tan poco educado que dice tantas groserías y no se plantea si su opinión sobre mis cortinas no puede ser considerada como una alta ofensa por mi persona. Hay rencilla. Yo me quedaré sin novia, si soy varón, gracias a la mala publicidad que han hecho del energúmeno y tendré que ceder en algún sitio. Al cabo de tres generaciones con novias feas, demacradas y de poca cultura, cambio las cortinas, no queda otra. La otra coje ventaja y dice que cambie los sillones también. Cuando se me suba a la parra, o me pierdo o le pongo un freno. Pero esta vez no vamos a ser groseros. Vamos a comprar un traje de seda y le dices ‘pensé que te compensaría por mi mal gusto al comprar los sillones.’ Y la engañas y la engañas hasta que ya no dice nada. Luego lo echas de menos pero descansas por un rato. La gestión del asunto afectivo con inteligencia da mucho poder. Eso de decir, ‘esta para mi’ y a tortas no da nada. Lo otro da política y visión. Pueden salir hombres buenos de ello. Puede que no. La mujer impera porque intuye, el hombre se impone porque conoce. Cuando el hombre quiere parecerse a la mujer, se vuelve un payaso. Pero el godo no entiende de conocimientos, solo de preservar su propio espacio en el que hace lo que entiende.

Van bien las dos cosas juntas cuando bien gestionadas. Pero el imperio será vuestro, igual; nosotros, en consenso nos guardamos aunque sea con nosotros mismos. Justificando el imperio de mi abuela lo único que puedo hacer es devolverlo a su sitio, me parece de justicia. Pero claro yo, porque soy yo, lo haría consenso. Lógicamente. Lo que se tiene nunca se pierde. Pero es una cosa distinta que se acepte o no. De raza y que puedo hacer emperor. Pero puede ser latente durante mucho, mucho tiempo. Necesitas un referendum si quieres darle una forma social y política reconocida. También lo hacen los presidentes. Luego pierden, como de Gaulle. Puedes ganar. Preguntas: quieren ustedes que semejante circunstancia tan benigna se aproveche para recuperar soberanía con un toque germano representativo? Algo que te sirve para estructurar todo el resto porque lo ves de frente. O algo asi. Avalas el decreto ley de por la voluntad popular.”

“Habría que disolver esta República.” “Buena costumbre lo tenéis. Ya vais por la quinta o la sexta, una más o menos. Y por verdad que ésta bastante mal anda y mal no vendría, con emperor o sin él. Pero integras el decreto ley dentro del cambio, no sea que nos quedemos sin nuestro castillo.” “Un castillo sin emperor?” “Emperor hay. Que sea un asunto de familia o de estado es la única diferencia que hubiese.” “Y si se hace de estado, qué función tiene?” “Yo diría que rascarse la panza y vivir a costa del contribuyente. No. Me explico. Esto que decimos es una circunstancia histórica muy particular, con mucha señal y mucho milagro que da solución a una pérdida completa de la identidad de la nación. Normalmente eso no debería pasar, pero puede volver a pasar. Se guarda en la memoria del linaje que tiene una serie de instrumentos que debe guardar, preservar y mantener que sirvan en caso de que se vuelva a producir una situación semejante. Son como sabidurías, reservas, conocimientos. Si tienes a cargo el Louvre, te pagan por mantener las cosas esas en su sitio y con el menor polvo posible. Evaluas cuales vendes, cuales compras, cómo las guardas, cuales enseñas. Y eso sería lo mismo, pero vivo. La gente no sabe hasta qué punto es difícil vivir con esas cosas y mantenerlas. Y es bien común, en el fondo. O sea que los pones en un sitio que vivan su vida a costa del contribuyente y sabes que se preserva el fondo de identidad de la nación.”

“Y el contribuyente estará de acuerdo?” “Es que no tiene nada que decir, en el fondo. Explico. Tienes a 50 millones de personas, cada uno de su padre y de su madre, con lo que sabe, con lo que tiene, con sus aspiraciones. Con lo que entiende, sobre todo. Para ordenar eso necesitas una referencia. Una imagen que te venga a la mente cuando quieras evaluar un juicio, un diagnóstico, un examen, un proyecto, que si va o no va en el conjunto, que si conviene o no, y esa imagen no es fácil de hacer y ‘cobra’ quien la hace igual que todo el mundo. No es que no hagas nada, es que haces lo tuyo.” “Y por qué esos y no otros?” “Porque son los únicos que movieron sus deditos para que se evitase una catástrofe. Sin ellos, nada. O sea que solo ellos.”

“Y por qué yo intendente alemana y no otro u otra?” “Porque usted es germana, que es lo que me hace tanta gracia y aquellos ya se volvieron polacos. Perdón, pero eso de los polacos lo tengo muy atragantado. La identidad determina lo que hacemos y cuando perdemos la identidad manda quien la guarda. Y usted la tiene. Ustedes son muy divertidos en el fondo, forman clanes y tribus dentro de modos de pensar y cada cual tiene sus representantes en un sitio que debe hacer prevalecer su opinión sobre la de los demás u darle una interpretación particularizada a lo que hay.” “A nosotros no nos hacen mucho caso.” “Ya. No me extraña. Cuanto apuesta a que ustedes son de los del, es que ‘todos’ deberían hacer esto a aquello?” “Pero es que a veces, deberían ponerse todos de acuerdo.” Y me reí, claro. “Ya verá lo aburrido que es. Usted ponga su oficina de intendente y cuando haya alguna cuestión de lo germano franco, usted diga que mi abuela hizo una profecía de que había que hacer todo eso, y los tiene a todos corriendo. A todos, por una vez, a todos toditos en orden marcial.” No se lo creía. “Hágame caso. Justifique su presencia en los lugares con el argumento de la similitud de caracter y comprensión al tiempo de las necesidades francas y a dar órdenes. Ya verá como termina por aburrirse y dirá como yo, ‘pero bueno, no hay ninguna que se oponga, que haga una pregunta, que se interrogue, que cuestione?’ Y no habrá.” “Espero que en ese momento hayas resuelto la cuestión de la separación de los territorios.” “No se preocupe que ya tengo una solución. No se la digo ahora porque mucho Castillo de la Mota hay espìando por aqui, pero debería ser algo como mandar a la hija mayor de la Frau Fressange a Alemania. La de 1995, me parece, según el planing de Anne-Hélène.” “1994.” “Muy bien enterada está usted.” (‘Pobre mujer, lo que le ha tocado. No solo las hijas, ahora ya, hasta la distribución de las hijas.’)

“Y separas. Un reino por aqui, un reino por allá, y ya. Y al castillo congelado ese.” “Y qué dirá Alemania?” “Ya estarán muertos de envidia con nuestro tertulio, ya se han quedado sin el emperor y les amenaza guerra. Mejor aprovechar la circunstancia para hacer lo mismo aunque un poco distinto. No se parecen nada las dos hijas. Y ya que tenemos al otro también, pues lo casamos con la primera y ala.” “A quién?” “A Harry de Inglaterra. Otro que vino con la cigüeña. Y qué aburrimiento no tener nada que hacer. Pues ala, a poner un poco de orden en la Germany esta, y ya está.” “O sea que encima las casamos.” “No. Ellos se casan. Hay alta compatibilidad y les pones un castillo delante y salen los dos corriendo. Cuanto apuesta?” “Yo no me meto en esas cosas.” “Yo tampoco, normalmente. Pero he constatado que hay gente que no sabe casarse sola y hay que ayudar un poco. Si sale bien y sino, también.” “Y qué sería el Harry, este?” “El gral. Queda bonito.” Y se reía. “No se ría, que va en serio. Kral, es reino en huno. Ungarn. Reino de los hunos. En turco dicen ‘kral’ al reino. Tiene la misma raíz. Como ellos nos quitaron al emperador, les quitamos el reino nosotros y llamamos a Harry el ‘kral’ que es eso, el que representa al reino con ciertos dejes de burla. Claro que iba para Francia pero bueno, hay que saber cambiar de planes de vez en cuando. Francia aguanta a una mujer. Alemania, no. A mi me ven y salen todos corriendo, asi, para empezar. Y a una mujer no le hacen caso. Los godos, sí, pero los germanos, no. Ala. Ya lo hemos apañado todo.”

“Y por qué no pones un godo en Alemania?” “Porque la sobrecarga genética es demasiado alta. Se acabó, Frau Moeglin. Mire esto.” Y le enseñé la columna, que se torcía en la parte alta. “Se nos están deshaciendo los huesos, ya, de puro viejos. El cuerpo no da, nos ves y parecemos fantasmas vivos. Lo nuestro es otra cosa. Es un modo de pensar, una evidencia, una lógica, las estepas y los caballos. Eso se aprende, se guarda, se transmite, pero no nosotros ya. A nosotros nos toca rascarnos la panza, pasearnos, contar historias, hacer alguna magia. No nos da para gobierno. Harry está bien. Es un muchacho muy guapo, ya lo verá.” “Y, de quién era la cigüeña que lo trajo? Tuya?” “Yo me aproveché de la circunstancia, quizá. Lo estaba viendo. Debe ser del Castillo de la Mota eso, alguna víbora para la casa real inglesa. Para que lo viese yo, muy cerca andaba. Y dices que bueno, ya que está, vamos a sacar algún provecho.”

“Pero tú puedes gobernar.” “Yo ya me he quitado el muerto de encima elegantemente. Soy muy vaga.” “Y si hace falta? No hay mucha gente que piense asi.” “Tendría que hacer mucho ejercicio. Pastar ovejas, subirme a los árboles, arar campos, arrancar las malas hierbas, llevar sacos de trigo.” “Y lo harás?” “Quizá. Ahora mismo no tengo 10 años de vida. Si hago ejercicio, quizá viva 40. Es cuestión de quererlo. Todo se cura, todo se arregla, la cuestión es tener ganas de hacerlo. Y eso de arreglar Europa Central quizá me divierta lo suficiente como idea. Es que me aburro, sabe? Pensamos en términos generales, abarcamos naciones, siglos en el tiempo, combatimos fantasmas, tenemos fuerza de titanes y en estos tiempos, qué, te vas a poner de general manager en alguna empresilla de tres al cuarto? Y claro no vas a arreglarles los asuntos a los listillos que se llevan los sueldos y te dejan a ti de lado. Por eso no sabía qué hacer. Pero esto, los champiñones, la sangre morada, las torres, eso empieza a ser un poco más divertido.”

“Y España?” “España? Un petardo en el culo. Se puede saber qué es eso? Meterse por todas partes por detrás como las ratas, se te meten en la cama, en tu casa, en la voz de tu padre, no te jode. Le voy a decir una cosa. La víbora de Diana de Gales, que lo siento por ella porque es un poco tontiluncia y no se entera de nada, la han puesto los españoles, lo que es muy difícil de probar. Pero por prueba indirecta, mételes una y se la comerán con patatas.” “Yo?” “No, usted no sabe de esas cosas, pero Anne-Hélène, sí. Se hace un tipo ahi a la super splash y les planta a la señora en la Zarzuela, quieran o no porque llevan falta y aunque se oponga la señora madre. Y lo mejor es que con tanto y tanto, no tendrán heredero varón. Ya verá. Se lo digo ahora para que vea como hacemos las pruebas nosotros. Dices si hay falta … todo esto. Y si pasa es que había falta. Yo hago eso todos los días. Y este por esto y este por aquel y tengo mis notas y plim, otro u otra. Ya casi no me confundo. Resulta aburrido al final. La mala leche que te entra. Porque dices, bueno, este puede que vaya con esta. Pero eso de estar espiando en la casa real y agenciar a alguien que diga esto, que se vista asi, que se mueva de aquella manera porque ya se sabe lo que seduce al heredero o a quien sea y tener a la señora ahi como una marioneta al son de los sonidos de la payasa de turno, no me jodas. Y luego dicen que qué envidia lo de ser príncipes y reyes, pues vaya gracia el panorama. No sabes por dónde te las meten.” “Pero tú no haces lo mismo?” “Pues no. Porque una cosa es eso, lo forzado, lo maligno, lo planeado, lo aberrante, ya y otra cosa es que estudies una situación y digas, esto puede ser, esto también, de esa manera, de aquella, y lo dejas en el aire, suspendido de los ángeles. Si pasa, bien y si no pasa, pues también, te confundiste y ya. No es lo mismo. También planeas tu destino, mas o menos, tu carrera, tus círculos sociales, tus intereses. Y llegas a algo, a veces, y otras, no. Pues yo quería ser ministro. Haces lo que puedes, no sale, y dices, pues bueno, no me ha tocado. Pero tender esas trampas, dios, – tienes a un superior y le buscas a una zorra para hacerle unas fotos y un chantaje para quitártelo de en medio y subir un puestecillo, o le saboteas el coche para que se estrelle y tengas el camino libre. Pues no. Eso no. Las cosas se hacen y  a veces ves más que otros, pero no se fuerzan. Y además para qué? Podrá España ahora con la Casa real inglesa. No me jodas. Yo no me atrevo y tengo mucho ancestro colocado en buen lugar. Y además para qué? Están ahi tan felices estos ingleses con su Queen, para qué vas a meter cizaña? Pues déjalos en paz, digo yo. Y no, dale que dale. Esto para nosotros y esto para nosotros y luego no tienes nada igual y solo el sembrado de infelicidad y desgracia. No les pegas un par de tortas a todos. Por eso ganaremos la guerra. Inglaterra agarra a España y Francia agrede a Alemania. Y se acabó el chiste. Son dos bofetadas bien dadas y se acabó el tertulio. Y si hace falta pues ala, al son de la trompeta. Alemania no sabe hacer guerras. Salen todos corriendo para adelante pero no tienen defensa. Ustedes siempre los dejan venir y pierden. Si van ustedes, salen corriendo ellos. En estampida además. Y para España es lo mismo. La cuestión es evitar que venga alguien, pero si viene, no hay defensa. Napoleón, con el permiso de pasar. Y los árabes cada vez que se les cruzan los cables. Viene Mambrú con cuatro helicópteros y se acabó. En bragas se quedan todos. Porque no saldrá la Iglesia Católica a ayudarlos, digo yo.” “Pero España conquistó América.” “Y un churro. A América fue el pánfilo de Cristobal gracias a la reina católica que era goda y prima hermana mía del siglo XV. Y los capitanes eran griegos porque estos no sabían ni cómo se ponen las velas. Eso sí, el oro y el oro después hasta que se le empachó. En cuanto perdieron linaje se fueron al traste. Ahí están que todavía se preguntan cual es la diferencia entre el hombre y el mono porque ambos tienen bolas.”

“Y si no sale todo esto?” “Da igual. Usted se viene a bucar los documentos al país soleado y se pasa un rato comiendo piñas y mangos.” “Tendrá que caer en época de vacaciones. Cuando será todo eso?” “Para ponerlo en el planing? Sobre febrero de 2010.” “No hay vacaciones.” “Y no me dirá ahora que toda una intendente para Alemania no puede cojerse unas vacaciones extra.” “No sé. Ya veré. Pasaré la moción al congreso.”

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Vaux Le Vicomte

Aquella conversación con Madame Moeglin había sido grabada y serviría en su caso para que acabase en una mazmorra para el resto de mi vida si hubiese algún elemento que lo permitiese. En el caso de que no se produzca nada de lo que decía, lo único que habremos probado con tanta parafernalia es que nos inquietamos por poca cosa y que Anne-Hélène tenía mucha fantasía. No era cuestión mía el determinar las cosas por lo que evitaba las acusaciones de inducción en error, fraude o intento de fraude y alguna más. La credibilidad fundamental de ciertas afirmaciones se basaría en la evidencia de la realización de ciertas cosas que habían sido previstas de antemano, lo que no quitaba que hubiese que encontrar las pruebas correspondientes.

Fue entonces que surgió lo del Juan Gris. Y como Madame Moeglin negaba la posibilidad de que fuese verdad lo que decía, le dije: “Me debéis Vaux Le Vicomte.” Se rió. “Tout de même pas Vaux Le Vicomte. (Pero no Vaux Le Vicomte …)” “Y qué más le da? Si no se cree lo que le digo.” “No soy quién para asegurar la realización de la promesa.” “Ah. O sea que puede meterme en una mazmorra con lo que digo y no puede hacer efectivo el canje de un acuerdo.” “Es mucha responsabilidad.” “Está usted actuando en nombre del estado, hoy. El estado reaccionará del mismo modo que usted. No se lo creerá. Y bien entiendo que no pueda asumir sola el trato. Pero igual que presenta esto, presente la condición del trato. Y si no estén de acuerdo, dígamelo de algún modo.” “Pero no habíamos hablado de eso antes.” “No. Pero hasta entonces usted se había creido todo lo que le decía. Semejante incredulidad bien vale Vaux Le Vicomte. Y además, qué le cuesta? Realmente le parece imposible que se haya escapado un Juan Gris de Beaubourg, hoy mismo?” “Sí.” “Ve? Qué posibilidades hay entonces de que me termine por deber Vaux Le Vicomte?” “Ninguna.” “Inclúyalo en el trato y no se arrepentirá, se lo digo.” Cerramos el trato con un apretón de manos, y eso aunque el Juan Gris terminase por no ser auténtico. “Yo no soy experta. Pero me parece que eso es una firma con lápiz.” Se reía. “Cuando lo encuentre tendrá que examinarlo usted ya que por suerte entiende además de litografías y esas cosas.” “Pero cómo sabrás que se ha ido de Beauboourg hoy?” “Porque lleva la fecha al dorso de una exposición. Parece una invitación.” “Y si no es el auténtico?” “Da igual. Lo milagroso no es que sea auténtico o falso, y bien espero que sea una reproducción, lo milagroso es que yo le diga hoy que se está yendo mientras estamos aqui sentadas tomando café y arreglando el mundo entero. Es eso lo que usted no se cree, – lo de lo auténtico o falso lo evalúa usted, yo no soy ninguna experta.” “Con lo que sabes, bien podrías saber si es auténtico o falso.” “Quizá, pero la dejaba a usted sin trabajo y terminaría por guardarme un infinito rencor.” Volvió a reirse. “Bueno,” dijo. “Si están de acuerdo.” “Necesitas de un decreto ley para hacer efectivo el canje y mejor se lo consigue ahora.” “Un decreto ley?” “Sí. Vaux Le Vicomte es propiedad del Estado. Hay dos posibilidades: el estado pone a la venta algunas de sus propiedades y pasa por todo el proceso legal o el congreso decide emitir un decreto ley que haga efectivo el trato.” “Y por qué no Versalles?” “Porque no me gusta. Ha estado en Vaux Le Vicomte? Es muy bonito.” “Un poco grande.” “Sí. Pero hacen falta muchas dependencias para el emperor. Y asi no tiene que irse usted a un país lejano con sol. Le dejamos una pequeña habitación en Vaux Le Vicomte.” “Cuanta generosidad.” “Es que tengo que pensar en todo. Imagínese después de 20 años en qué estado zarrapastroso estaré yo. Como para ponerme a reclamar por tratos hechos años ha. Alguien tendrá que hacerlo. Y no vamos a dejar sin su correspondiente pago al testigo y aval del trato.” Cosa que le pareció muy bien aunque insistió sobre el hecho de que lo de la casita en un país con sol le gustaba mucho como idea y que no desistía de lo uno por lo otro. “Bueno,” dije. “Para pasar las vacaciones. No se preocupe, yo se lo busco. Un apartamento, para qué quiere una casa entera si solo va a pasar unos meses ahí comiendo mangos. Sobre los 200 USD de alquiler. Hace 2.400 al año, porque habrá que pagar el resto también.” “Jamás encontrarás algo tan barato.” “Y caro es. Pero tampoco vamos a explotar al tercer mundo. Daría mal ejemplo.” “Con una terraza?” “Sí, por qué no. Y un jardincillo en estado desastroso. Y un gato. También habrá un gato. Yo lo pondré.” “No me gustan los gatos.” “Pues se le llenará la casa de ratones.” “Bueno, en ese caso …”

“Y asi, se encarga de cobrarle los 10.000 USD a Alejandro.” “Los 10.000 USD.” “Sí. Otro trato, surgido asi de las circunstancias. Sobre el que insisto, además. Pero de nuevo, no tengo a nadie que se encargue de cobrar. La dejo a usted heredera universal de la responsabilidad de hacer efectivos los tratos con su correspondiente porcentaje.” ” Y los documentos?” “Los de Gaucher? Esperemos a ver lo que hay. A lo mejor es una bolsa de pipas vacía. Vamos a hacer una cosa. Cuando todo se haya hecho realidad, yo le escribiré un correo sin saber lo que hago, muy afanada  para no aburrirme en sacar unos centavos de la puesta en subasta de un Juan Gris que casualmente me ha propuesto a la venta un señor de Cuenca, Ecuador, que mando a Sotheby’s que se aterra ante la idea de que los estemos involucrando en algún tráfico de arte y me acuerdo finalmente de que yo la conocía de algo aunque no sepa muy bien de qué, y le escribo para que evalúe el Juan Gris. Más o menos en ese momento, empiezo a acordarme del resto porque tengo que hacer un enorme esfuerzo para formular el correo intentando recordar su perfil. No sea que me conteste diciendo que no sabe quien soy. Entonces no sé lo que pasa pero usted decide venirse para acá, en fin para allá, para analizar los documentos y evaluarlos, ver el apartamente, a ver si le gusta, y eso trae haberle dicho a Alejandro que si no hace efectivo el pago, acaba en una mazmorra por incumplimiento. Usted cobra y se paga el viaje con ese dinero, y me da el resto, teniendo por parte de comisión el pago del viaje.” Se quedó pensando. “Espero que tenga algunos centavillos para poder hacer el viaje.” Sí, pero cómo se cobra por su trabajo? Acaso no empezó todo con que el super splash le negaba la comisión a Anne Hélène?” “Es cierto. Pero tú lo haces todo gratis.”

“Yo, Madame Moeglin, estoy en una dimensión de la realidad donde la interacción financiera todavía no se ha cobrado sus derechos. Pero ve, está empezando. La interacción con un Juan Gris abre inmensas posibilidades. Las finanzas se acuerdan a las estructuras generales que las ordenan. Las que ordenan las mías están más suspendidas de un accidente que de otra cosa. Y como accidentalmente usted no se cree lo del Juan Gris que accidentalmente está saliendo de Beaubourg, es accidentalmente que se puede hacer efectivo un trato en su formulación adecuada a la realidad en la que yo me encuentro.” “Es un robo?” preguntó, finalmente algo preocupada. “Pues no lo diría. Para aparecer tan accidentalmente entre tanto accidente, debe ser un accidente. Claro que también hay gente que es tonta por accidente. Del estilo, como en el libro de tal dice que el original está en Dijon, va cualquiera y dice que eso es una copia, aunque sea distinta, aunque esté firmada, aunque no tenga nada que ver y sea una litografía al final.” “Puede ser,” dijo. “Ya es demasiado tarde si lo quiere recuperar. Pero ve, todo se resuelve. Es que Anne-Hélène parecía tratarme de boba por hacer todas esas cosas por nada, pero cómo decirle que si no hay coincidencia entre el modo de hacer y el modo de cobrar, no hay manera de cobrar al final. No se preocupe, yo se lo encuentro.” “Pero es que no van a tomar por idiotas en el mundo entero.” “Usted diga que era parte de una apuesta. El estudio de los elementos aleatorios dentro de los sistemas y esas cosas.” “No, es que me da lo mismo. Pero serán idiotas.” “Saldrá usted como brillante si encuentra el modo de encontrarlo.” “Pero si quien lo encuentras eres tú.” “Y usted la única a fiarse de mi. Si eso no vale su reconocimiento.” “Pues va a costar una pasta recuperarlo.” “Que paguen, los del estado, los que contratan a cuatro payasos por conveniencia que no tienen ni idea de nada. Eso. Multazo. No vamos a dejar al hombre ahora sin sus centavos con la ilusión que le hace.” “Lo conoces?” “No. Lo veo desde aqui, desde mi bola de cristal. Ya verá, es muy simpático.” “Pues nos podría hacer una rebaja.” “Y a usted donde le pica. Ni quiera la administradora general de las finanzas del estado. Al contrario. Usted insista en el aspecto de castigo ejemplar y esas cosas, yo, me aseguro un 30% de la venta, y tenemos para pipas y caramelos. Cuanto más suba usted, más se lleva.” “Eso no se hace.” “La que terminará a dos velas al final, es usted. Bueno, usted haga moralmente lo que tenga que hacer y luego ya veremos.”

“Y los documentos?” “Los de Gaucher? No se haga demasiadas ilusiones. Eso es casi del orden del malabar, para que los consiga. Si empiezo a buscar y parece que me interesa, puuf, los quemarán antes de dármelos. No sé. Tendría que venirse mi padre al país soleado aquel en circunstancias en las que se encuentre en mi casa para que lo que se traiga sea mío y no recaiga sobre herencia. Buuf. Muy complicado me parece eso. Claro que como es una esponja. Si llego de Francia con su estructura lógica y voy a verle y se devora su presencia, transformará este plan en un plan suyo y se vendrá. Es posible.” “Podrás?” “Qué no haría por la intendencia de mi fortuna.” “Y nos harás una rebaja?” “Depende para quién sea. Si es para la Bibliothèque Nationale esta, bueno. Pero me puede engañar como a una china. Yo qué sé lo que vale eso. Y viene usted con aires eruditos y dice: 2.000 USD y yo le diré que sí, aunque me diga 500. Yo qué sé.” “Habría que evaluarlo.” “Eso es lo que digo yo desde el principio. Ya veremos. Pero solo me engañe si luego se lo revende a la BN por el triple. Cobre la tasación, por lo menos. A usted por qué le interesa eso?” “Es patrimonio nacional.” “Ya. Mal hace en no decirme lo que valen y cual es su interés. Porque si yo en mi despiste me pongo a sacar las cosas y escribo un libro y resulta que hay cosas que hay que guardar secretas, cómo lo sabría?” “Es secreto de estado.” “Hmm. Hasta ese punto. Pues no me lo podrá decir entonces. Pues vaya gracia. Lo que le digo, se avecina un desastre.” “Pero tú lo sabrás.” “Yo? Yo no me meto en secretos de estado. Para empezar. Y para seguir, estaré intentando poner las cosas en su sitio. Si veo bien desde aqui, en ese momento lo secreto me parecerá público y lo público secreto. Y me diré, qué divertido, un papel por aqui, otro por allá, y los ponemos todos en el internet ese que viene, y yupi, y ustedes poniéndose cada vez más blancos y más blancos, cogiendo el borde de la mesa con los dedos, y más blancos todavía y no habrá medio de evitarlo. Luego escribiré un libro, se lo mandaré a 15 personas, se enterará hasta la señora M, la Natasha tendrá sus medios para obtener un ejemplar, un desastre, lo que le digo, un desastre. Y usted: ‘Villana traidora, es que uno ya no se puede fiar de nadie.’ Se lo digo ahora para que me lo perdone después. Mire, le voy a decir una cosa. No se meta en esto. Usted es profesora de filosofía y trabaja unas horas en la BN. Si usted me dice que eso es secreto de estado, debe haber 300 buitres detrás de ello. Y peligrosos. Además, lo que contenga o relacionado, debe saberse en algún sitio y siempre hay gente para aprovecharse de las circunstancias. Es sutil, el asunto. Ya sé lo que hay. Un pasaporte. Me lo dijo mi padre poco después de fallecer aquel. ‘Que le había dicho el señor Gaucher que con un pasaporte podía hundir la República.’ Y como mi padre nunca se enteraba de nada me preguntó a mi, fíjese, ‘cómo se podía hundir una República entera con un pasaporte.’ Entera, además. Le dije que tenía que ver los papeles.” Era obvio que Madame Moeglin, que no había ido a la escuela de BRIAM, no sabía de lo que se trataba. “Se puede hundir una República con un pasaporte?” preguntó aquella algo asombrada. “Hm. Si es el fruto de algún chantaje. Quizá. Pero lo que hunde la República no es el pasaporte, es la documentación que se utilizó para obtener el pasaporte.” “Qué sería?” “No lo sé. Quizá Miterrand era miembro del gobierno de Vichy, o algo asi.” “Y por qué quería el señor Gaucher un pasaporte?” “Porque lo condenaron a muerte y era apátrida.”

Me quedé pensando.

“Deje las cosas así. Aqui hay un mierdero de tres pares de narices y no se puede seguir dándole vueltas a la madeja. Tiene que llegar un momento en el que se digan las cosas como son. Tal cual. Ya veremos lo que hay, pero desde luego no creo que se les pueda hacer mayor favor que el que una amnésica empiece a sacar papeles de una caja y vaya poniendo sus reflexiones en un sitio público para que cada cual saque sus conclusiones particulares. Claro que perderá valor la documentación. Pero si se la llevasen por esas razones, no se la daría. No me gustan los secretos, y no me gusta es que se le esconda la verdad a la gente porque luego pierden las referencias. No se los daría ni por un millón de dólares. No se meta en eso, es demasiado peligroso. Y le voy a decir otra cosa: no se lo va a creer nadie. O quizá sí, pero les vendrá bien. Porque la gente intuye lo que hay y se enfada porque tiene la impresión de que le están escondiendo las cosas importantes. Déjelo asi y dígale a su primo hermano que no tiene usted la habilidad de gestionar estos asuntos. La pueden matar, sabe? No es un chiste.”

“Y tú, cómo sabes todo eso?” “Yo nací en un complot y se aprenden muchas cosas cuando están empujando a gente hacia las estrellas sin cohete, además.” “Y qué posibilidades hay de que salga ese complot?” “Hm. Depende. Es que no es que salga, es que están ahí con sus presiones y sus chantajes y compra este y compra aquel, no dejan respirar a la gente. Ah. Qué pesadez. Sabe una cosa? Si la Bundesrepublik esa pudiese al menos poner fin a tanta estupidez, la dejaría donde está. Pero no. Dos zanahorias por aqui, tres melones por allá, y empuja y mueve que no hay modo de discernir lo que pasa. Fíjese, hasta la Casa Real Española, opina. Dijo mi madre. ‘Que la Casa Real Española apoyaría la moción de mi hermano.’ No te jode. ‘Y qué tiene que decir la Casa Real Española en asuntos de Alemania?’, pregunté de un mal humor que si no le salté la cara es porque me enseñaron a respetar a las madres. No te jode.” “Y la apoya?” “Ah. No tengo ni idea. A lo mejor se lo inventó o se lo dijo la que limpia los zapatos del jefe del protocolo, me entiende. Por el momento tienen a la poya floja esa en Berlín, muy bien situado. En cuanto cambiaron la capital de Bonn a Berlín hizo las maletas. Que haga lo que le de la gana, me dirá, pero no le partes la cara a la señora esa. Qué hace el mamarracho ese con aspiraciones. A qué? A que lo mate el Hanover? No me jodes, coño, decimos que estamos locos pero es que esto ya.” “Y no saldrá?” “Los complots de las mamarrachas, pues no. Es que mi madre me ha dicho. No te jode. Y quién es esa señora. Para decir nada, ya. No están las cosas como están para andarse con tonterías. La mierda. Se lo voy a decir en dos palabras para que tenga una idea: Alemania no existe, me entiende. Es una fantasía, una teoría de cristal. Han perdido todo el territorio y la soberanía con la segunda guerra. No hay nada. Es un artificio lo que ha salido después. Un champiñón halucinógeno, además, y no me estraña que exista el riesgo de que les tiren dos toneladas al Rin por evidencia, digo yo siempre. Qué haces con eso? Estamos para apoyar mociones, de qué vas, de qué hablas? No hay identidad de la nación, es un caos, lo que digo, una camisa de fuerza lo que tienen puesto. Y qué, estamos solos en el mundo? No se enterarán Rusia, los EEUU, Inglaterra de tanto apoyo a la imbecilidad? De qué te metes, digo, eh, de qué? Y si tu apoyas una moción, el otro apoya otra moción y el otro apoya una moción más. Eso es una guerra civil sin fundamento. Un suicidio inducido quizá, que a lo mejor es lo que quiere la señora esa.

Linajes hay muchos y mas preponderantes, pero no es ese el problema. Al perderse la soberanía de la nación, se replegó. Se puso ahi una posibilidad en mi abuela: le dijo, señora Baronesa, para usted el muerto, no hay otra cosa. Qué quiere decir eso? Que recaemos sobre la identidad tribal, matriarcal, el ámbito simbólico y psíquico histórico a ver si ahi se encuentra algo que explique lo que ha pasado  y se vuelve a reconstruir la identidad de la nación que permita recuperar la soberanía. Qué payaso ni qué payasa? O meteremos a las bolas ahora también en las estructuras matriarcales? Es que no lo entiendo, dios santo. Mi abuela es de segundos, que van al segundo, que pasa a mi. El mero intento de saltarse lo único que queda, es decir, lo que surje de la tradición, de la costumbre ancestral, para empujar a poyitas a lucir trajes en vaya usted a saber donde es un atentado contra la soberanía que queda.

Hágame caso. Pero le doy ejemplo. Mire como toda la información concerniendo cualquier posibilidad de agresión sobre Alemania, está en mis manos, sin yo buscar nada. Las mías. No las de mi madre y su Castillo de la Mota, no las de mi hermano y sus bolitas, no las del gobierno. Las mías. Si yo hoy digo, esto, se hará, y si digo aquello, se hará también, porque soy el último resguardo de la identidad de la nación alemana. Le voy a decir una cosa, y por pueba. La llamo intendente mía para Alemania. Haga lo que quiera, diga y se hará. Ponga a este acá y a aquel allá a sus francesas maneras, y se hará porque lo digo yo.”

“Y tú, porque no asumes tus responsabilidades?” “La responsabilidad de qué? De poner fin al champiñón? Ya lo estoy haciendo. Le voy a decir una cosa, nosotros somos godos. Somos 327 del linaje antiguo, asi, como mucho. Las responsabilidades de esos 327 es la de gestionar a 80 millones de personas que hacen esto. Yo, muy digna sucesora de mi abuela, hago un plan económico para Neu Schwanstein, un castillo encima de la montaña, enorme, mas poco rentable que yo misma, y lo pueblo de osos y caballos, fábricas artesanales de esto y aquello, alquilo habitaciones, no sé, se vuelve rentable. Vienen aquellos, mis primos los germanos, oyen de que algo se ha dicho, y lo hacen. Ponen un muro alrededor del terreno, compran las bestias, ponen las fábricas y dicen ‘ya. Lo hemos hecho nosotros’. Y dices, bolas, habéis hecho, qué? Lo que os han dicho? Lo que ha pensado otro? Qué prevalece, lo que ordena o lo que sigue órdenes? Porque aun robando, soy yo quien ordeno. Y toda la vida asi, desde hace siglos.

No me jodas. Mire esto. Mañana tiran 2 toneladas de champiñones al Rin. Se acabó la Germany. Y vas y dices, pues, construyamos una torre, despistemos la atención, destruyamos la torre para que desaparezca el arsenal. Das a cambio, negocias, dices: dame esto y yo te curo de aquello, que te va a matar a ti también y yo tengo los medios. Pasas 20 años en el vilo de la nada. Te matan siete veces, y no mueres porque eres gato, lo consigues. Y te dicen: ‘Ha hecho algo en toda su vida?’ Yo lo siento pero, qué? Te vas a poner en algún sitio para que te tiren huevos podridos. Para que los haya que apoyan la moción de mi hermano. No me jodas. Que se jodan si no saben lo que quieren. Si les gustan las bolitas de mi hermano, que es todo lo que tiene, por cierto, pues que las pongan en un museo, qué quiere que le diga.”

“Y por qué lo haces?”

“Porque somos godos, Madame Moeglin. Es eso lo que estaba viendo estos días. No hay nación y yo me debo a mi tribu. Que asocies tu persona a la masa aglutinada de gente que tiene el mismo pasaporte puede ser un accidente. Pero puede que no quiera. Si yo encuentro lugar donde dejarle descendencia a mi abuela, a quién le debo? A quienes me niegan hasta el aire o a quien me dejó un espacio? A los segundos. Hago uso de lo que tengo, hago imperio y te lo doy. El emperor es francés porque yo puede que tenga un pasaporte alemán, pero la hija de Inès de la Fressange tiene uno francés.” “Será francés?” “Lo es. Se lo acabo de decir y mi palabra rige.” “Y no se irá el niño a Neu Schwanstein?” “No desprecie la arquitectura germana. Puede que no. Eso es lo que veía. Le debo vida a mi raza y mi raza se acopla muy bien aquí. Qué asco, dios. Llevar mil años de historia sobre las espaldas para que salga algo mal, verdad, cuando ya tenemos la suficiencia de gobernar pueblos y decir que fueron ellos. No te jode. Por eso solo. Mira eso. Eso era esa gente. La sutileza de la solución sobre la nada. Que se jodan. Yo no le debo gobierno a nadie porque muchos viven bien cuando se gobierna bien. Y a mi no me agradece nadie nada. Quédemonos aqui. Con un pequeño emperor godo en Vaux le Vicomte. Qué le parece? Representativo, me entiende. Una imagen de algo milagroso que sucedió en un momento dado que se recuerda a través del linaje, en herencia, y le devolvió las ganas de vivir a la gente. Y se llama emperor. Ala. Se le pone un protocolo que simbolice como en relaciones toda esta increible historia, se representa una vez al año, o dos, se ve de vez en cuando algo que se refiere en la televisión para que la gente lo guarde como referencial de identidad y ya está. Recuperan la soberanía ustedes también. En fin, solo ustedes.”

“Y qué dirían los otros de tan maravillosa idea?” “Inglaterra? Podría estar de acuerdo. Rusia? Podría estar de acuerdo. Alemania? Está en sus manos y que se mueran de envidia. España? Nos importa un carajo. Que sigan apoyando sus mociones. Y yo las mías, claro, ya que no respetan. No creo que tenga mucho impedimento. Porque no altera el orden político y hay otros tipos parecidos. Inglaterra se sentiría bien porque no se queda tan sola con su monarquía. Dejas las democracias en su sitio y solo estableces un puente de relación. Quedan los EEUU. No creo que opongan si asiente Inglaterra. Es posible.” “Y Alemania?” “Que se quede en sus manos.” “Es que son muchos y me voy a cansar.” “Ya. Eso digo yo también. No sé, ya veremos. Con la cesión que he hecho hoy, los dejamos un poco colgados. Porque si trasladamos el emperor hacia las dos naciones, se funden, que es lo que está pasando y ahi puede que hasta Inglaterra oponga porque se le haría muy grande esa masa de ahí en medio. Quizá necesites una generación más. Dos hijos más. Y mandas uno para Alemania y separas la referencia. No sé. Me lo tendría que pensar. No es fácil. Hoy, con esto, pones a Alemania en completa dependencia de Francia. Por bastardos y se lo merecen. Y qué más nos da. Di. Claro que pesa mucho gestionar las cosas del vecino también. Mejor se arruinan solos.”

“Y no sabes cómo resolverlo?” “Por ahora, no. Pero ya se me ocurrirá algo. Voy a disolver mi aristocracia femenina y dejemos al emperor en Francia en latencia, y yo, habiendo resuelto todo eso, me quedo latentemente también en algún sitio.” “No gobiernas?” “Lo representativo nunca gobierna. Quizá restructure mi concepto pero necesito un consenso.” “Y haces tu aristocracia y la disuelves?” “Y por qué no. Habiendo obtenido el reconocimiento, queda el emperor de modo hereditario. Para qué quiero a la aristocracia? Para deberles algo? Es un decreto ley porque no hay cuerpo constituido. Una firma, y ya está. Lo difícil no es eso. Ya veremos. Además tenemos que saber qué hacen del otro lado del Rin. Hoy ganamos una guerra contra Alemania. Si hace falta … Yo a los míos no los traiciono y habitaciones hay en Vaux le Vicomte para unos cuantos godos más. No le debo nada a nadie más. Todavía me suena en los oídos. ‘Alemania la hemos hecho nosotros. No los que vienen del extranjero.’ Pues que la deshagan ellos también. Me importaría?”

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El planing

Había que poner un poco de orden en todo por lo que Anne-Hélène decidió preguntarme un día, cual sería mi planing personal. “Tenemos que conseguir llegar a un punto en el que podamos hacer la película, es nuestra única finalidad. Todo lo que suceda antes no es nada más que un preparativo para ésta.” “Antes de llegar a la película, me gustaría saber qué vas a hacer con tu tiempo porque hay que ordenar el contenido de la película con respecto a lo que haga el héroe super estrella.” “Menos. Yo me iré a Jerusalén, si llego, iré a buscar a Tula, ordenaré el tiempo según alguna cosa que se me ocurra por el camino o lo que suceda, agravando la situación dependiendo de las circunstancias, volveré unos diez años más tarde, la torre implosionará, atraparemos al monstruo y saldré corriendo a algún lugar donde haya sol. Tendré que restructurar mi mente durante largos años y me pondré a escribir la historia justo cuando hayan dado orden de captura a la policía internacional por ruptura de contrato. La idea es muy sencilla: llamar la atención del monstruo diciendo muchas cosas del estilo que alguien sabe que sabe demasiado y provocar su reacción que le resultará más simple si estamos en medio de Capadocia. Podré estudiar sus métodos de agresión, su química, su modo de pensar y estructurar lentamente la vuelta. La cuestión está en que no está ella sola. Hay otra por ahi suelta y tengo que tener cuidado de no confundir las hipótesis. Pero bueno, eso es lo mínimo.”

“Bueno. pero no vamos a hacer una película donde estemos las dos hablando a todas horas.” “No. Por eso le he puesto un par de ingredientes más. Sobre todo si quieres interesar a Hollywood. El cine francés es más blabla silencioso donde nadie nunca termina por enterarse de nada y podrías hacer una película donde se ven dos personas hablando, solo por gestos, sin que se oiga nada en la plaza de la Sorbona, viéndose palomas ir y venir durante una hora y media, y ya, que cada cual concluya lo que quiera.” Puso cara de mucha desolación y dijo que podía mejorar el cine francés de aqui a entonces y que además tampoco era tan mala la idea de las palomas. “Como quieras.” Continué. “Pero por si cambiase el cine francés hasta entonces o te decidieses por Hollywood, le he puesto los rangos y los aditivos necesarios.” “Te escucho.” “Necesitas una trama central. Desde el punto de vista conceptual, el cuadro general que determina el desarrollo de la trama, sería el de mostrar la tensión entre un cuerpo de leyes o estado y los pretensiones siempre abusivas de algunos. Llevamos la cosa hasta un extremo y tenemos unos cuantos, en la sombra, medio bailando entre el ejército y la escena política, que usan de todo tipo de aberraciones para controlar la situación mientras se guardan gélidamente las apariencias. En eso, empiezan a producirse graves violaciones de la ley incluso de parte de gente que pertenece al mismo estado, administraciones, hospitales, universidades.

Ese es el punto de partida. El comienzo se sitúa cuando a ti te pasa lo que te pasa y decidimos entre los unos y los otros hacer de ello una cuestión filosófica y desarrollar un plan de combate racional, por prueba de que la razón puede siempre con la sinrazón. Abogaría por un juego sutil entre el aspecto Scoeux, una especie de servicio de contraespionaje más popular, menos estatal, menos organizado, pero con sus medios, – la technology siempre atrae -, sus micrófonos, sus grabadoras, etc. y sus botellas de coñac, sobre todo, en relación con un grupo de estudiantes y profesores de filosofía, de tal suerte a que se descentralice la información. El uno sabe una cosa, el otro otra, el uno conoce a tal, el otro a cual, y se montan tres ejes centrales dentro de la trama: la torre, el mensajero alado y la loca esta de Angers o de donde sea. Lo que de modo un poco abusivo, termina por llevar a un punto cúlmine, que son los efectos especiales de 2003, vamos a decir, o 2004, si te parece mejor.

Claro que luego lo compones. Empiezas con alguien que está sacando unos papeles de una caja y se pone a escribir una historia en internet y empieza a suscitar reacciones violentas de una parte y de otra, y la vida privada de la gente y las denuncias públicas y no sé qué y van en tromba al procurador general o como se diga, y éste saca una carpeta de un archivo muy empolvado donde pone: “Ejercicio teórico número 3.498.” Lo hojea y le hace un gesto a un agente y le dice “Llévese esta gente a una mazmorra.” Se los llevan a todos y este se levanta, se va a la ventana, pone los brazos detrás de la espalda y murmura: “Terminaron por venir, finalmente.” Y sonríe de un enigmática sonrisa.

Introducción. Qué ha pasado? Aparece el cartelito con el año: Paris, 1991. Aunque no me guste, tienes que aprovechar todos los factores. Un descendiente de una vieja familia germana, perdón, goda, llega a París con cara de mucha desesperación haciendo sutiles investigaciones y estudiando filosofía. Al mismo tiempo, una Anne-Hélène está toda feliz de haber aprobado todos sus exámenes de mucha inteligencia, insistes un poco sobre el aspecto bretón y Merlín y esas cosas para ubicar a la gente, y se instala en la Ecole. Luego tienes a un Alejandro que está aburrido haciendo lo que le dicen sus padres y no sabe muy bien qué hacer de su vida. De vez en cuando se ve por la tv que una Frau Fressange se acaba de casar. El señor Dumas, que decidimos poner en la película también con Madame Moeglin, y eso sin pedirle permiso, tiene una relajada vida filosófica, se va a subir al pico de una montaña de vez en cuando, se fuma un cigarrillo, se va a Londres a investigar lo de la lógica simbólica, mientras Madame Moeglin tiene una vida más retraida aunque se la ve en alguna exposición en Beaubourg de vez en cuando. Y todas esas gentes se ven de vez en cuando con cierta indiferencia.

Los tres caminos se abren cuando yo te encuentro y decidimos que es hora de hacerle un nieto a mi abuela. Se desarrollan recetas de diversa índole, se hacen planings, se hacen muchos chantajes, sobre todo y se consigue un acuerdo un poco suspendido. Se ve que se abre como una perspectiva nueva e inesperada. Y precisamente, al mismo tiempo, aparece todo lo que pudiese amenzarla. Alejandro (hay que darle más papel porque sino le va a dar mucha envidia), es el que descubre lo de la sangre morada. El señor Dumas es el que descubre lo de los champiñones. La señora Moeglin se interesa por el trasfondo político en sus investigaciones personales: busca nombres ligados con la segunda guerra, hay cosas que no le suenan y no le dicen nada, etc. Nosotras desarrollamos medio en broma la idea de la torre y del super splash. Y del infante, claro. La señora Scoeux es encargada de hacer llegar las botellas de coñac a Grecia y sobre todo, de no proceder a ninguna sustitición de personalidad.

Todo salta cuando en el ir y venir de las situaciones a ti te pasan todas tus tragedias y yo contacto a la señora Moeglin. Esta tiene un hermano que es procurador, o algo asi, que es informado y este, a su vez, avisa al Ejército de tierra. Entre los unos y los otros, se desarrolla un plan para acabar con todo de una sola vez: los champiñones deben desaparecer si se causa un trauma psicológico a los constructores de la torre, la sangre morada se curase gracias a la búsqueda en los confines del horizonte de un remedio casi milagroso y el monstruo cae en una fina trampa tendida un poco por todos. Lo que caracteriza esta solución y a los miembros del club anti torre es que respetan la ley aunque hacen a veces muchos esfuerzos por acoplar la interpretación a las necesidades internas del proyecto.

Yo diría que necesitas como tres partes, a parte de la introducción. Esta primera, un poco ligera, desenvuelta, imprecisa, descosida, incluso. Como quien se permite poner una secuencia antes de algo que pasa después y cosas asi, ligeramente arremolinado, todo. Cuando se toma la decisión final, cada cual se dedicará a su vida. Como quien se concentra en su propio destino. Entonces pasas a la segunda. Por cuestiones de interés, la centraría en el mensajero alado, es decir, en París, mientras alguien en el fondo se pierde por las estepas anatólicas, habla con gente de razas muy raras, se ven pequeños champiñones y plantas que se encuentran casi casualmente, cosas raras que pasan, y eso mientras en París se hace un club de verdad, la señora Scoeux está tejiendo, muy castigada, unos calcetines para niños, la señora Moeglin desaparece en un sótano donde cierta gente en la penumbra come caviar y hace chistes muy malos con Jean Paul Gaultier, hasta que aparece un ruso de los Urales sobre 1998, sin que nadie se de cuenta. Esto da pie a que yo llegue de Grecia con nuevas sobre una guerra y apareces tú otra vez con el super splash y se tejen los trasfondos de la política internacional. El señor Dumas hace el enlace con el Ejército de tierra y se mantienen estrictas pautas de preservación del orden y las regulaciones. El procurador promueve el que se haga imposible que se infrinjan en exceso las leyes en los internamientos en los hospitales psiquiátricos. Sin que se sepa muy bien cómo, aparece una chiquilla rubia por 1999. La tv muestra el atentado contra Diana de Gales, el Twin Tower, el ataque de la Opera de Moscú.

Por cuestiones de seguir con el folclore, se ve a un godo viejo con sus ojos achinados, cuyos servicios de información particulares han sabido de algo que estaba sucediendo, en un viejo castillo, en una sala un poco desgastada, sentado a la mesa, siempre al lado del teléfono, a ver si llegan nuevas del infante, y si sí o si no. Y se desploma sobre su silla cuando finalmente era que sí, y nadie sabe lo que le pasa. Lo que mueve un poco a la Bundesrepublik que intenta comprender el nuevo idioma cifrado cuyo contenido sigue sin entender demasiado bien.

Y la tercera. Finalmente llega 2003 y yo me voy a Angers donde casualmente se encuentra todo el mundo (Es muy Hollywood eso). El señor Dumas tiene una reunión de urgencia con el Ejército que ha conseguido finalmente la información que localiza los champiñones. La señora Moeglin había apuntado en un papel que tenía una cita con un oftalmólogo en Angers en 2004, y va sin saber muy bien por qué, porque no tenía ningún problema en los ojos, pero como estaba en el planing, va. Anne-Hélène está visitando con Alejandro a su familia en Nantes y deciden darse una vuelta por Angers porque nunca había ido, y se lleva una cámara de video para grabar efectos especiales, dice, que se ha comprado al 50% con Alejandro, teniendo ella el uso por la mañana y él por la tarde. La señora Fressange ha sido invitada a una reunión del club anti torre para asistir al final de su existencia ya que se sospecha que la torre no implosionará. (Hay una secretaria que tiene unos misteriosos apuntes y recuerda de vez en cuando a los miembros del club alguna misión puntual.) Asisten la señora Scoeux con sus calcetines, aprovechando la circunstancia para regalárselos a la niña, el señor Jean Paul Gaultier, y se encuentran a la señora Moeglin por la calle que decide cambiar de planes por una vez en su vida y no va al oftalmólogo.

En un zoom un poco entrecortado, se ve a alguien que monta un negocio de páginas web, la tensión que sube, el día de los sellos, y una perpsectiva lejana muestra todos los efectos especiales tal y como fueron descritos por la árabe del hospital. El club anti torre un poco aterrado, Anne-Hélène le quita la cámara a Alejandro para grabarlo todo aunque era el turno de aquel, una llamada de urgencia en los cuarteles, y el teléfono que suena: “Y ahora qué hacemos?” “Destruyan el armamento químico,” dice el oficial. Se ve un fuego por algún sitio y la población de Angers en coma profundo, o casi.

Sigue un zoom sobre la situación de Angers, con Franck y Yanick y la Gazelle y todo aquello, la intervención de los bomberos, los hospitales, un asesinato y alguien que vuelve a salir a la conciencia en una ambulancia, y algún detalle de la estancia en el segundo hospital. Gente que juega a la petanca, halucinados que vienen, discusiones agriadas con la bruja, etc.

Lo que sigue se mantiene en un suspenso. La explosión de alegría después de la implosión de la torre y la destrucción del arsenal que a su vez ha causado la desaparición del stock de sangre morada es moderada por la conciencia de la generalización de la enfermedad llamada sipsi, sin que se sepa si ha sido encontrado el remedio ni si sobreviviré yo. Mientras yo salgo volada sin acordarme de nada, se denota una lenta restructuración de las cosas. La señora Fressange protesta por medio de su club anti torre que ha ganado muchos puntos y apuestas también, por lo que se puede permitir ciertos lujos, de todas las injusticias de las que ha sido objeto, revelando detalles por medio de internet. Se ve al procurador en reunión preguntándose ‘pero eso, puede considerarse prueba y fehaciente además?’, el señor Dumas ha conseguido con sus oficiales hundir la marina francesa en el silencio y va tomando posiciones en Saint Cyr y otros prominentes lugares. Se ve de vez en cuando a algún soldado con un cigarrillo sin filtro en la boca, diciendo: “C’est quand même bien, ça.” (Está bien eso.) La señora Scoeux ha sido encargada de la misión de encontrarme por la señora Moeglin que le ha dicho claramente que ‘o me encuentra o la mata, y gratis, además.’ Anne-Hélène y Alejandro están ya bastante despreocupados, felices con sus hijos y su oso de peluche, salvo que algo pasaba con los 10.000 USD. Había que hacer una película? Una inversión? Una operación de celulitis?

Gente desaparece. Un cuerpo especial elimina a los pih por la espalda. Eso era para darle un poco de emoción al asunto. Las instrucciones que se han dado en 2004 han permitido localizar a los tipos y son esos los que van desapareciendo poco a poco, igual que gente muy enferma de la sangre morada, hasta causar el pánico en la central del pih (solo se ven sombras, se oyen voces en off, luces a ráfagas, espectros que surgen de las configuraciones sobre el muro). Madame Moeglin ya tiene una lista con los sospechosos de haber tenido que ver con muchos crímenes de guerra y se la ve en su escritorio con una máquina de escribir del siglo XIII, por lo menos, esquematizar lo que resulta. (No le gustaban los ordenadores.)

Yo, que sigo sin saber a lo que me dedico, estoy escribiendo textos en internet, en inglés, en español, en francés. Y justo un día en el que acababa de escribir un artículo sobre un remedio milagroso para una enfermedad llamada sipsi, la chiquilla en Paris está jugando con internet y tras haber estudiado aproximadamente 347 a la velocidad de segundo para cada una, deja el internet parado en ese artículo. Y dice: “Maman, maman, il y beaucoup de vérités qui tombent d’internet.” Y arrastra a su madre hasta el ordenador que se queda mirando eso y dice: “Ala.” Medianamente informada de algo que sucedía, avisa a la señora Moeglin que pone en funcionamiento el herrumbroso mecanismo de transmisión de información hasta que llega al señor Dumas que por suerte no se encuentra en el pico de la montaña. O sea que se curan algunos.

La señora Scoeux ha encontrado a alguien que ya ha llegado a la casa del dr Serrano en Cuenca, Ecuador, con el pelo rubio, de unos 60 años, que se queda mirando algo con mucho detalle justo cuando llego yo. Precisamente. En la emoción general se le olvidó a la señora Moeglin de avisar a su hermano que tiene en su propio planing: ‘que sea acusada de todo la voluntaria del ejercicio en caso de incumplimiento de alguno de los puntos.’ No ha encontrado el remedio. Recuerda la implosión de la torre, la destrucción del arsenal, se saca un pañuelo para secarse el sudor de la frente y da orden de búsqueda. “Que se cumplan todos los puntos,” dice, secándose una lágrima. “Era simpático el personaje finalmente.” La orden se estrella con la obstinada insistencia del dr Serrano a encubrir al criminal que sigue sin enterarse de mucho hasta que un día, yendo de una cosa a la otra y de la otra a la una, se acuerda de ciertas conversaciones con Anne-Hélène. Y le manda un correo. “Ah. La película.” Se exclama. “No,” dice Alejandro, “los 10.000 USD.”

Es en ese momento que yo le mando un Juan Gris a la señora Moeglin, que le dice a la secretaria: “Elle est quand même efficace, Madame Scoeux” (Finalmente es muy eficaz la señora Scoeux) que no tenía nada que ver, por una vez, en el asunto, aunque se lleve todas las glorias.

Como la información aparecida en internet no parece suscitar reacciones en nadie, la central del pih decide que le es benigna la situación y van en grupo a ver al procurador para decirle que me meta en una mazmorra. Llaman del Ejército en ese momento para decir que se ha logrado la recuperación eficaz de 3.000 voluntarios en un experimento para curar la sangre morada. “Supongo que la receta es del ejercicio teórico número 3.498?” “Sí, señor.” Y se vuelve a ver como el procurador abre la carpeta, y da orden de que se lleven al grupo. Pero dice ésta vez: “Estaba en el planing.”

En la última escena solo se ve como Herr von Gotha consigue finalmente convencer a Inès de la Fressange para ir a Alemania y la lleva de visita a ver Neu Schwanstein. Evidentemente Anne-Hélène se apunta a la expedición y lo último que se oye es esta diciendo: “C’est quand même grand.” (Es bastante grande, finalmente.)

Ahí se acaba la película.”

Yo no escribiría el script. Estaría demasiado concentrada en recuperar la memoria. Y sería un rollo patatero porque, le dije a la señora Moeglin, ‘verá que realmente pensamos al revés, y de lo general a lo particular. Tres kilómetros y medio de meditación sobre la estética, los diamantes y la situación financiera en general, el cómo se derrocan gobiernos y consideraciones sobre el uso de la ley. Síntesis teórica y abstracta sobre un conjunto de eventos raros y muy poco relacionados entre ellos. Y vas para atrás y para atrás y para atrás y de repende te acuerdas de lo de Angers, de las indemnizaciones sobre todo, de ahí, vas a Anne-Hélène cuando estás en el hospital y de ahí a Madame Moeglin, que era la lógica por la que salía. Y se reconstruye todo desde el principio.’ Hará diálogos largos y enrevesados aunque no completos porque tampoco hay que pasarse. El cine no trabaja asi. Tienes que transformar todo eso en algo que tenga la suficiente acción como para no aburrir y donde el diálogo se convierta en imágenes sintéticas y significativas. Tienes 20.000 referencias a la relación Alejandro/Anne-Hélène y  a veces basta con comprarse una cámara de video para decirlo todo sin perder el tiempo demasiado. Los rollos patateros sirven para crear un ambiente que te inspiran el color de los calcetines, precisamente (eran rosas o azules, al final?), pues uno azul y uno rosa, porque la señora Scoeux no falta de humor, al final, y siempre tiene que salirse con la suya y basta con poner unos calcetines en dos colores para denotar eso sin perder demasiado el tiempo.

Anne-Hélène concluyó que eso valía más de 10.000 USD (las explicaciones) y le dije que no se preocupase, que ya se lo cobraría en su momento. “Ves. Es un aburrimiento poner a dos personas que vaticinan el futuro durante horas y horas. Pero es muy divertido que se mencionen dos cosas y luego alguien pone a una secretaria en algún sitio que saca el planing para recordar que debía pasar algo o lo otro y hace sus notas y apunta sus apuntes. Lo mismo para el proceso de búsqueda. Ahí 7 meses caminando a Jerusalén y años buscando champiñones, un rollo. Ahora, si la secretaria tiene en sus notas: ‘Llegada a Jerusalén, febrero 1993’ y se a alguien que sube la montaña con mucha felicidad, y lo mismo ‘Tula, 1995’, y alguien entra en una casa donde está aquella con un cuadro de Neu Schwanstein encima de la cabeza, relacionas una cosa con la otra sin perder el hilo general y sin perderte en largas explicaciones.” Anne-Hélène quería que los personajes fuesen los reales y le dije que no contase conmigo. La señora Moeglin dijo que prefería los libros a las películas y me preguntó riendo si retranscribiría los diálogos tal cual habían tenido lugar. “No le importaría?” “Hay algunas cosas un poco delicadas. Pero depende del tono. Si cojes solo todos estos aspectos humorísticos.” “No, no. Usted, lo siento, pero tendrá que hacer la vez de persona seria. Si alguien se entera de la juerga que nos traemos aqui. Hundimos hasta las Universidades, ya.” (Había tenido que hacerle un rápido diagnóstico con plan de futuro incluido para que no perdiese las esperanzas, lo cual había llevado de una cosa a la otra hasta que terminamos buscando una casa con sol en algún país lejano y arreglando los problemas de la seguridad social también. ‘No se preocupe,’ le dije, ‘yo le busco una casa asi en claro/oscuro, con un poco de humedad para que no eche de menos su tierra y vista sobre un río.’ Ahí es donde surgió lo del Juan Gris que, decía yo, ‘se está escapando en este mismo momento del Beaubourg’. Se moría de la risa. ‘Oiga, no se ría, que va en serio, y lleva la fecha de ésta conversación. Apunte, apunte, ya lo verá. Es el 29 de enero de 1991. No se lo cree?” “No. Eso si que ya no me lo creo.” Y no sé qué pasaba en ese momento con alguien que perdía todas las apuestas, o algo asi. “Pues yo se lo voy a mandar, porque lo que le digo es verdad. Y sé dónde está. O a dónde va. Ya verá. Usted no pierda el trabajo en la biblioteca y yo la vuelvo a contactar asi. Pero me lo quedo yo todo.” Y dijo que bueno que eso sí que no se lo creeía. No sé de qué estábamos hablando. Total, tenía que hacer una selección de los aspectos serios de las conversaciones para que se viese que había diferencias, y claramente, además, aunque fuese por causa de la edad, que eso también vale.)

La idea de la película terminó por gustarle. Sobre todo como método para despistar la atención.

Decidimos que era mejor colocar a Shiri en un sitio conveniente para que tuviésemos una directora y no empezasen los otros otra vez con los porcentajes y que lo habían hecho todo cuando llevábamos 10 años haciendo ensayos para los efectos especiales y estudiando el comportamiento natural aleatorio de la gente y la dimensión profética. No debía hacer gran cosa hasta entonces para no llamar demasiado la atención y sobre todo que no nos la robasen justo cuando nos hacía falta. No sin ironía, decidimos que Thomas Luntz, podía, si quería, hacer el papel de super splash, lo que le tomaría unos segundos.

O sea que Anne-Hélène era la productora. Shiri Tsur la directora y había que ver, quién hacía su propio papel. Decidimos que el señor Dumas seguro que estaba de acuerdo, la señora Moeglin se podría dejar convencer, ya teníamos a Inès de la Fressange, el señor Serrano, vamos, nos pagaba por hacer su rol, la señora Scoeux quizá se dejaba seducir con un par de calcetines o la amenazaba con revelar mayores datos financieros que surgirían de su correspondencia con ciertas gentes residiendo en España, el procurador haría un sacrificio por dios y por la patria  a petición de su hermana, o quien fuese, Franck seguro que aceptaba también. Salía muy barato, al final. Anne-Hélène quería hacer su papel pero solo si Alejandro también y yo, yo … “No, es que entiende. Tú tienes un rol muy pesado. Y si tenemos que buscar a alguien vamos a tener que pagar todo lo que nos hemos ahorrado en los demás.” “Te puede hundir la película o tengo que hacer muchos ensayos. Bueno, ya veremos, si consigues volver fotogénica mi achinada cara goda, tú sabrás lo que haces.” Gazelle fue puesta en su puesto tras haber sido seriamente advertida de que se convirtiría en estrella cinematográfica y que hiciera el favor de cuidar del protagonista no fuese que nos quedásemos sin película al final y del mismo modo, Anne-Claude Morlet y Yanick Allusse.

“Lo peor de todo,” le dije a Anne-Hélène, “es que hemos llegado a un punto en el que se vuelve sospechoso el mero hecho de querer guardarse en leyes. Capaces son de acusarnos de complot contra el estado aquellos mismos que complotan. Es peligroso. Mejor nos concentramos en nuestra película y no lo verán venir.” “Pero la haremos, después de tanta lección sobre el cómo hacerlas.” “Si dios quiere y las autoridades lo permiten. Esperemos que sí.”

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Con permiso

No sé lo que pasaría exactamente pero una cosa es cierta, al final pedimos permiso a una instancia desconocida para mi por si acaso pasaba algo. No sé que receta encontré aquel día pero convencí a Madame Moeglin de que era una responsabilidad demasiado grande para un grupúsculo anti torre y que había que encuadrar todo eso dentro de una estrategia a mayor contenido de legitimidad. “Si me pasa algo y me quedo sin habla durante tres semanas y me acusan de todo, no podré ni tan siquiera defenderme. Hay que pensar en todo.” Madame Moeglin fue encargada de la misión de encontrar un interlocutor adecuado en alguna empolvada oficina y cuando me preguntó por qué ella, le dije que también era un cocodrilo, de esas familias antiguas aunque sin árbol cuya realidad se perdía en el tiempo y que seguro que se conocía todos los resortes de funcionamiento del aparato de justicia francés. “Nuestra hipótesis debe caber en algún sitio. ” “No sé si tratan con hipótesis en el palacio de justicia.” “Es un caso. Hay una denuncia informal concerniendo una serie de hechos que son difíciles de probar pero muy graves e indicios que indican que la situación es quizá aun más grave de lo que parece y la posibilidad lejana de encontrar pruebas de que algo sucede, posibilidad localizada en algún lugar muy concreto. Es un asunto de estado porque implica abuso de poder de parte de la autoridad, de cierta autoridad, que se presume tal, y existe la sospecha de que se esté haciendo experimentación química u otra sobre civiles que no han sido avisados de lo que sucede. Por otro lado, sabemos que hay alguien que se ha robado una teoría frecuencial en su aplicación sin tener los datos suficientes como para evaluar el posible daño que esto pueda causar. La cuestión sería de saber si la justicia consideraría un accidente que fuese un accidente conllevando una implosión de la torre como penal. Ambos casos están ligados aparentemente a una facción probablemente de un cuerpo del estado ligado a lo que parece a un servicio de información que está tomándose prerrogativas que no le corresponden y violando el orden democrático, lo que hace del asunto un asunto doblemente de estado y de muy difícil gestión.” “Y usted cree que yo puedo hacer algo?” “Si se acuerda de alguno de sus ilustres ancestros.” “Cómo Richelieu?” “Richelieu? Ustedes parecen más bien capecianos, germanos antiguos de los de Carlomagno. Los que se pelean siempre con nuestros godos por los lugares prominentes en Alemania. Pero digamos, Richelieu. Debe conocer a alguien que tenga como una misma perspectiva de ver y entender basada en la misma experiencia histórica que se apoye fundamentalmente en una serie de valores que se mantienen a través del tiempo aunque cambien en su forma y expresión, algo que refiera siempre a la identidad de la nación. Nos dará al menos una respuesta adecuada a la pregunta porque sería suicida el meterse en semejante aventura sin un respaldo social adecuado.” “Y en qué consistiría tu misión exactamente?” “La policía no puede tender trampas porque invalida una investigación. La justicia tampoco. Pero nadie dice nada en ningún sitio sobre la iniciativa personal o agrupada en un club anti torre. Dentro del cuadro social general que es el nuestro, a saber, que somos filósofos, podemos decir que hemos detectado focos de irracionalidad que se salen del cuadro de acción normal de la justicia y otros órganos, precisando de ese modo de una actuación que se pudiese llamar especial. Si nosotros no infringimos la ley en ningún caso y simplemente ponemos en funcionamiento una serie de estrategias que tengan por finalidad el que se revele la actuación de esas gentes de modo a recaer sobre un cuadro penal, podemos contar con el acuerdo de la justicia?” “De qué tipo de estrategias hablas?” “Podemos decir que en su mayoría, que a mi me pareciese rozar con lo ilegítimo, se trata de estrategias de inducción en error. Digamos que esta señora pitiplún es jefa de un departamento. No viene un paciente asi de la calle y se le confronta a un jefe de departamento. Pero si usted, digamos, manifiesta de modo reiterado que sospecha que estoy como una cabra y que habiendo oido hablar de las maravillas que hace la señora esa le daría mucha importancia a que si un día, fuese lejano, porque el conejo se escapa con facilidad, se consiguiese ponerme en sus manos, fuese ella quien tratase el caso, puede la estratagema invalidar parte de un proceso?” “No,” dijo. “La gente no se ataca a quien parece fuerte. Pero alguien que está solo, abandonado incluso por sus más fieles admiradores, acusado de locura hasta por sus profesores, es una víctima fácil para que se intenten sobre ella cosas que normalmente se evitarían.” “Pero yo no pienso que estés loca.” “Terminará por pensarlo, se lo aseguro. Pero tampoco hace falta que mienta. Yo digo muchas veces: ‘Está como una cabra esa señora,’ cuando algo me sorprende, incluso me parece valiente, decidido, arriesgado. No que diga que esté loca, pero usas la misma palabra. Y hay gente que eso se lo toman al pie de la letra. Me di cuenta con Anne-Hélène. Diga que yo digo: ‘es un muchacho’, cosa que puedo utilizar para una mujer, también, porque tiene como un aire, un modo de hacer. Si yo digo eso, Anne-Hélène cambia los tonos, y dice lo mismo y no es lo mismo. Cuando lo digo yo refiere a la cualidad del varón y cuando lo dice ella, refiere a la cualidad física. Y es ahí que la gente se confunde. Pero claro, imagínese que pasa el tiempo, se borran los recuerdos, – hay que pensar en todo – me pongo a escribir mis memorias y se monta un pifostio en algún sitio: alguien quiere prohibir la publicación de todo ello y hace algún movimiento legal. Y empiezan a acumular pruebas y dicen, hasta la señora Moeglin que es una persona muy seria decía que estaba loca perdida. Si hay una carpeta en algún sitio que dice ejercicio teórico nº 3.498, donde consta la idea en general, no se puede utilizar lo que yo he utilizado para encontrar pruebas en contra mío, sino mas bien todo lo contrario.” “Y de qué tipo de pruebas hablas? Porque tendrás que tener acceso a algún archivo.” “No, eso es espionaje y me puede costar muy caro sobre todo siendo extranjera y sobre todo en zona medio militar. O lo que sea eso. No, yo pienso que el mismo modo por el que se producen las cosas en la lógica y la coherencia del modo de exponerlo será suficiente para exigir una investigación que a su vez de acceso a los archivos. Además hay testigos.” “Y no valdrían esos testigos a solas?” “Contra un aparato fundido de civiles/militares/servicio de información y resguardo en la Iglesia católica, por decir algo? Los van a matar. Arruinarán sus carreras. Le quitarán el oso de peluche a Alejandro. Porque precisamente algo les han hecho que hace que su modo de decir o de actuar es un poco raro y será utilizado en contra suyo. Es más fácil de creer que hay dos personas que se han montado una película en la cabeza que de creer que haya un monstruo que está inyectando sustancias o haciendo operaciones conllevando un estado particular.” “Y si se están montando una película?” “Pues, fíjese, es posible también. De ahi la dificultad del asunto. Yo conozco a una persona. Yo. La oigo, la veo, la mando como Caballo de Troya de un lado para otro y termina por contarme algo. A mi me parece plausible dentro del contexto personal. No parece mentir. Pero eso proviene de una relación personal y ahi se queda.” “Pero deben saber quién ha hecho eso.” “Sí, lo saben. Pero es yo digo contra tu dices. Imagínese que mañana me enfado con used y digo ‘a mi me dijo esta señora que todos los judíos son unos asesinos’. Porque sé que le va a causar daño en su carrera, en su imagen, en su vida, en general. O peor. Que falsificaba notas de exámenes. Yo que sé. Si se le da crédito a algo sin una base fundamental, es decir, sin pruebas, está abriendo las puertas del infierno. Y qué, esa gente actuará a la ligera? Tendrán una hoja llena de datos que diga: y viene esta señorita en pleno estado psicótico, pegando gritos, arrancándose los pelos y no tuvimos más remedio que darle algo para tranquilizarla. Y pregunta usted: Y qué le dieron? Y te dirán Temesta, como sedante. Te van a decir que es algo que induce la esquizofrenia. Y si lo dijesen, un nombrio asi muy grandilocuente, qué sabemos de eso? Cómo probamos que induce una esquizofrenia? Es muy difícil. Y es muy poco verosimil. Qué hace la gente, volver loca a la gente porque sí? Dónde cabe eso?” “Y tú, qué harás?” “Yo? Canalizaré la furia de Anne-Hélène de tal suerte a tener suficiente material literario como para hacer de ello una novela que haga que se le pase la mala leche al leerlo, como le he prometdio. Asi se evitan los asesinatos, a veces. Yo sé que esa gente es indiferente a la justicia. Mire el juicio de Nüremberg. Ahi estaban, sentadicos, tan tranquilos, sumidos en un profundo y desdeñoso silencio. Les importa un pepino. Lo que aterra a esa gente es la razón, lo racional, lo que revela que su super inteligencia se ha quedado a los niveles de las ratas y los gusanos. El contraste, la evidencia, el saber decir las cosas por su nombre puede hasta inducir un suicidio. Yo podría considerar que mi tarea termina ahí. Lo considero una obligación moral. Pero hay dos cosas que me preocupan: eso es un fenómeno más generalizado que a mi entender incumbe al estado. Y esa gente es mucha y pueden acabar con mi vida después, de una manera o de otra, simplemente porque les he quitado una pieza clave en su jueguecito particular. Me parece muy bien el hacer tanto sacrificio por la racionalidad y la filosofía, pero supongo que llegará un momento en el que quiera ver pasar las golondrinas sin temer un navajazo trapero. Si se revelan ciertos hechos puede ser un incentivo para restaurar valores democráticos más fundamentales, siempre y cuando el estado actúe de por si y eso es algo que me gustaría ver, francamente, porque la situación general me parece desesperante.” “Pero tú eres más elitista.” Me reí. “Sí y no. No porque estimo que cada persona vale por ser persona y se merece el mismo respeto la una que la otra. Y sí porque los hay que son más listos que los otros y debieran apartarse un poco de los demás porque la diferencia siempre causa envidia y celos y de algún modo tienes que saber aprovecharte de lo que vale sin exponer demasiado su persona a la tontería de algunos. Hay gente más inteligente que otra pero hemos perdido los criterios para determinar la inteligencia y eso, muchas veces, es preocupante. Usted cree que llamaría inteligente a alguien a quien dicen que tiene una esquizofrenia y se lo cree? Yo no. No que no aprecie la inocencia: hay unas autoridades, unas gentes que lo saben todo, te fías, te lo crees y vives en una pequeña burbuja de felicidad que puede resultar muy agradable cuando tú sabes muchas otras cosas.” “Y no considerarías inteligente a alguien que es capaz de hacer un medicamento que induce esquizofrenia?” “A un asesino? Porque eso es un asesinato. Legalmente puedes perder hasta los derechos civiles con esos diagnósticos. Es un asesinato social. A mi me parece inteligente lo que preserva la vida, lo bueno, lo agradabñe, cierta inocencia incluso, esa misma inocencia aunque me cause mucha risa. A veces me acuso de no asumir nuestras responsabilidades, usted y yo y yo y usted. Y otros. Vivimos bien el fondo. Aqui hay un límite. Aqui una barrera. Aqui una señal de peligro. Tienes que pegar saltos, evaluar tonos de voz, equilibrar situaciones generales, rehuir una respuesta, evitar el peligro, en suma. Quién puede con usted y quién puede conmigo? Nuestra propia tontería. Y dices, no somos todos iguales? Pues que cada cual se las componga como pueda con lo que tiene. Y luego ves eso. Esos pequeños tontiluncios que se van a la gran ciudad soñando grandes sueños de gloria y éxito, un mundo color de rosa, brillante, feliz, y a la primera, toma zancadilla y bofetada y no saben ni lo que hacer: a qué justicia acudir, con quién hablar, de quién fiarse. A veces me planteo si no habría que empujar un poco las situaciones para ocupar lugares más visibles, más preponderantes, desde los que sea posible emitir señales que digan, no, no, no, eso noo se hace, y teniendo referencia, que cada cual haga lo que quiera. Pero hay gente que nos ha quitado el sitio: quieren ser referencias racionales y son monstruos. A nadie le enseñan en la escuela a dudar de las autoridades y se vive bien pensando que te puedes fiar de ellas. Cuando te topas con un monstruo, no sabes qué hacer.”

“Y tú, qué interés tienes en todo ello?” “Yo? Ninguno. Yo no estoy aqui por eso ni por nada, por cierto. Me gusta la filosofía y solo aqui había filosofía pura. Luego hay una serie de cuestiones personales que quería elucidar.” “Cómo?” “No suelo hablar de esas cosas y no me gusta el tema pero voy a abrirle mis cartas para que sepa al menos de qué van los tiros. Mi padrino era francés, un tal Gaucher, del gobierno de Vichy. Y mi abuela pertenecía a una de las familias más viejas de Alemania. Son dos puntos. Dos puntos raros dentro de las creencias generales concerniendo ciertos sucesos. La guerra, los exterminios, los fascismos. Algo me dice que hay muchas cosas que no se han elucidado. Que yo tengo datos en mi memoria, en mi inconsciente, sobre todo, que me permiten pensar que las cosas no son como nos las imaginamos en general. Ves las cosas de otro modo, fijas tus ojos en otras cosas: a mi no me interesan las chaquetas o las cruces gamadas. Me interesa la psicología asesina, el fondo del pensamiento que te lleva a cometer crímenes, crímenes de una sutileza a veces que causa espanto. Mantengo desde el punto de vista filosófico que la historia debe decirse como es para que permita detectar lo enfermo y criminal y que tapándonos los ojos solo encubrimos asesinos. Esa señora, la asesina esa, seguro que es hija o nieta de alguien involucrado en los asunto estos. Algo como Dartagnan, o Dartan, o algo así, no hay nadie que se llame asi?” “Darlan, quizá.” “Quizá. O quizá, no. Pero esa gente no se pierde y lo criminal se hereda y puedes tomar distancias hacia ello y puede que no y solo cuando la historia está bien escrita puedes intuitavemente hacerte una idea del modo de pensar de esos criminales y evitarlo. Entiende. Dices, se probó que Goebbels había hecho y dicho esto, no? Ese Goebbels tiene una lógica propia que se refleja en una historia, y dice ‘se pasaba la mano por el cabello y llevaba una camiseta roja’. Es como una señalización. Y viene una Anne-Hélène, a quien su madre le habrá contado todas esas historias y viendo a tal señora, dice, ah, la camiseta roja, y sale corriendo, no vas como un cordero al matadero porque la señalización corresponde con la que se transmite de una persona y responsable.” “Tienes documentos?” “Puede ser. Mi padre tiene. Murió hace poco el señor este y le dejó todo a mi padre que me ha dicho que hay alguna cosa rara pero no lo entiende porque no habla francés.” “Y los puedes conseguir?” “No sé. Es difícil. Mi padre es de otro partido y no somos muy amigos que se diga. Tenemos una guerra de familia ahi montada que parece, vamos, la de los mil años. Es una cosa rara. Mi abuela mantuvo el título pero era mujer. Los hay en la familia que mantienen que eso da derechos a los hombres y yo mantengo que no se llevan un rosco. Como además a través del Gaucher y esa gente se montó ahí una hipótesis casi imperial, estamos toda la vida a ver quien se lleva más migas o menos. Como yo nunca he estado de acuerdo, lo único que hago es combatirlos y no me encuentro en muy buena posición. Pero nunca se sabe. Hay tiempo. Si puedo, los consigo. Qué, los quiere para la Biblioteca Nacional?” Y me reí. “Depende de lo que sea.” “Le aseguro que alguna cosa interesante hay. No sea sino la love story con la Scoeux.” “Que es eso?” “Llegó un dia mi padre y dijo, ha venido la señora ‘Scoeux’, con un tono muy raro. Claro, muerto de celos. Y me hizo gracia el nombre y le pregunté cómo se escribía. Y dijo ‘S C O E U X, son muy complicados estos franceses.’ ‘Pero se parece al español,’ le dije. ‘deben ser espías. Servicio de contraespionaje unificado, por ejemplo, y la x de Asterix.’ ‘Espías,’ dijo me padre y le pareció muy gracioso. Hay tonos de voz, momentos, gestos, cosas que te dicen mucho más de lo que se dice. Y ahí pasaba algo. Si pasaba algo, debe haber algún documento. Yo vine por eso, también. Y hago mis preguntillas, mando mis caballos de Troya, veo cosas.” “Y qué te prometes de todo ello?” “La paz de mi alma. Eso de intuir un sinfín de cosas y luego oir todo el rato ‘ay, no, qué erudito ese señor Gaucher, qué simpático, qué agradable’. Y tú ahí pensando ‘qué asco y cuantos muertos tendrá sobre la conciencia’ y quisieras tener razón en lo que intuyes para decir, ah, qué descanso, pues sí eran las cosas, más o menos. Sabe quién debe saber algo de Scoeux? Inès de la Fressange. Tienen los mismos tonos de voz. Mi padre es una esponja, sabe? Viene alguien y se parece hasta en el nudo de la corbata. Copia la voz, el modo de hablar, los intereses, los gestos. Y de repente tienes una señora Scoeux durante tres semanas en casa lo que da para mucho estudio.” “Y quién es esa señora?” “No la conoce?” “No.” “Pues debe ser alguien relativamente conocido. No digo la super estrella, pero asi de pueblo, pueblo no me parece que sea. Y yo creo que tiene que ver con la sustitución de Charles de Gaulle.” “Con qué?” “Esto es del servicio de espionaje de mi madre, que tenían otras oficinas. Dicen que el Charles de Gaulle que apareció en la BBC de Londres no era el de verdad. Alguien puso ahi una marioneta, un actor y que se nota por las orejas.” “Tienes pruebas?” “Pues eso ando buscando. Por el momento, no. Solo sé que el general Catroux le puso la medalla a Charles de Gaulle, lo que, confieso, no es mucho.” “Y eso, estaría mal, o bien?” Preguntó. “Yo diría mas bien mal. Porque ellos sabían que eso era una farsa y encima se autocondecoraron para seguir con la farsa. No me inspira nada todo eso.” “Pero Maxime Catroux es tu amiga?” “Yo soy muy buena espía por tradición familiar.”

“Y qué harás con lo que descubras?” “Escribir un libro. Presentar las cosas de otro modo. Quitarme todo ese peso de encima de tanto murmullo y tanto silencio y tanta sospecha y tanta intuición.” “La verdad?” “La verdad es una palabra muy grande. Lo que yo vea. Lo que concluya, lo que deduzca. Por eso quería estudiar filosofía también. Para aprender a pensar racionalmente, evaluar pruebas, atribuir a cada cual lo suyo sin partidismos, sin prejuicios, neutramente.” “Se puede?” “Se puede intentar.”

“Y sois imperiales?” “Somos sobre todo del mucho cuento y del gato con botas. Tenemos algún primo hermano lejano que era emperador, Barbarroja. En el siglo XII más o menos. Hace mucho tiempo. Y supongo que habrá otros que tengan un linaje muy antiguo y sean descendientes más directos.” “Pero los emperadores no eran austriacos?” “Estaban en Viena pero venían del sur Alemania. De Baviera, de Schwaben, por ahi. Mi familia es de Suavia. Pero y qué?” “Y no tienes ningún proyecto político?” “De qué? De ponerme una corona encima de la cabeza y decir que viva el imperio? Pues, no, la verdad. No puedo hacer mucho con lo tengo aunque pueda salir alguna cosilla, puedes legítimamente fundar una aristocracia femenina.  Y con eso, si desfallece mucho el poder político, derrocar un gobierno. Pero para qué? Por el momento le estoy buscando descendencia  a mi abuela a ver si con mucho elucubrio logro restaurar la noción de identidad alemana. Yo pienso que el Imperio es ese. Pero puede que nadie lo quiera y se quede ahí, latente durante algunas generaciones, incluso, de por su propia presencia, destruyendo lo que hay porque no es acorde con la identidad general. Quizá queden 7 alemanes dentro de dos generaciones. Y un emperor, muerto de risa.” “Vas tener un hijo?” “Yo? Ni de coña. Qué voy a transmitir la sangre sucia esta que tenemos llena de fantasmas y espectros.” “Tenéis sangre azul?” “Eso parece.” “Y no estaría bien dejar un descendiente?” “Sí, pero que lo haga otra. Para que no tenga tanto fantasma que aguantar el infante.” “Y será de tu abuela?” “Seguramente. En fin, mío, pero descendiente de la abuela. El cómo se revelará cuando escriba toda la historia. Es muy complicado pero va por muy buen camino la hipótesis. Mientras los otros se afanan en la hipótesis masculina por obtener influencias, poder y dinero, sobornan, roban y matan en la más antigua tradición goda, yo hago un pensamiento que se ajusta a lo que hay y se lo dejo en herencia muy envenenada a Alemania. Toma caballo de Troya. Soy, aparte de vaga, muy malvada. A veces. Cosa de sangre, también.”

Y hubo un silencio. “Hay cosas que se saben. Otras que se intuyen. Otras que te dicen. Con todo ello te haces una idea general que tiene cuanto más consistencia cuanto más orden racional pones en todo ello. Yo sé cosas de modos muy raros. Casi surreales. Pero eso no existe. Y lo que sabes no puedes decirlo y se acumula en la conciencia y pesa y pesa. Me gustaría encontrar un cuadro racional en el que cupiese todo eso pero sin que se agite mucho la conciencia. Que haya lógicas que unen la intuición con la realidad, pruebas que aparecen para lo que presientes y que sea esa lógica la que tiene un heredero y no la sangre enferma.” “Está enferma?” “Para que se ponga azul, algo le debe pasar. Somos muy irritables, nerviosos, intempestuosos. Somos raros, pero muy listos cuando no nos salimos de madre. También podemos ser muy malos. Lo suficiente como para entrar en el hospital ese y salir vivos. Tiene gracia, asi tengo algo que hacer mientras tanto.” “No quieres un lugar preponderante?” “No. Prefiero las estepas. No es nada fácil éste proyecto. Me tendré que morir un par de veces, caminar sobre las aguas, bajar de la luna, sobre todo, tengo que aislarme, buscar un sitio solitario donde se puedan hacer muchas tonterías sin que te moleste nadie. Al final no me acordaré de nada.” “Te vas a enfermar?” “No queda otra. Hay cosas que sé, otras que no sé. Y mi erudito en la materia, la señora Tula, tiene conocimientos restringidos en lo que es la enfermedad contemporánea. A veces tienes que enfermarte para encontrar la salida y poder construir un cuadro general racional adecuado.” “Pero no te morirás?” “Un par de veces, ya le digo. Ah, eso de la muerte es tan relativo a nada. Esos fantasmas son muerte. Pura muerte. Si mi sistema desfallece, el orgánico, quiero decir, y se mete un fantasma durante un ratillo ahi pegando muchos saltos, puede que salgas andando un poco más tarde. Necesitas segundos, minutos, un fantasma aliado, tú misma como fantasma y le preguntas a Tula, oye, cómo se sale de aqui, y te dice, algo y tu entiendes otra cosa y ya, tiras para adelante. Un fantasma es una configuración lógica que se puede reconstruir. Hacer un fantasma de uno mismo – eh? y uhh, le haces a la petarda aquella, blam, y se le rompen todos los esquemas y haces lo que quieras, hasta implosionar torres.”

“Y qué haces?” “Una auto aformación de identidad, eso es lo que hago, con mucha hipótesis dentro para no aburrirme.” “Y podrás hacer todo eso?” “Vamos a decir que sí. No está en mis manos pero digamos que esas manos parecen estar de acuerdo con mis pretenciosas afirmaciones.”

Madame Moeglin volvería al cabo de unos días diciendo ‘que habían dicho si podía hacer todo eso.’ La miré, le dije “Están de acuerdo?” Dijo que sí y yo le dije que haría lo que había dicho.

La carta azul llegó en 2001. Sentí una inmensa felicidad aunque ya no sabía con qué se relacionaba. Pensé en Anne-Hélène, en Alejandro, en el oso de peluche y no le constesté. Si contestaba, significaba que desistía.

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